El lunes cayó una fuerte tormenta en la comarca del Solsonès. El Servei Meteorològic de Catalunya había emitido un aviso preventivo que decía: “ Possibilitat de pedra de diàmetre >2 cm, ràfegues de vent >25 m/s, esclafits i/o tornados o mànegues”. Acertaron el pronóstico. El cantante Roger Mas, ilustre solsonense, colgó un mensaje en la red X con la clásica foto de la palma de la mano con una piedra y, para poder compararla, una moneda de un euro. Las proporciones no engañan: el euro parece una moneda de diez céntimos. Mas escribe: “ Han caigut pedres del cel, a casa,” que podría ser el primero verso de una canción de desamor telúrico.
Al día siguiente, los sobreexcitados meteorólogos de RAC1 buscaban comparaciones que ayudaran a la comprensión de sus oyentes. “Piedras grandes como huevos de gallina, como pelotas de ping-pong o de golf”, repetían los informativos. La horquilla es lo bastante precisa para que nos hagamos una idea, y, en la web de la emisora, colgaron una foto (de la usuaria Sílvia Torra) con la piedra recogida junto a un huevo y un pie de rey que certificaba que la piedra medía 5 cm de diámetro. Los huevos que tengo en casa tienen un diámetro de 4 cm, y eso significa que o bien en Solsona los tienen más grandes, o bien en Sant Gervasi los tenemos más pequeños.
La comparación de las piedras con monedas o peloteas de ping-pong es muy eficaz
La eficacia de la comparación es imbatible. Cuando hablamos de multitudes, solemos utilizar el referente del Camp Nou. Después de las manifestaciones independentistas del Onze de Setembre, recuerdo que se hablaba de “veinte Camp Nou”. En el caso de las granizadas, el instrumento previo a la emergencia climática era la moneda, que en el siglo XX solía ser de 50 pesetas. Algo debe estar cambiando para que hayamos ascendido hasta los huevos o las pelotas de ping-pong.
Y hablando de huevos: precisar que son de gallina es una buena idea; así se impide que los quisquillosos pregunten “¿huevos de qué?”. Los conceptos huevo y gallina están unidos por exigencias del guion de la naturaleza. Y, a un nivel más recreativo, por la pregunta metafísica de qué fue primero, ¿el huevo o la gallina? Si leéis y releéis los espléndidos libros de aforismos de Jorge Wagensberg, encontraréis uno que, sobre la vieja polémica de qué fue primero, si el huevo o la gallina, responde: “Fue el huevo, pero no era de gallina”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.