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Tarjeta azul a la derecha española

Detrás del enfado francés con Rajoy está el bloqueo del PP al tratado de amistad España-Francia

Tarjeta azul a la derecha española
Emmanuel Macron y Pedro Sánchez, tras la firma del Tratado de Barcelona, el 19 de enero del 2023 en Montjuïc.Archivo
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  • 01Francia acaba de mostrar tarjeta azul a la derecha española, con un enfado sin precedentes en los últimos años.
  • 02La tarjeta azul dice: “Las facturas las pasamos al cobro”.
  • 03Es imposible disociar la airada reacción del Gobierno francés ante un mal artículo de Mariano Rajoy  en un diario digital de segunda fila del enfado acumulado en el Eliseo ante la deliberada decisión del Partido Popular de  bloquear indefinidamente la aprobación parlamentaria del nuevo tratado de amistad entre Francia y España.  Al leer la gacetilla de Rajoy, alguien importante en París ha dado la orden de ataque.
  • 04Cuatro ministros franceses, incluido el titular de Asuntos Exteriores, no salen a calificar de “racista” a un exprimer ministro español, sin conocimiento previo del presidente de la República.

Francia acaba de mostrar tarjeta azul a la derecha española, con un enfado sin precedentes en los últimos años. La tarjeta azul dice: “Las facturas las pasamos al cobro”.

Es imposible disociar la airada reacción del Gobierno francés ante un mal artículo de Mariano Rajoy en un diario digital de segunda fila del enfado acumulado en el Eliseo ante la deliberada decisión del Partido Popular de bloquear indefinidamente la aprobación parlamentaria del nuevo tratado de amistad entre Francia y España

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Al leer la gacetilla de Rajoy, alguien importante en París ha dado la orden de ataque. Cuatro ministros franceses, incluido el titular de Asuntos Exteriores, no salen a calificar de “racista” a un exprimer ministro español, sin conocimiento previo del presidente de la República.

Matan varios gallos de un tiro. Se cobran una factura, mandan un aviso a la derecha española para los tiempos venideros, arrastran consigo al Reagrupamiento Nacional, el partido de Marine Le Pen, que no puede permanecer callado si se cuestiona la identidad nacional de los futbolistas franceses, sean blancos o negros; calientan el ambiente y animan a Les Bleus a saltar esta noche al campo como fieras.

Rajoy no consiguió tan altas cotas de visibilidad internacional durante sus siete años en el Gobierno, puesto que él se preocupaba de Soria y no de Siria. Un día que se ocupa de Francia, va y la lía. La andadura de los expresidentes ofrece muchas sorpresas últimamente en España.

Vayamos al fondo del asunto: el pertinaz bloqueo del tratado de amistad entre España y Francia. Firmado el 19 de enero del 2023, aún no ha sido convalidado de manera definitiva por el Parlamento español. Han pasado más de tres años. Si eso ocurriese entre Francia y Alemania estaríamos ante una grave crisis política.

El Gobierno tuvo problemas en la primera votación en el Congreso por la abstención de Junts y Podemos. El Partido Popular también quería abstenerse, pero al ver que Pedro Sánchez podía morder el polvo, pasó inmediatamente al voto en contra. La excusa es una cláusula que contempla la posibilidad de que un ministro francés pueda participar periódicamente en las reuniones del Consejo de Ministros de España, y viceversa. Esa cláusula figura en los nuevos tratados de amistad de Francia con Alemania, Italia y Polonia, y no ha pasado nada en esos países. En el caso de Italia, simplemente no se ha activado. No es una cláusula obligatoria. Es un gesto europeísta, federalista, compartido por los países de mayor peso en la Unión.

El pasado 18 de junio, el Tratado de Barcelona fue aprobado por el Congreso. Junts y Podemos votaron esta vez a favor, después de diversas gestiones de los gobiernos de París y Madrid. Queda pendiente el Senado, donde el PP ha puesto en marcha una nueva maniobra dilatoria, puesto que su voto adverso en la Cámara Alta no sería decisorio. El tema ha de volver al Congreso, la cuestión ahora son los tiempos. El PP ha pedido un informe al Tribunal Constitucional que puede retrasar el trámite durante varios meses. El convenio hispano-francés puede acabar decayendo dada la proximidad de elecciones en ambos países. Cargarse un tratado de amistad entre España y Francia en las actuales circunstancias de la Unión Europea no es poca cosa. Alberto Núñez Feijóo ha cometido una temeridad estratégica, que ahora le estalla en las manos por una gracieta de Rajoy, el político guasón que quiere parecer apolítico.

