Tras su estelar actuación del 2022, cuando le dieron el Gordo al popular Juan Manuel Moreno Bonilla, que casi había comprado el décimo en el plan de ese clásico de no vaya a ser que toque el número que he tenido delante de los morros mientras tomaba café, los Niños de San Ildefonso se preparan para una nueva noche electoral en la que, a priori, están llamados a ser los grandes protagonistas. Aunque, claro, puede pasar de todo, como que no lleguen ni a poner los pies fuera de la estación del AVE de Santa Justa, sin que nadie se entere de su viaje a Sevilla.
Si el escenario fuese el que han dibujado los sondeos previos, de continuidad, el desenlace sería de nuevo una gran tómbola
Si la situación es la que han dibujado los sondeos, que perfectamente podría no serlo pero de momento es la que hay, estas autonómicas son de nuevo una gigantesca y apasionante lotería. Ocho bombos, tantos como circunscripciones electorales tiene Andalucía, decidirán si Moreno Bonilla recibe de nuevo el premio de la mayoría absoluta o si recae en sus rivales, al dejarlo en manos de Vox, siempre en cualquier caso en el presidencial palacio de San Telmo.
La trayectoria de las encuestas en los últimos lustros en la península Ibérica no es precisamente para tirar cohetes, aunque también es cierto que sus fallos a menudo se han magnificado por tomar como un resultado lo que es un vaticinio y por errores, con frecuencia interesados, en su lectura.
En el 2022 Moreno tuvo una suerte enorme y el escenario no parece haber cambiado, pero no hay que descartar nada, como que el resultado sea claro, sin sorteo de infarto
Así que sólo existen dos certezas. Una, de carácter fáctico, consiste en que el PP sacó su holgada mayoría absoluta del 2022 por 2 décimas, 7.223 votos de margen que le dieron el último escaño en disputa en cuatro de las ocho provincias. La otra, producto de percepciones, reside en que no se vislumbran trazas de un cambio significativo en el escenario político andaluz.
Sin embargo, podría perfectamente suceder que lo hubiese y que haya pasado desapercibido para la demoscopia. Si prima la continuidad y todo depende de los Niños de San Ildefonso, Moreno podría perder la mayoría absoluta incluso subiendo en porcentaje de voto, como le pasó al popular Jaume Matas en Balears en 2007, pese a avanzar más de un punto.Y también podría obtenerla con un resultado todavía inferior al exiguo 43,1% de hace cuatro años. E incluso menor, por ejemplo, que el 42,8% del socialista valenciano Joan Lerma, que tiene el récord de hacerse con la hegemonía parlamentaria con la proporción de votos más baja de la historia de la España autonómica.
El recuento promete, a la espera de lo que vayan cantando los Niños de San Ildefonso, pero con una intriga mucho mayor que la de un 22 de diciembre, pues el sorteo podría no celebrarse y haber una resolución clara, de un signo u otro.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.