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Nixon en China

Concluida la cumbre entre Xi y Trump, vemos cómo se van produciendo movimientos referidos a Ormuz

Nixon en China
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Actualizado hace 21 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Primer viaje oficial de un presidente de los Estados Unidos de América a la República Popular China.
  • 02Richard Nixon  desembarca en una China aún sumergida en las turbulencias de la denominada Revolución Cultural; un país de base agraria con una infraestructura industrial muy precaria, aislado internacionalmente, peleado con la URSS desde la muerte de  Stalin  en 1953.
  • 03Un país colectivizado en el que casi todo el mundo va en bicicleta.
  • 04Una economía pobre que apenas representa el 9% del volumen de Estados Unidos.

Febrero de 1972. Primer viaje oficial de un presidente de los Estados Unidos de América a la República Popular China. Richard Nixon desembarca en una China aún sumergida en las turbulencias de la denominada Revolución Cultural; un país de base agraria con una infraestructura industrial muy precaria, aislado internacionalmente, peleado con la URSS desde la muerte de Stalin en 1953. Un país colectivizado en el que casi todo el mundo va en bicicleta. Una economía pobre que apenas representa el 9% del volumen de Estados Unidos.

Los norteamericanos no pasan por su mejor momento después del gran despliegue consumista de los años 60. Se sienten acuciados por la evolución desfavorable de la guerra del Vietnam. Hace seis meses que Washington ha renunciado al patrón oro, rompiendo el sistema monetario internacional implantado al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Todo el mundo habla del Nixon shock. El presidente Nixon ha roto con el sistema acordado en la conferencia internacional celebrada en 1944 en Bretton Woods, estación de esquí de New Hampshire. El dólar quedaba directamente respaldado por el oro, a razón de 35$ la onza. Estados Unidos se enfrenta a un elevado déficit fiscal y comercial agravado por la guerra del Vietnam. Necesita imprimir dinero. Necesita aplazar deudas. Y quiere que China deje de apoyar a los norvietnamitas, que a su vez tienen pleno apoyo de la Unión Soviética. Puesto que Mao está peleado con el Kemlin, Henry Kissinger, secretario de Estado de Nixon, entiende que es posible ensanchar la brecha entre chinos y soviéticos en la plataforma continental euroasiática. Este es uno de los objetivos del viaje sorpresa a China en 1972. Manos a la obra.

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Mayo del 2026. Último viaje de un presidente de Estados Unidos a la República Popular China. Después de Nixon, casi todos los presidentes norteamericanos han cursado viaje oficial a China, con la excepción de Jimmy Carter y Joe Biden. Durante su primer mandato (2016-2020), Donald Trump viajó a Pekín, siendo recibido por Xi Jinping, que ya subrayó en aquella ocasión, marzo del 2017, el pasado imperial de su país. Han pasado cincuenta y cuatro años del viaje de Nixon. Medio siglo después, China representa el 64% de la economía de los Estados Unidos y se ha convertido en el gran competidor político, comercial y tecnológico de la primera potencia del mundo. Muchos chinos conservan la bicicleta, nunca se sabe lo que puede pasar mañana, pero su medio de transporte preferido es ahora el coche eléctrico. En estos momentos, China lidera la fabricación de coches eléctricos en el mundo e intenta igualar a Estados Unidos en el desarrollo de la denominada inteligencia artificial.

La extraordinaria rapidez del desarrollo económico de China es el gran tema de nuestra época. Es un acontecimiento que no tiene parangón en la historia de la humanidad. En 50 años han aprendido desarrollar todos los sistemas más avanzados con el señuelo de la gran fabrica del mundo, en la que todo era más barato de producir gracias a los bajos salarios de un ejército industrial eficiente, trabajador y disciplinado. Gracias a esos primeros acuerdos con Estados Unidos, tres millones de universitarios chinos han completado sus estudios en universidades norteamericanas y la mayoría de ellos han regresado a su país. Nunca se había visto tanta transferencia de tecnología.

