Al MinutoInternacionalPolíticaOpiniónSociedadDeportesEconomíaCiudadesPopCulturaSucesosLa Contra
Suscríbete
Opinión

Confirme que es humano

Escucha este artículo
0:00 7:42
Actualizado hace 2 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

Sugerir una corrección Política de correcciones de La Vanguardia
4 puntos clave Ver
  • 01Mi ratón clica en camas, cortinas o sillas, raudo en busca de las imágenes requeridas por Capt­cha.
  • 02Pero suele colarse alguna foto inquietante donde apenas se aprecia la cama, la cortina o la silla, y entonces la máquina duda de tu identidad.
  • 03Cada vez que me piden que confirme que soy humana siento un ligero cosquilleo, porque ya son más al otro lado, en el ejército de robots preparados para pensar por nosotros.
  • 04En ese sentido, resulta fascinante la reflexión de León XIV acerca de la infertilidad espiritual de la IA y la necesidad de desarmarla: de aquel “entre los pucheros anda el Señor” de santa Teresa al actual Dios de los algoritmos.

Mi ratón clica en camas, cortinas o sillas, raudo en busca de las imágenes requeridas por Capt­cha. Pero suele colarse alguna foto inquietante donde apenas se aprecia la cama, la cortina o la silla, y entonces la máquina duda de tu identidad. Cada vez que me piden que confirme que soy humana siento un ligero cosquilleo, porque ya son más al otro lado, en el ejército de robots preparados para pensar por nosotros. En ese sentido, resulta fascinante la reflexión de León XIV acerca de la infertilidad espiritual de la IA y la necesidad de desarmarla: de aquel “entre los pucheros anda el Señor” de santa Teresa al actual Dios de los algoritmos. Estos días, millones de españoles saldrán a las calles para sentir de cerca la presencia de un Papa que hace teología de la ingeniería informática. Un Papa en el centro del debate, exigiendo un código moral riguroso a quienes lideran la IA convencidos de que las máquinas son superiores a los humanos.

 
Andreu Esteban

Tras la covid, pregunté a Antonio López, como maestro del hiperrealismo que es, si la vida se había oscurecido. “Mucho –respondió–. El arte de nuestra época es muy sombrío. El ser humano ha convivido siempre con la desesperación, pero nunca como ahora se ha trabajado tanto. Hoy parece una obligación referirse a esa parte oscura”. El artista que mejor pinta la fugacidad de una rosa subrayaba el adjetivo sombrío, que tanto deseamos sacudir de nuestras vidas, pues nada bueno trae sino gravedad y tristeza, el extremo opuesto de la claridad y la menta fresca.

Los españoles saldrán a las calles para sentir de cerca la presencia de un Papa que hace teología de la ingeniería

Las referencias a la luz son hoy constantes en todas las latitudes, como si quedarse a oscuras fuese, más que una metáfora, un apagón real de expectativas. De las personas risueñas y afables se dice que son “seres de luz”, no al modo espiritista, sino con admiración a su bonhomía. “A la gente buena se le ve enseguida la pena”, oí decir a otro pintor, Xavier Hernández Arnau –sobre su reciente exposición Ofelio –, que atravesó etapas sombrías en que perdió los dientes y se vio obligado a frecuentar los comedores sociales berlineses.

Mientras continuo confirmando que soy una persona capaz de distinguir motos de árboles y señales de muros, el verano ha anticipado su luz cegadora. Y sí, todo lo humano empieza a parecernos ajeno, incluidas las sombrías cloacas del Estado.

Joana Bonet Camprubí
Joana Bonet Camprubí
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.