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Volver a votar en Andalucía

Moreno Bonilla podría amenazar con la repetición electoral si Vox le aprieta demasiado

Volver a votar en Andalucía
Juan Manuel Moreno Bonilla posa para una fotografia para 'La Vanguardia'Àlex Garcia / Archivo
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  • 01Una vez conocido el resultado de las elecciones en Andalucía, esa mayoría absoluta perdida por poco, por unos cocientes  adversos en la aplicación de la ley d’Hondt en las provincias de Sevilla, Málaga, Cádiz, Córdoba y Huelva, la cuestión es si Juan Manuel Moreno Bonilla  se plantará ante Vox para señalar aquellos puntos en los que no está dispuesto a transigir, con la advertencia de ir a una repetición de elecciones si le aprietan demasiado.
  • 02Una línea en la arena de la playa de Sanlúcar de Barrameda: “De aquí no paso”.
  • 03Sería, también, una manera de presionar al PSOE para que conceda la abstención en la investidura, puesto que María Jesús Montero  no parece estar en condiciones de ir a una repetición electoral.
  • 04Ha sido muy mala idea presentar a la ministra de Hacienda como cabeza de cartel.

Una vez conocido el resultado de las elecciones en Andalucía, esa mayoría absoluta perdida por poco, por unos cocientes  adversos en la aplicación de la ley d’Hondt en las provincias de Sevilla, Málaga, Cádiz, Córdoba y Huelva, la cuestión es si Juan Manuel Moreno Bonilla se plantará ante Vox para señalar aquellos puntos en los que no está dispuesto a transigir, con la advertencia de ir a una repetición de elecciones si le aprietan demasiado. Una línea en la arena de la playa de Sanlúcar de Barrameda: “De aquí no paso”.

Sería, también, una manera de presionar al PSOE para que conceda la abstención en la investidura, puesto que María Jesús Montero no parece estar en condiciones de ir a una repetición electoral. Ha sido muy mala idea presentar a la ministra de Hacienda como cabeza de cartel. Hasta la fecha, la iniciativa de presentar ministros al frente de las listas autonómicas del PSOE está resultando catastrófica. La ministra portavoz Pilar Alegría también se estrelló en Aragón. Las perspectivas de Diana Morant, ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, en la Comunidad Valenciana no son en estos momentos muy halagüeñas, pese a la debilidad objetiva del PP valenciano después del escándalo Mazón. El actual ministro de Transformación Digital y Función Pública, Óscar López, tampoco parece muy entusiasmado por la batalla de Madrid, pese a los errores que está cometiendo Isabel Díaz Ayuso. Ayuso ha entrado en contacto espiritual con Hernán Cortés para evitar que Vox le rompa la mayoría absoluta en Madrid, y dibujó su propia caricatura en México ante una gobernante solida como es Claudia Sheinbaum, que la estaba esperando, diríase que con ganas. México es el país más importante de Hispanoamérica.

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No ha sido una buena táctica la de los ministros movilizados. Jamás desde 1977 un ministro de Hacienda había encabezado una batalla electoral de altura en la España democrática. Josep Borrell, secretario de Estado de Hacienda con Felipe González, no llegó a disputarle la presidencia a José María Aznar en las urnas. Al Partido Popular de Mariano Rajoy nunca se le habría ocurrido presentar al jienense Cristóbal Montoro como candidato a presidir la Junta de Andalucía. Los ministros de Hacienda no atraen a las masas; las repelen. Pedro Sánchez tiene un innegable talento en la política exterior, pero no siempre es un zorro plateado en la política interior. Demasiado táctico. Más que ganar en Andalucía, quería mantener controlado al PSOE andaluz. Ese objetivo es posible que lo consiga, al menos hasta 2027. Sacrificar piezas hasta librar la batalla final. Esta parece ser su táctica. Es un planteamiento de general ruso.

Moreno Bonilla amenazando con la repetición electoral que María Guardiola ni en sueños pudo plantear en Extremadura cuando las cosas se pusieron feas con Vox hace un par de meses. Ese paso de baile no lo vamos a ver en las próximas horas, ni en los próximos días. La liturgia institucional tiene sus tiempos. Sería un paso arriesgado. El PSOE podría pasarlo muy mal, pero vete a saber cuál sería la reacción de los electores. Andalucía es mucha Andalucía.

Vox también sabe que la de Andalucía no va a ser la negociación de Extremadura ni la de Aragón, ni mucho menos la de la Comunidad Valenciana, de manera que ya han adelantado que no quieren sillones en el futuro gobierno regional. Lo más lógico es que modulen sus exigencias para preservar su principal logro este pasado domingo: la percepción social de que Vox sigue contando, pese a las disensiones internas, pese a su lealtad inquebrantable a la figura de Donald Trump, digan lo que digan las izquierdas, los liberales antiguos, y los católicos sociales. Vale la pena votar a Vox para darle la vuelta a la tortilla y hacer que la izquierda se vaya a casa por mucho tiempo. Este es el marco mental que Santiago Abascal querrá preservar, aunque tenga que pisar el freno en Sevilla.