La extraordinaria rapidez del desarrollo económico de China es el gran tema de nuestra época

Nixon llegó a China observando a Mao Zedong como un ser exótico. Kissinger parecía disfrutar. En todas las fotos, el secretario de Estado aparece sonriente. La idea ha sido suya. El número dos de Mao, Zhou Enlai, enjuto, mirada penetrante, lleva el peso de los encuentros, muy consciente del paso que acaban de dar. China rompe definitivamente amarras con la Unión Soviética y empieza su propio viaje hacia el pragmatismo. Pronto los reformistas empezarán a levantar cabeza.

Hay una ópera sobre el viaje de Nixon a China, con música de John Adams y libreto de Alice Goodman, una producción que fue puesta en escena en 2023 en el Teatro Real de Madrid. Se titula Nixon en China. En esa ópera, Zhou Enlai aparece como el personaje que lleva la historia sobre sus hombros, rodeado de expedientes y archivadores. Nixon está todo el rato pendiente de lo que dice la prensa norteamericana de su viaje, es impetuoso y a la vez está necesitado de reconocimiento. Kissinger es muy listo, procura agradar, y mide bien sus pasos. Mao es una leyenda viviente que recita aforismos, sumido en la autocontemplación. La esposa de Mao, la temida Jian Qing, organiza ballets revolucionarios. Zhou gobierna la situación. Zhou Enlai, primer ministro entre 1949 y 1976, año de su muerte, fue siempre leal a Mao, atravesó todas las fases, apoyó inicialmente el izquierdismo de la Revolución Cultural para no contrariar al Gran Tiomonel, después empezó a frenarlo, y salvó a diversos dirigentes amenazados por los Guardias Rojos, entre ellos, a Deng Xiaoping, futuro líder reformista. Zhou Enlai, número dos de la revolución comunista china, era descendiente de una familia de antiguos funcionarios imperiales; podríamos decir que tenía el Estado en la cabeza.

Quizá algún día se escriba una ópera o una novela sobre el reciente viaje de Trump a Pekín, rodeado por algunos de los principales directivos de la nueva economía norteamericana. Ahí estaba el defenestrado Elon Musk. Su presencia en la comitiva presidencial venía a significar una rehabilitación, después de su ruptura con Trump hace más de un año. Musk quiere vender coches eléctricos en China. Ahí estaban el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, y el CEO de Apple, Tim Cook. No podía faltar el CEO de Blackrock, Larry Fink. Ahí estaba, también, el máximo ejecutivo de Cargill, la principal multinacional estadounidense del sector alimentario, puesto que en el viaje estaba previsto hablar de asuntos agrícolas y ganaderos, por ejemplo, de la compra de grandes partidas de soja norteamericana. Una buena noticia para los agricultores del Medio Oeste, una oportuna ayuda al voto republicano en las elecciones de medio mandato en la América profunda.

Presentar el viaje del presidente a Pekín como una gran operación comercial era una manera inteligente de disimular la principal de las angustias estratégicas que contenía la agenda: cómo salir del atolladero de Ormuz sin que parezca una derrota.

En 1972, Nixon también se movía en esa órbita: cómo hallar una salida a la guerra del Vietnam sin que pareciese una grave derrota. Los dirigentes chinos sabían en aquel momento cuál era la preocupación más inmediata de los norteamericanos. Apoyaban a los comunistas vietnamitas y a la vez recelaban del fuerte sentimiento de independencia nacional de su líder, Ho Chi Min, cuyo principal punto de apoyo acabó siendo la Unión Soviética. Los vietnamitas vivieron como una traición el agasajo a los dirigentes norteamericanos en Pekín. China concentró su atención en Camboya, y en 1979 se produjo un breve periodo de guerra con Vietnam en la frontera norte. Los vietnamitas acabaron con el delirante régimen de Pol Pot en Camboya, y los chinos lo interpretaron como un intento de controlar toda Indochina, bajo impulso de la URSS. Efectivamente, Kissinger había conseguido ensanchar la brecha entre chinos y soviéticos.