La respuesta diplomática francesa ante la maniobra dilatoria del Senado fue muy comedida hace unos días, pero han hallado la excusa para sacar la artillería. Expresan su enfado, reivindican la Francia republicana, le quitan la iniciativa a los lepenistas, canalizan la tensión social, calientan el partido y avisan a España para los tiempos venideros.

Con Marine Le Pen en la presidencia de Francia no habría más algodones, habría más nacionalismo. Los lepenistas también calificaron ayer a Rajoy de “racista”.

Volvamos al fondo del asunto: el bloqueo del tratado de amistad entre España y Francia. Ese acuerdo se firmó en enero del 2023 después de un año de trabajo del aparato diplomático de ambos países. Negociación intensa y minuciosa, en la que destacó la implicación del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, antiguo embajador de España en París, y el trabajo silencioso del anterior embajador de Francia en España, Jean-Michel Casa, un europeísta convencido. Inicialmente, el tratado se tenía que haber firmado en Madrid, pero el Gobierno español planteó en el último momento que la firma tuviese lugar en Barcelona el 19 de enero del 2023.

Después del indulto de los dirigentes independentistas catalanes que se hallaban en prisión, la situación política en Catalunya se estaba calmando de manera manifiesta. Presidía la Generalitat, Pere Aragonès, de Esquerra Republicana, al frente de un gobierno en minoría. Sánchez eligió Barcelona para enfatizar esa nueva etapa y mostrar a Macron una ciudad en calma desde el mirador de Montjuïc. Se acabó el tiempo en que los presidentes del Gobierno español tenían que estudiar muy bien sus itinerarios oficiales en Barcelona. Sánchez, cuya primera visita oficial a Barcelona como presidente tuvo lugar con barricadas en algunas calles, mostró a Macron el final del procés desde la montaña de Montjuïc. Abajo, en la plaza de España, los independentistas organizaron una manifestación de protesta que no tuvo demasiado alcance.

El punto más novedoso del tratado, al que el Partido Popular y Vox se aferran para justificar su voto negativo, es la cláusula que abre la posibilidad de que un ministro francés participe de manera periódica en las reuniones del Consejo de Ministros español, y viceversa. Esa misma cláusula, como decíamos, figura en los nuevos tratados de amistad de Francia con Alemania, Italia y Polonia, renovados en los últimos años. Francia y Alemania van más allá y celebran cada año una reunión conjunta de sus respectivos gobiernos al completo.

Es un ritual de apareamiento europeísta en momentos de turbulencia. Se quiere transmitir el mensaje de que los países de mayor peso podrían estar dispuestos a una mayor cesión de soberanía nacional con tal de reforzar la UE. Estamos hablando de ese grupo de cinco o seis países que podrían integrar el núcleo duro de una Unión Europea a dos velocidades. “La unión dentro de la Unión”, en palabras de Mario Draghi, autor del informe que hace dos años advertía que apenas queda tiempo para una reacción europea ante las nuevas dinámicas del mundo.

Han pasado tres años desde la firma del Tratado de Barcelona y aún no está del todo aprobado. El Parlamento francés lo convalidó el 20 de marzo del 2025 con el voto en contra del Reagrupamiento Nacional y de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Fue un acuerdo de la Comisión Parlamentaria de Asuntos Exteriores, puesto que en Francia no se requiere el voto del pleno. Los lepenistas no estaban de acuerdo con la cláusula sobre los ministros visitantes, y los ‘insumisos’ quisieron expresar su oposición a la colaboración militar entre Francia y España en el marco de la OTAN.

En España, donde sí hace falta el voto del pleno, Vox denunció que la presencia de ministros extranjeros en las reuniones del Gobierno sería contraria al artículo 98 de la Constitución, que  define la composición del Consejo de Ministros y sus atribuciones. El Partido Popular se inclinaba por la abstención (se abstuvo en la deliberación previa en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso), pero pasó al voto negativo cuando percibió que el Gobierno podía quedar en minoría, por la deserción de Junts y Podemos. Carles Puigdemont quiso hacerle pagar a Sánchez la escena de Barcelona, y Podemos se alineó con Mélenchon. Vox y PP votaron en contra.

