Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a trazar su propio perímetro político. Y saltándose el tablero dispuesto por el Partido Popular nacional para las negociaciones autonómicas, la presidenta de la Comunidad de Madrid no ha titubeado ni un poco para situarse en las antípodas del discurso migratorio de Vox acusando a la formación de Santiago Abascal de emplear argumentos con “tinte racista”.
El choque no pasaría de ser un lance habitual en el Parlamento madrileño si no fuera por la onda de choque que genera en la estrategia nacional. Alberto Núñez Feijóo mantiene desde hace meses un pragmático juego de equilibrios con Vox en distintas autonomías, donde ambos partidos comparten o han compartido cuotas de poder, y donde los populares dependen de la extrema derecha para armar mayorías frente al PSOE.
En ese tablero, la contundencia mostrada este jueves por Ayuso en la Asamblea de Madrid introduce un elemento de fricción interna. Mientras Génova opta por una confrontación medida y evita el choque ideológico frontal, la baronesa madrileña ha decidido elevar el listón para defender el modelo de apertura migratoria de la región frente a la “prioridad nacional” aceptada por Mañueco (Castilla y León), Guardiola (Extremadura) y Azcón (Aragón) . Y por eso ha acusado a Vox de orquestar un relato basado en la alarma social, la xenofobia latente y el colapso de los servicios públicos.
“Se necesitan Pedro Sánchez y Vox cada día, y lo demuestran siempre”, ha verbalizado Ayuso nada más comenzar la sesión de control al Gobierno que preside. Una equiparación -la de los extremos que se retroalimentan- con la que la presidenta busca sacudirse la presión. Porque, aunque ha descargado la responsabilidad de la gestión migratoria en el Palacio de la Moncloa, el grueso de su réplica se ha dirigido a desarmar el armazón discursivo de Vox.
Previamente, la portavoz de la extrema derecha en Madrid, Isabel Pérez Moñino, había censurado el modelo demográfico de la Puerta del Sol, acusando al Ejecutivo autonómico de auspiciar un crecimiento poblacional descontrolado que “perjudica” a los ciudadanos españoles. Un armazón retórico habitual basado en la “presión demográfica” y la inseguridad.
Ayuso, sin embargo, ha mutado el debate ético en pragmatismo económico. Defendiendo el peso de la inmigración en el PIB madrileño, especialmente en la construcción, donde cifra en un 25% la mano de obra extranjera. “Gracias a los inmigrantes podremos construir viviendas”, ha esgrimido.
Más allá del cuerpo a cuerpo, el episodio destapa la asimetría que convive en la derecha española. Mientras el PP nacional intenta cohabitar parlamentariamente con Vox sin mimetizar su lenguaje, Ayuso se exhibe libre de ataduras gracias a su mayoría absoluta.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.