Como Trump, Nixon también se movía en busca de una salida: cómo poner fin a la guerra del Vietnam sin que pareciese una grave derrota

Nixon pareció disfrutar durante aquel primer viaje a China. Habían pillado por sorpresa a medio mundo. Un año antes, Kissinger había viajado en secreto desde Islamabad (Pakistán) a Pekin, para negociar con Zhou Enlai el alcance de aquel primer encuentro, que siete años después conduciría al pleno restablecimiento de relaciones diplomáticas y a una lenta y progresiva incorporación de China al circuito del comercial internacional. Paso a paso.

Trump, entusiasta admirador de Nixon en su juventud, ha tratado a Xi Jinping con sumo respeto, sin bromas ni salidas de tono en las redes sociales, sin estampas vestido de Jesucristo. Ha sido un encuentro de igual a igual, en el que las dos partes parecían conscientes de la gravedad de la situación internacional. Cómo resolver el bloqueo de Ormuz sin que parezca una derrota.

Xi Jinping fue directo al grano en su discurso de bienvenida el jueves: “Estados Unidos y China deben evitar la trampa de Tucídides”. Esa expresión ha dado estos días la vuelta al mundo. Quién era Tucídides, se ha preguntado mucha gente. ¿En qué consistía su trampa? Se trata de un concepto popularizado por el politólogo estadounidense Graham Allison partir de las observaciones del historiador griego Tucídides sobre las guerras del Peloponeso en el siglo V antes de Cristo. El crecimiento del poder de Atenas asustó a Esparta y una serie de conflictos secundarios entre ciudades aliadas de unos y otros acabó arrastrando a atenientes y espartanos a la guerra. Allison sostiene que lo mismo puede ocurrir entre Estados Unidos y China. Cuando una potencia emerge es muy difícil que la rivalidad con el poder que se siente amenazado no acabe en guerra.

Xi le dijo a Trump: evitémoslo. Acto seguido advirtió que ello depende en buena medida de la actitud de los norteamericanos ante la cuestión de Taiwán, la isla en la que se refugiaron los nacionalistas chinos en 1949, tras ser derrotados por los comunistas. Esa isla se constituyó en estado independiente de facto, con apoyo norteamericano. Hoy es un lugar importante por su especialización en la fabricación de chips avanzados. Taiwán fabrica el 90% de los chips más avanzados del planeta. La República Popular China dice que Taiwán es China y que más pronto que tarde se deberá proceder a la reunificación. Para Xi la cohesión nacional china pasa ahora por Taiwán.

Aparentemente, la reunión de Pekín ha concluido sin grandes acuerdos. La letra pequeña la iremos viendo en los próximos días y semanas. Trump dice que Xi se ha mostrado muy interesado en la reapertura del estrecho de Ormuz y en la eliminación del peaje instaurado por los iraníes. Coincidiendo con la cumbre de Pekín, Irán ha dejado pasar a treinta petroleros con rumbo al mercado asiático, medida que favorece a China y Japón. Uno de ellos era un superpetrolero chino con dos millones de barriles de crudo iraquí. China pidió ayer reabrir Ormuz cuanto antes y abrir también una puerta de diálogo con Irán. En paralelo, Trump se dirigía a las autoridades de Taiwán y les decía: “Ahora no es el momento de hablar de independencia”. También ayer se anunciaba una prolongación del alto el fuego de Israel en el sur del Líbano. Es evidente que varias piezas se están moviendo.

¿Qué hará Irán? ¿Le puede obligar China a abrir Ormuz y dejar de cobrar peaje? China compra el 90% del petróleo iraní. China necesita ese petróleo, aunque haya acumulado grandes reservas en previsión de una crisis. El régimen iraní necesita vender petróleo para sobrevivir. Todos se necesitan. Arabia Saudí parece favorable a un nuevo equilibrio de fuerzas en Oriente Medio que no excluya a Irán. Trump necesita salir del lío de Ormuz lo antes posible sin que parezca una derrota, y pronto, muy pronto, colocará el foco sobre Cuba. Quizás China compre a los granjeros del Medio Oeste muchas toneladas de soja antes de las elecciones de medio mandato. La balanza tiene varios platos y vemos cómo se van colocando pesas en cada uno de ellos. El presidente ruso Vladímir Putin ha sido convocado en Pekin para dentro de dos semanas.

Enric Juliana
Enric Juliana
Adjunto al director

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.