La primera persona de la historia que murió debió de estar muy confundida. La observación es de @ImAVeteran_. Aquí la desarrollamos: si antes no se había muerto nadie, cómo iba a saber esta primera persona qué es irse al otro barrio, que estás muerto después de la vida, que durante la vida estás muriendo.
Bajada al terreno darwinista, la filosofada es complicada. Si hoy es difícil discernir quiénes de nuestros políticos y futbolistas merecen ser considerados personas, más lo es dilucidar quién fue la primera entre primates ancestrales, homínidos varios, Australopithecus y Homo sapiens.
Es necesario trascender, acudir al ámbito de la fe. La doctrina cristiana dice que Abel fue el primero en morir y en enfrentarse a ello. “He wasn't abel to process it”, dice @MystiqueDsgn, jugando con el nombre propio y la expresión able to, del inglés, capaz de.
La gente no está para historias: “Abel no murió, fue asesinado”, puntualizan un puñado de usuarios de X a todo aquel que menciona al segundo hijo de Adán y Eva. Bueno, de acuerdo, dejémoslo en que fue el primero en irse al otro barrio. Una vez allí, ¿cómo podía entender que estaba muerto? Más confusión todavía debería de sentir en este otro barrio, aún indefinido, sin nada que hacer. Un limbo, porque hasta que Jesucristo no nos salvó, no hubo quien subiera al cielo.
Allí, Abel a solas unos siglos, además. Porque la siguiente persona en morir debió de tardar bastante. Visitemos, si no, el Génesis y las edades que “documenta” y dice que alcanzaron los primeros engendrados, tan viejos como el timbre de una pirámide:
–Matusalén: 969 años.
–Jared: 962 años.
–Adán: 930 años.
–Set: 912 años.
–Quenán: 910 años.
–Enós: 905 años.
–Malalel: 895 años.
–Leo Messi: 818 goles (sin contar penaltis).
–Cristiano Ronaldo: 795 goles (sin contar penaltis).
–Lamec: 777 años.
Más soledad sentiría si se tiene en cuenta que la traición de Caín a Abel se produjo, según el Génesis, antes de que Adán cumpliera 130 años. Porque de esta clasificación de edades se deduce que el segundo muerto es Adán. Es decir, Abel se va de casa de sus padres para acabar su padre, de 930 años, viviendo en casa de su hijo.
Oh, pero Dios ya amenazó a Adán: si comía del fruto del árbol del conocimiento, moriría, dicen en X para asegurar que Abel tenía que saber por fuerza qué era morirse. A ver, no. Si Dios hubiera dicho “dejarás de vivir”, de acuerdo. Pero “morirás”, si no sabes qué es morirse, es como decirle a la primera persona que hizo fuego que, si lo toca, se quemará.
Oh, es que también le dijo “eres polvo y al polvo volverás”. Tampoco. No era el lápiz más afilado del estuche. Si no sabía qué era morirse, cómo va a saber qué es una metáfora. Además, si duermes, pueden entrar los ladrones en tu casa y robarte el reloj de oro de la mesilla de noche sin darte cuenta. Pero una persona a la que mientras duerme le roban una costilla para crear a Eva no demuestra ser muy despierta.
¿Y los animales? ¿No veían que se morían? ¡Vivían siglos, como ellos! ¿No se los comían? Vivían del campo, eran vegetarianos...
Aceptemos una cosa, sin embargo. Tanta confusión debió de experimentar Abel como Caín. El que mata no necesariamente tiene que saber que mata. La ignorancia del tráfico de la vida a la muerte vale para los dos, y a Caín le podemos imaginar un “venga, Abel, deja de hacer el burro y levántate”.
Así que, sí, quien murió por primera vez en la historia debió de quedarse confundidísimo. Actualmente lo tenemos superado, sabemos que la meta de nuestro camino es la muerte. En todo caso, tenemos que preocuparnos de los inmortales y de que si los hijos de Jordi Hurtado tienen que pensar qué mundo le dejarán a Jordi Hurtado, nosotros tenemos que empezar a pensar qué mundo le dejaremos a la IA.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.