Cuando empecé a vivir del oficio –sí, soy un dinosaurio–, periodistas eran los pipiolos que acabaron con un presidente de EE.UU. por mentiroso (Nixon) o una guerra (Vietnam, a base de desmentir sobre el terreno los partes triunfalistas del ejército). Hoy, nos echan a patadas del Congreso –con razón, ver Vito Quiles–, y salimos en listas de buenos y malos, gentileza del mismísimo Ministerio del Interior.
No sabría decir qué cualidades exactas son exigibles a un periodista, lo que sí tengo muy claro son las que le descalifican y Vito Quiles –como tantos otros propagandistas, algunos de izquierdas– las tenía todas, de ahí que no seré yo quien critique la decisión del Congreso. Tres faltas graves y tres muy graves justifican la retirada de la credencial de la Cámara Baja. Y hablando de normas, no estaría mal que los mismos diputados que han retirado la credencial a Quiles recuperasen las formas...
La cultura insensata del “todo gratis” acaba con los periodistas y alimenta a los Quiles
No me cansaré de repetir que las redes son el caballo de Troya delas democracias pero, a diferencia de mí, han llegado para quedarse –¡viva el tópico!– y blanquear la desinformación. Para reforzar los prejuicios y las convicciones. ¡Cómo no vamos a estar polarizados! Si a eso le sumamos la cultura insensata del “todo gratis” –la desinformación no necesita lectores de pago–, tenemos servida la pérdida de influencia del periodismo.
¿No es acaso más atractivo ser Vito Quiles, cortesano del famoseo y un intrépido, que un periodista que no pretende cambiar el mundo y bastante tiene con verificar los datos antes de informar? Mis gigantes se llamaban Sáenz Guerrero, Indro Montanelli o Ben Bradlee y los de ahora se parecen a Vito Quiles, al que ya imagino presentándose como santo y mártir de la libertad.
El periodismo riguroso volverá a imponerse, aunque me temo que antes tendremos que digerir más estropicios. La reconquista del favor perdido no depende solo de la profesión –nos toca espabilar– y de las empresas, sino también del favor de la gente sensata y de que partidos y anunciantes no abusen del momento delicado en que está la profesión. A nosotros nos va el sueldo, a las sociedades occidentales, la estabilidad.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.