Conviene sacar de vez en cuando la cabeza por la ventana para comprobar si será cierto que el césped del vecino crece más verde y sano que el nuestro. No para buscar consuelo en los males ajenos. Pero sí para tomar nota de que aquello que damos por singular y propio no es más que una realidad compartida por tantos. Mirarse el ombligo es inevitable, pero sin olvidar que todos los cuerpos tienen uno y que, además, se asemejan bastante en lo tocante a acumular pelusilla.
España lleva semanas con la agenda informativa centrada en su frontera sur. La gravedad de la crisis ceutí monopoliza la actualidad en todos sus frentes. A estas alturas, quizás usted ha llegado a la conclusión de que en España no hay nada que se parezca a lo comúnmente llamado sentido de Estado. Puede que haya afianzado esta conclusión tras comprobar que Gobierno y oposición son incapaces de poner en práctica unos mínimos de responsabilidad compartida para fortalecer la posición de España en algo tan sensible como la política exterior, más tras los hechos del 30 y 31 de julio, calificados ni más ni menos que como una violación de la integridad territorial.
Mañana se vota en el estado federado alemán de Sajonia-Anhalt. No son unas elecciones cualesquiera. La ultraderecha tiene por primera vez en su mano gobernar un estado con mayoría absoluta. Lo consiga o no, va a ganar las elecciones con holgura y provocará un roto en la CDU del canciller Friederich Merz y un nuevo debate sobre la validez del Brandmauer (“muro cortafuegos”, el equivalente del cordón sanitario) como fórmula para impedir el acceso de la derecha radical al poder.
Su amenaza fronteriza no es Marruecos, es Rusia. Y esta misma semana el ministro alemán afirmó en una declaración formal que su país no está en guerra, pero es objetivo diario de una guerra híbrida. Palabras mayores, una escalada verbal sin precedentes que se acompañó de algunas decisiones, como el cierre de la Casa Rusa en Berlín, el consulado ruso en Bonn, más inversión en drones, despliegue de aviones de combate en Polonia...
La ultraderecha está en condiciones de ganar su primer Parlamento regional en Alemania
Alguien pensará que ante un riesgo de tal calibre, a la sociedad alemana no le queda otra que convergir hacia la unidad, dejar las diferencias de lado y, con independencia de lo que cada uno vote, ponerse en fila detrás de su Gobierno, pues no hay riesgo más sombrío que el de la amenaza militar y la guerra. Nada más lejos de la realidad. Ni siquiera el alineamiento de la UE con el discurso gubernamental alemán y la mirada unívoca de la mayoría de los medios de comunicación tradicionales es suficiente para conseguir ese milagro.
La extrema derecha, que encabeza las encuestas también a nivel federal y es partidaria de rebajar las tensiones con Moscú y de reactivar la compra de gas ruso, ha acusado al Gobierno de azuzar la estrategia del miedo para interferir en las elecciones de mañana. Desde la izquierda más radical, Die Linke también ha puesto el dedo en el ojo del Ejecutivo, trasladando el mensaje que lo que hace es elevar las posibilidades de un conflicto en lugar de reducirlas. En la propia CDU ha habido voces críticas con el posicionamiento gubernamental, también entre analistas y académicos, aceptando que no es casual que la escenificación del ministro de Defensa se haya producido esta semana, en vísperas de los trascendentales comicios en Sajonia-Anhalt.
La tensión partidista y la presión sobre el cuerpo electoral a cuenta de las amenazas exteriores no es pues una anomalía española. Dirán, los pesimistas, que al menos en Alemania los dos grandes partidos hasta ahora sistémicos, conservadores y socialistas, son capaces de pactar y gobernar en favor del sentido común. Pero a esto puede contraargumentarse que, precisamente por eso, la ultraderecha está en condiciones de ganar su primer Parlamento regional y amenazar seriamente el futuro de democristianos y socialdemócratas también a nivel federal. Son tiempos convulsos para todos. De norte a sur y de este a oeste. A la hierba le falta riego, por eso amarillea en todos los jardines.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.