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Llàtzer Moix
Columnista

El peor presidente de la democracia

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Actualizado hace 7 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01El título de peor presidente de la democracia española está muy disputado.
  • 02Antes o después, y generalmente por gentileza de sus detractores, lo han recibido los siete presidentes.
  • 03Alberto Núñez Feijóo reiteró la semana pasada que el Gobierno de Sánchez es el peor de todos.
  • 04No contento con el medio siglo de democracia, e inspirado por los incendios de Madrid y Ávila, el ultra Abascal voló al pasado y comparó a Sánchez con el emperador Nerón, que no era tan malo como Calígula, pero sí más pirómano.

El título de peor presidente de la democracia española está muy disputado. Antes o después, y generalmente por gentileza de sus detractores, lo han recibido los siete presidentes. Alberto Núñez Feijóo reiteró la semana pasada que el Gobierno de Sánchez es el peor de todos. No contento con el medio siglo de democracia, e inspirado por los incendios de Madrid y Ávila, el ultra Abascal voló al pasado y comparó a Sánchez con el emperador Nerón, que no era tan malo como Calígula, pero sí más pirómano. Todo vale.

Pero para atribuir este título no basta con opinar sesgadamente sobre este o aquel presidente. Hay que comparar sus errores y aciertos, y a eso voy. Es una obviedad, pero se olvida.

  
Rodrigo Jiménez / Efe

Adolfo Suárez (presidente de 1976 a 1981) tuvo agallas para dinamitar el franquismo, lo cual le valió el odio del búnker y la gratitud del resto. Dado que en 1976 faltaba un año para las primeras elecciones y que en 1981 fracasó el golpe del 23-F –y vistos sus sucesores–, Suárez no fue el peor.

En los años de Leopoldo Calvo-Sotelo (1981-1982) se produjo la entrada en la OTAN, se atenuó la resaca del 23-F y se aprobó la ley del divorcio. En su debe, la agonía de UCD, su partido, la deriva económica y la Loapa.

Felipe González (1982-1996) fue el más longevo: catorce años en el poder. Durante un tiempo pareció idóneo. Con él España entró en la CEE, ganó proyección internacional y universalizó la sanidad y la educación, al tiempo que libraba al Ejército de vicios franquistas. Luego asomaron los GAL, que no podían gustar ni a los suyos, y un joven José María Aznar se puso a cantar Váyase, Sr. González . Hasta que se fue. Con todo, en su balance pesa más lo positivo, aunque ahora no se dé cuenta de que critica como uno del PP al actual líder socialista; y de que ya es historia.

Este título no se gana con juicios de parte, sino con el análisis y comparación de los aciertos y errores

José María Aznar (1996-2004) tomó medidas pertinentes para que España entrara en el euro, pero se equivocó con la guerra de Irak, algo que todavía no ha tenido el decoro de reconocer; también con la ley del suelo, que convirtió España en solar edificable. Su estilo fue –es todavía– antipático. Pero la promesa de limitar el mandato a ocho años casi le redimió. Lástima que luego se arrepintiera y lleve ya veintidós marcando el paso a la derecha política y judicial.

A José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) le sirvió la victoria en bandeja el PP aznarino al obstinarse en atribuir a ETA los atentados del 11-M. Dos años después de entrar en la Moncloa, la derecha mediática ya le tildaba de peor­ presidente. Pero impulsó buenas leyes –matrimonio gay, contra la violencia de género, de la dependencia...– y ante la crisis del 2008 fue drástico y evitó males mayores. Dejó un buen recuerdo, que arruinará si no sale del atolladero judicial en que está metido.

Mariano Rajoy (2011-2018) se ganó el mote de Don Tancredo por su habilitad para dejar pudrir los problemas. Llegó a creer que le pagaban por eso, salvo cuando respondió al procés con el ar­tículo 155. Pero el recuerdo inmarcesible de su gestión, como presidente de un PP que hoy acusa de corrupto al PSOE, es que perdió el poder después de que su partido, todo él, fuera condenado por beneficiarse a título lucrativo de la trama corrupta Gürtel. Por no hablar de la policía patriótica.

Al igual que Zapatero, Pedro Sánchez (2018-) se ha distinguido por sus políticas sociales, por desafiar a Trump y por su mal ojo al elegir secretarios de organización del PSOE. Aun así, no pocos añorarán su reformismo y su agilidad política cuando mande un PP embridado por Vox.

Aciertos y errores. Eso, y no la parcialidad interesada, es el material de análisis para fijar quien fue mejor y quien fue peor. Eso, y la decisiva coyuntura. Por lo demás, solo dos cosas parecen claras. Una: por definición, el peor presidente siempre es el presente, al menos según quienes quieren echarlo y ocupar su lugar. Dos: cuantos más años manda un presidente, más dura puede ser su caída. Lo sabe bien Jordi Pujol, que cultivó en sus veintitrés años de president la imagen de padre de la patria y hoy la tiene de padre de siete hijos procesados por sus manejos económicos.

Llàtzer Moix
Llàtzer Moix
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.