Catalunya ha entrado en guerra con el conejo silvestre, según los términos de la declaración de Montblanc, solemne y acaso histórica. Allí, el lunes, el conseller de Agricultura prometió “de manera urgente” acabar con la sobrepoblación de conejos que trae por la calle de la amargura a los payeses.
Sobran conejos y faltan manos para dar su merecido a estos animales de vida sexual activa que destruyen cultivos, impiden plantaciones de olivos y campan a sus anchas en las comarcas de Lleida, de ahí “el plan de choque” anunciado por el conseller Òscar Ordeig, a quien no le tiembla el pulso para liderar dos guerras simultáneas en plena canícula.
En términos coloquiales, hay que cargarse jabalíes y conejos del territorio –últimamente, a Catalunya la llaman “el territorio”, como si fuese el far west–, tal como venían reclamando los payeses, se pongan como se pongan los niños y niñas que siempre encuentran muy monos a estos bichos. Yo también veía los dibujos animados de Bugs Bunny y mira cómo me tengo que ver, dando la razón a guerras y payeses, que sufren una sobrepoblación al alza y están maniatados por regulaciones, protocolos y esas ocurrencias de la gente que no ha pisado el campo en su vida y piensa que todo animal ha nacido para mascota y es mejor persona que el hombre.
La Generalitat declara otra guerra animal, esta vez contra los conejos, ‘vermutaires’ y rijosos
Naturalmente, el lenguaje inclusivo impide declarar la guerra al conejo y maquilla que el objetivo del “plan de choque” es cargarse a cuantos más ejemplares y en menor tiempo, mejor. No me imagino, por ejemplo, al president Illa y a todo el Govern formando una cuadrilla, con zurrón, escopeta al hombro y gorra de visera ciclista, pegando escopetazos para dar ejemplo y abrir un telenotícies de agosto o posando, al final de la batida, con las piezas.
Los payeses llevan tiempo alertando de una sobrepoblación de conejos que se pasean como Pedro por su casa, viviendo del cuento, procreando y picoteando porque, a diferencia de los jabalíes, son una especie vermutaire, con instinto gourmet y del morro fino. Bastantes incendios nos dan los bosques, como para tolerar tanto animalito suelto. El conejo, en arroz y a la cazuela

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.