Este jueves se cumplirán diez años de la defenestración de Pedro Sánchez al frente del PSOE. Muy pocos podían imaginar que aquel a quien llamaron Pedro I, el breve acabaría por recuperar el poder en su partido y después sería –hasta el momento– el segundo presidente de gobierno más longevo de la historia de la democracia en España. Sánchez no tiene muchos motivos de celebración ya que su presidencia está seriamente cuestionada por muchos sectores del país que hacen gala de una inquina y un odio hacia su figura que supera los niveles de crispación tolerables en un Estado democrático. Ayer mismo, miles de personas se manifestaron en Madrid para solicitar que se le juzgue por traición por la gestión hecha por su Gobierno en Ceuta y se active el artículo 102 de la Constitución para echarlo de la Moncloa. “Pedro Sánchez, hijo de puta” o “Gobierno, traidor, todos a prisión” fueron algunos de los lemas cacareados.
Sánchez rompió una norma no escrita en el 2023 cuando accedió a la Moncloa sin ser el PSOE la lista más votada. Impecable desde un punto de vista legislativo, pero inaceptable para aquellos que ya se habían repartido los cargos. Si, además, para ser investido presidente, el líder socialista se apoyó en partidos independentistas, con los que pactó a cambio del indulto y la amnistía de sus dirigentes, la animadversión de sus rivales hacia su figura ya adquirió unos tintes exorbitantes. Como prueba de ello, les recomiendo que lean el estudio que Ignacio Orovio publica hoy en La Vanguardia sobre cómo los lobbies de extrema derecha utilizan la justicia para poner contra las cuerdas al Gobierno y la gran financiación que obtienen para ello de grupos internacionales. Vale la pena apuntar también que el PSOE lo ha puesto fácil con los Koldos, Ábalos y compañía, y que muchas de las denuncias sufridas son más que merecidas.
En este contexto, como ya hemos escrito otras veces, Sánchez lo tiene casi imposible para repetir en el 2027 la gesta del 2023. El milagro solo puede llegar si, en lugar de pasarse el día advirtiendo que llega la extrema derecha, el PSOE aprovecha que está en el Gobierno y lo gestiona bien. Ahora tiene una ocasión de oro con la vivienda. Si de aquí al martes vuelve a naufragar otra vez en este tema, le dará la razón a todos sus enemigos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.