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Opinión
Justo Barranco
Periodista

Arte en tono mayor

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Actualizado hace 17 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01O en claves menores.  In minor keys.
  • 02El título, cierto, no promete lo que no da.
  • 03La Bienal de Arte de Venecia de este año es, con diferencia, la menos conseguida en mucho tiempo.
  • 04La visita se puede realizar en tiempo récord, incluidas las –bastante pobres, con contadas excepciones, como Austria o España– propuestas de muchos pabellones nacionales, de una austeridad que parece aventurar una crisis económica no muy lejana.  Pero centrémonos en la muestra principal, que se postula como un “depósito de arte que actúa profundamente en el alma y en la mente”.

En tonos menores. O en claves menores. In minor keys. El título, cierto, no promete lo que no da. La Bienal de Arte de Venecia de este año es, con diferencia, la menos conseguida en mucho tiempo. La visita se puede realizar en tiempo récord, incluidas las –bastante pobres, con contadas excepciones, como Austria o España– propuestas de muchos pabellones nacionales, de una austeridad que parece aventurar una crisis económica no muy lejana. 

Obras de Michael Armitage, en el Palazzo Grassi 
Obras de Michael Armitage, en el Palazzo Grassi Bienal de Venecia

Pero centrémonos en la muestra principal, que se postula como un “depósito de arte que actúa profundamente en el alma y en la mente”. Un arte que se presenta como curativo, espiritual, pero que, aparte de proporcionar la enésima ronda de sanación en la bienal de las últimas dos décadas, este año, quizá, no toca. Para salvar almas, tiene que quedar alguna. Y llevamos una racha nefasta.

A estas alturas de la crisis climática y del auge del pensamiento fascistoide que apela a nuestras emociones más esenciales–de las que no nos vamos a deshacer pese a que nuestro mundo no tiene que ver nada con aquel en el que se gestaron hace miles de años, pero que florecen mejor en una sociedad desarreglada, desordenada y dividida por años de trabajo ideológico–, a estas alturas del filme, uno espera otro arte en el Arsenale y los Giardini venecianos. Un arte de crítica y de combate. Que lo hay, y no necesariamente esas obras que tienen más argumento que forma –las cartelas parecen la resolución de un enigma de Conan Doyle–, como las que proponen desde hace tiempo muchos museos de arte contemporáneo. No es que no estén los tiempos para la lírica, pero tocan ya versos acerados y que nos hagan pensar. Y movernos.

En la Bienal de Venecia, el Palazzo Grassi no falla el tiro con los lienzos del keniano-británico Michael Armitage

Al otro lado de la isla, junto al Gran Canal –y en una nueva señal de que el mundo está al revés–, el Palazzo Grassi no falla el tiro. Propiedad de un milmillonario, François Pinault, como otras fundaciones que se multiplican en Venecia, propone de nuevo una de esas muestras que se recuerdan. Los lienzos del keniano-británico Michael Armitage son de una belleza y una dureza avasalladoras, con África en el centro. Lo mismo aborda la prostitución homosexual para occidentales que las pateras con personas amontonadas en medio de la inmensa noche y el inmenso mar. O celdas repletas. O niños ahogados en la playa. O africanos detenidos y atados con una cordada. Y gente que lucha. Y la vida. Y el nacimiento. Y Europa, como titula el agotado sueño de una mujer negra encinta a la que mira un toro tan blanco como el viejo Zeus antes del rapto. Cuadros en los que están Klimt, Picasso, Goya y el poder de la naturaleza, la fuerza y el animismo africanos. Una explosión de color, dolor y vida en tono mayor.

Justo Barranco
Justo Barranco
Periodista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.