Estamos hablando de la posibilidad de generar una nueva hegemonía política y cultural de largo recorrido en España. Una nueva hegemonía que reenfoque la economía, que modifique reglas sociales, que divida aún más a los nacionalistas catalanes –ya está pasando con Aliança Catalana– e invite al PNV al máximo pragmatismo. Vox sería el guardián de esa España distinta, en línea directa con Washington. No es poco.

El Partido Popular cuenta con casi todo a favor. Cuenta con mucha artillería. Está claramente por encima del 30% del voto en todas las estimaciones, es muy fuerte en el Sur, encabeza el sistema de poder Madrid DF, gobierna la mayoría de las autonomías y de las capitales de provincia, tiene el apoyo de las clases medias tradicionales en casi todo el país, cuenta con la simpatía de la CDU alemana. Es, en definitiva, el principal pivote del bloque dominante. El PP lo tiene casi todo a favor, pero su líder no entusiasma. Alberto Núñez Feijóo necesitaba la mayoría absoluta en Andalucía para proyectar poder, para anclar la idea de que la futura victoria del Partido Popular es inexorable, aunque él no sea el más simpático del repertorio. Victoria por demolición del adversario, por la vía política y judicial. Derribo del adversario a cañonazos hasta que no quede nada en pie. Esta es una táctica bastante obsesiva en Feijóo. Ya la practicó en Galicia. Es también una idea de general ruso.

El resultado andaluz nos dice que el partido sigue abierto porque ha aparecido un boquete en el lado izquierdo con el que no se contaba. Un boquete apto para la respiración. Ese 16% que suman Por Andalucía y Adelante Andalucía significa algo. Ese 16% está por encima del 13,8% cosechado por Vox.  Significa que hay una corriente de aire. No habrá seguramente una candidatura unitaria a la izquierda del PSOE, es casi imposible, puesto que han quemado la confianza entre sus cuadros. Cuatro mil cuadros en toda España. Cuatro mil personas con una cierta cultura política acumulada y una cierta capacidad de influencia. Quizás eran más. Han acabado todos peleados. Buena parte de ese ese espació social que Gabriel Rufíán dibuja con lápiz de carbón podría acabar votando a Sánchez según como vayan los dados. Los resultados de las próximas elecciones generales pueden romper esquemas. Con el PP pendiente de Vox en Andalucía será más difícil disciplinar a la España que duda, dibujando un destino inexorable.

María Jesús Montero 
María Jesús Montero Emilia Gutiérrez / Archivo

Hay incentivos para todos. El Partido Popular tiene derecho a sentirse fuerte porque un 41,6% de los votos en Andalucía y un 43% en Extremadura no es una broma. Caray, eso es mucho. El PP controla hoy el sur de España.

Vox también tiene incentivo: sigue creciendo pese a Trump y las entrevistas que concede Iván Espinosa de los Monteros. Hay un público Vox que ya ha cristalizado, con su propia cultura política, con su sistema de señales, con sus redes, muy impermeable a lo que digan los grandes medios de comunicación convencionales.

El PSOE estaría hoy ante una muy negra perspectiva si Moreno Bonilla hubiese revalidado la mayoría absoluta. Su resultado es malo, el peor de su serie histórica en unas autonómicas andaluzas, pero puede rebotar hacia arriba en unas generales. ¿Se puede ir más allá del 35% en unas generales con un suelo autonómico del 22,7% en Andalucía? Hace diez años, la respuesta sería tajante: no. Pero las dinámicas políticas y sociales han cambiado. Las redes han electrificado los resultados electorales. Estamos en una fase de gran elasticidad. Hace una década, el PSC estaba casi muerto en Catalunya; hoy gobierna sus principales instituciones como gestor moderantista de una sociedad agotada por el procés, pero si se descuida con los trenes de cercanías y se le encadenan nuevos y viejos malestares, puede volver a una posición subordinada. En pocas palabras, todo se mueve más rápido.

El candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, este domingo
El candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, este domingoRomán Ríos / EFE

Podemos puso en jaque al sistema político hace doce años, llegó a ganar las elecciones generales en Catalunya y Euskadi, y hoy ve como sus antiguos compañeros anticapitalistas de Adelante Andalucía, a los que consideraban algo marginales por su filiación trotskista, triunfan gracias a un hábil regreso a la artesanía política: proximidad, sencillez, radicalidad con propuestas muy concretas, todo ello adornado con el reclamo emotivo del andalucismo. Adelante Andalucía es una reverberación de Podemos, con una corrección de carácter: menos arrogancia y más sentimentalismo. Querrán presentarse solos a las elecciones generales, siguiendo la estela del andalucista Alejandro Rojas Marcos en los años transitivos.

Hay incentivos para todos y por ello será más difícil disciplinar la política española ante los grandes interrogantes europeos que plantea 2027, año en que también se votará en Francia, Polonia e Italia. De las elecciones de Andalucía no sale una dinámica favorable a una futura entente entre PP y PSOE. Los dos pueden ganar absorbiendo a sus extremos. Tienen ante sí un año de duro combate táctico por delante.

¿Tendrá Moreno Bonilla la audacia de plantear una repetición electoral si le aprietan demasiado?

Enric Juliana
Enric Juliana
Adjunto al director

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.