El Madison Square Garden de Nueva York y sus alrededores vivieron la noche del 2 de julio excepcionales medidas de seguridad. Había una cena, con cien invitados. Era una boda, pero sin novios, porque era un ensayo. Los contrayentes no comparecerían hasta un día más tarde. Pero el día 2 todo tenía que salir bien, y el MSG, como le conocen sus asiduos, fue literalmente tomado por la policía. En el interior del recinto se ensayó un apagón del sistema de seguridad: las cámaras de videovigilancia fueron desactivadas. Era una de las peticiones de los novios, que pagaron entre 1,2 y 1,6 millones de dólares por el alquiler del local durante dos noches. Lo eligieron por su céntrica situación y por un detalle técnico fundamental: el MSG carece de ventanas y su techo impide que sus deportistas o artistas (o novios) o público sean fotografiados desde el exterior.
Quienes se casaban eran la megaestrella del pop Taylor Swift y el deportista Travis Kelce. Exigieron que se apagara el sistema de videovigilancia del MSG, que ejecuta un rastreo de reconocimiento facial sistemático, para evitar que su enlace se convirtiera en un mercadeo de imágenes a beneficio de los asistentes, ya fuera en dólares o en millones de visitas en sus redes.
Las cámaras de videovigilancia del Madison Square Garden fueron desactivadas para la boda
Había un precio, o mejor cabría decir un riesgo: si en la boda se colaba algún tipo de delincuente (uno que no estuviera invitado, se entiende), el sistema no podría detectarlo. Porque la noche del 3 de julio, EE.UU. estaba en alerta máxima, por el 250.º aniversario del país, por la guerra con Irán y porque Swift ha sido objeto de intentos de ataque. La boda se desarrolló sin incidentes, pero en cuanto empezaron a trascender los detalles surgió otro debate: ¿los ricos tienen un derecho especial a la privacidad?, ¿qué habría ocurrido (o estaría ocurriendo) judicialmente si se hubiera colado por allí un desalmado a lo Bataclan?
Hace poco, el colectivo de hackers ShinyHunters hizo público que el MSG tiene un superexcel con los datos de 10,5 millones de personas, y entre ellas están marcadas 400 que podrían considerarse vips. Algunas de ellas están catalogadas “de riesgo”. Entre estas figuran peligrosos terroristas como el actor Jamie Foxx, el piloto de F-1 Lewis Hamilton o el futbolista del PSG Achraf Hakimi. ¿El motivo? Han expresado en alguna ocasión opiniones críticas hacia Jim Dolan, dueño del MSG y también del Radio City Music Hall y el Beacon Theatre de Nueva York o el recinto Sphere de Las Vegas, o si no contra él, contra su entorno o amistades, en el que un día estuvo –asumo el riesgo de no poder entrar allí nunca más– un tal Harvey Weinstein y en el que todavía colea un tal Donald Trump.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.