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John Carlin
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Mundial en MAGAlandia

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Actualizado hace 16 h Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01En la FIFA ya es costumbre elegir países parias como sedes de los Mundiales.
  • 02Yo quiero pensar que se trata de un impulso bondadoso de parte del  capo di tutti capi  de la FIFA, Gianni Infantino.
  • 03Vean qué bonito el gesto que tuvo con el  infantiño  de la Casa Blanca.
  • 04Nadie le quería dar aquel premio por el que tanto chillaba, hasta que apareció Gianni.

En la FIFA ya es costumbre elegir países parias como sedes de los Mundiales. El del 2018 fue en Rusia. El del 2022 en Qatar. El del 2026 en Estados Unidos. ¿Compasión? O, lo de siempre, ¿sobornos?

 
Oriol Malet

Yo quiero pensar que se trata de un impulso bondadoso de parte del capo di tutti capi de la FIFA, Gianni Infantino. Vean qué bonito el gesto que tuvo con el infantiño de la Casa Blanca. Nadie le quería dar aquel premio por el que tanto chillaba, hasta que apareció Gianni. Fue una burda imitación del Nobel, es verdad, pero el niño rey no se enteró. Quedó feliz. Infantino tiene su lugar en el Cielo asegurado.

¿Qué día empieza el Mundial de EE.UU.? A lo largo de casi toda mi vida lo he sabido con meses de antelación. Esta vez tuve que buscarlo en Google. Es este jueves que viene, resulta. No sé ustedes, pero con cada cuatro años que pasan menos me interesa lo que una vez me interesaba más que cualquier otra cosa en el mundo, con la posible excepción de mi familia, el sexo o un Madrid-Barça.

Estaré más atento a las elecciones presidenciales que se celebran hoy domingo. Digo, las del Real Madrid, entre Florentino Pérez y alguien de aún menos luces, un tal Enrique Riquelme. Los dos candidatos nos dieron alegrías esta semana al anunciar, el primero, que si ganaba traería a Mourinho de vuelta como entrenador; el segundo, que tenía ya prefichado al goleador noruego Erling Haaland.

El Madrid, sin jugadores en la selección, necesita hacer ruido, aunque sea con payasadas

Mourinho está más caducado que los Bee Gees, o Felipe González. Pero el papelón mayor lo hizo Riquelme. Tras declarar que tenía atado al gigante rubio, el propio jugador le respondió: “Todo muy entretenido, pero no es verdad”. El club donde juega Haaland, el Manchester City, amenazó con demandar al pretendiente al trono del Bernabéu.

Bueno, se entiende que el Madrid necesite hacer ruido estos días, aunque sea con payasadas. Tiene la necesidad de distraer a sus fieles, ya que por primera vez en la historia de los Mundiales no tiene ni un jugador en la selección española. Pero, lejos del bochorno, debería ser motivo de orgullo. Más digno no ser cómplice de semejante disparate.

A mí se me presentó la oportunidad, pero la rechacé. Me invitaron, todo pagado, a Miami a mediados de junio. Tuve un momento de debilidad, lo confieso. Pero nada que ver con el fútbol. Me tentó la idea por la posibilidad que se me ofreció de que los agentes de migración no me dejaran entrar en MAGAlandia, y que me deportaran de vuelta a casa. Me lo pensé porque después podría decir que los únicos dos países que me habían hecho este favor fueron los Estados Unidos de Trump y la Venezuela de Nicolás Maduro. (No, yo tampoco soy inmune a la gloria que confieren las medallas y los premios).

Pero no solo no iré, sino que boicotearé todos los partidos que pueda, que no será difícil, especialmente si nos fijamos en los calendarios del mes de junio, ahora que la FIFA ha elevado el número de participantes –por compasión o por dinero, ustedes elijan– de 32 a 48. (¿Congo-Uzbekistán? ¿Austria-Jordania? No, gracias). Lo que no podré hacer más adelante, sospecho, es apartar la mirada de un posible España-Francia o un Argentina-Brasil. O de un Irán-EE.UU., quizá con un flamante trofeo para el ganador (¡Vamos, Gianni!), la Copa del Estrecho de Ormuz.

Sospecho que viajarán a EE.UU. pocos aficionados españoles, por más que su selección esté entre las dos o tres favoritas para ganar el torneo. Los españoles de verdad, los auténticos –o sea, los del Madrid– dudo que hagan el esfuerzo. Los del Barça, o buena parte de ellos, querrán siempre que gane la selección rival, pese a que ocho de los de la plantilla juegan para el més que un club . Lo cual significa que a los aficionados de media España ni se les va a pasar por la cabeza dejarse extorsionar –entradas absurdamente caras, transporte y hoteles también– por el capitalismo yanqui.

Hacer este Mundial de fútbol en EE.UU. es como llevar a Ibiza la gran celebración anual del islam

Y harán bien. Hay cosas mejores que hacer durante las seis semanas que vienen, por ejemplo ver un partido de cricket de cinco días entre, digamos, Afganistán y Nueva Zelanda. Incluso, si caemos en la desesperación, ver Wimbledon sin Alcaraz. Las razones por las que pienso dedicar menos tiempo que nunca a un Mundial, y espero que muchos piensen igual, son las siguientes.

Primero, que significa dar un voto de confianza al país más ridículo del mundo, si entendemos la frase “hacer el ridículo” como la desproporción entre lo que uno es y lo que uno piensa que es (“la última y mejor esperanza del mundo” etcétera).

Segundo, que ya está bien con regalar este histórico y una vez glorioso torneo a los países apestados de la Tierra. Mandemos un mensaje de que basta.

Tercero, que durante el descanso de la final se prevé hacer un half-time show con la participación de Shakira y Madonna. Nada contra Shakira y Madonna, pero el fútbol es cosa seria, que despierta las pasiones más elementales del ser humano, no un divertimento para niños como la Superbowl. La BBC, del país donde se inventó el deporte rey, ha dicho que no transmitirá este sórdido espectáculo. Esperemos que más cadenas de televisión tengan la seriedad de seguir su ejemplo.

Cuarto, y más importante, y relacionado con todo lo demás, el Mundial hay que celebrarlo en países donde entienden la centralidad del fútbol en la vida humana. El fútbol es la religión que más fieles une, pero EE.UU. es el país cuya proporción de paganos es la más alta que hay. La por lo demás musulmana y cricketera Bangladesh, por ejemplo, se paralizará cuando jueguen Argentina o Brasil. La población del país asiático se verá partida por la mitad entre los que van con una selección o la otra –casi, como corresponde, al punto de una guerra civil–.

Pero en Estados Unidos, para la vasta mayoría, el Mundial será un circo de interés minoritario. Es como hacer la gran celebración anual del islam, la hach, en Ibiza en vez de en Arabia Saudí, donde por cierto se celebrará el Mundial del 2034, por el amor de Alá. Antes, en el 2030, la sede será España, que sí es un país fanático del fútbol. ¿Pero se eligió por ser otro paria más? ¿El país con el gobierno más corrupto del mundo? Esa, al menos, es la imagen que desean transmitir, parece, aquellos patriotas españoles que nunca han mirado más allá de sus ombligos.

John Carlin
John Carlin
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.