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la presentación de su libro 'El arte de gobernar'
El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la presentación de su libro 'El arte de gobernar'Archivo

Ambos gobiernos encajaron el golpe y empezaron a trabajar de cara a una segunda votación parlamentaria en España. El Gobierno francés, por ejemplo, ha venido apoyando el reconocimiento del catalán, el vasco y el gallego como lenguas oficiales de la Unión Europea. ¿Cómo es posible? ¿La centralista Francia apoyando la oficialidad de lenguas ‘regionales’ en Bruselas? Aunque parezca mentira, esa es la realidad. El gobierno francés ha apoyado esa iniciativa y el gobierno alemán la está bloqueando. Los centralistas franceses están de acuerdo en la excepción catalana, y los federalistas alemanes la torpedean. Curioso. El presidente francés Emmanuel Macron ha querido apoyar la estabilidad del actual Gobierno de España, observando con mucha prevención la posibilidad de un futuro gobierno PP-Vox al sur de los Pirineos, mientras que el canciller alemán Friedrich Merz, situado más a la derecha que Angela Merkel, apoya de manera manifiesta a Alberto Núñez Feijóo, con la intercesión de Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo. Creo que nos vamos acercando al núcleo del asunto.

Los franceses han movilizado a sus dos cámaras de comercio en España, especialmente a la Cámara de Comercio Francesa en Barcelona. Han hablado con el empresariado y consiguieron el mes pasado un cambio de posición de Junts. A su vez, Albares se trabajó el cambio de posición de Podemos. Para hacer más digerible la cláusula de los ministros extranjeros, el Gobierno español ha introducido una adición en la que se establece que no estarán presentes en las reuniones ordinarias del Consejo de Ministros, sino en sesiones específicas. Con ese matiz en el argumentario, representantes de la diplomacia francesa pulsaron al  Partido Popular. Hubo contactos con el diplomático Ildefonso de Castro, nacido en Galicia, exembajador en Irlanda, exsecretario de Estado de Asuntos Exteriores durante el mandato de Rajoy, actual asesor de Núñez Feijóo en política exterior. No ha habido cambio de posición. No es no. El pasado 18 de junio, el Congreso aprobaba el tratado con el persistente voto en contra de PP y Vox. Quedaba pendiente el Senado, donde los populares han puesto en marcha una nueva maniobra dilatoria. No quieren que el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia quede aprobado durante esta legislatura.

Once inicial de la selección francesa ante Marruecos en cuartos de final del Mundial 2026
Once inicial de la selección francesa ante Marruecos en cuartos de final del Mundial 2026Paul Childs / Reuters

No estamos hablando de un asunto menor. Ese tratado tiene un alto valor simbólico en términos políticos, expresa la voluntad de seguir avanzando por la senda del federalismo europeo y, a la vez, importa a los intereses materiales de mucha gente. Francia es el principal socio comercial de España en el mundo, catorce millones de personas viven en las zonas transfronterizas —objeto de especial atención en el convenio—; hay centenares de empresas con intereses cruzados en ambos países, y cuestiones muy sensibles en juego, como las conexiones energéticas y ferroviarias.

En ese plano, Francia juega con ventaja geográfica y defiende sus intereses. España necesita más conexiones transfronterizas para exportar más electricidad a Europa; se mantiene en pie, por el momento, el ambicioso proyecto de una conducción submarina entre Barcelona y Marsella para el transporte de hidrógeno; el corredor ferroviario mediterráneo necesita la modernización del tramo Perpiñán-Montpellier, y el corredor atlántico necesitaría llegar a Burdeos. La relación España-Francia es un asunto de primer orden y alguien ha decidido jugar frívolamente con ese dossier. Es asombrosa la indiferencia de Núñez Feijóo ante la política exterior. No parece importarle mucho, al igual que a Mariano Rajoy, como acabamos de comprobar de nuevo. Escuela Romay Beccaría. Un conservadurismo gallego cuasi mineral.

Los franceses están enfadados y han aprovechado la torpeza de Rajoy para sacar la artillería. Tarjeta azul. Se acercan momentos políticamente decisivos en Francia y España. Sorprende el empeño del PP en querer mostrar sus aristas, subrayando estos días que los cambios pueden ser bruscos y acaso traumáticos.

Esta noche, emoción con trasfondo político.

Enric Juliana
Enric Juliana
Adjunto al director

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.