01Por orden de urgencia mediática: vivienda, diésel y gas.
02Catálogo completo: vivienda, carburantes, inflación, Ceuta y Marruecos, y lo que pueda salir de los juzgados en las próximas semanas.
03Esos son los problemas más importantes que el Gobierno español tiene sobre la mesa después de un verano infernal.
04Diésel, gas vivienda.  El próximo martes tendremos noticia de esa trilogía puesto que el Consejo de Ministros intentará aprobar sendos decretos para hacer frente a la indignación social que ha provocado el dramático desahucio de la señora  Maricarmen Abascal  en Madrid, y paliar el encarecimiento de los carburantes como consecuencia de la brutal crisis geopolítica en Oriente Medio.
Diésel, gas, vivienda. Por orden de urgencia mediática: vivienda, diésel y gas. Catálogo completo: vivienda, carburantes, inflación, Ceuta y Marruecos, y lo que pueda salir de los juzgados en las próximas semanas. Esos son los problemas más importantes que el Gobierno español tiene sobre la mesa después de un verano infernal. Diésel, gas vivienda.
El próximo martes tendremos noticia de esa trilogía puesto que el Consejo de Ministros intentará aprobar sendos decretos para hacer frente a la indignación social que ha provocado el dramático desahucio de la señora Maricarmen Abascal en Madrid, y paliar el encarecimiento de los carburantes como consecuencia de la brutal crisis geopolítica en Oriente Medio. Decreto para rebajar la creciente tensión social que suscita el problema de la vivienda. Decreto para atemperar una inflación que vuelve a crecer como consecuencia de la guerra. Decretos de emergencia, puesto que la sensación de emergencia regresa con fuerza, a puñetazo limpio.
Poco más se puede añadir a lo que se ha explicado estos últimos días sobre el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, enferma, que fue desalojada por la fuerza pública tendida en una camilla, tras la definitiva extinción de un contrato de alquiler de renta antigua. Una escena muy dramática. No estamos hablando solamente de la carestía de la vivienda. Estamos hablando de una sensación general de fragilidad en un tiempo en el que cada dos días se anuncia el fin del mundo, por la guerra, el clima, o la inteligencia artificial. Cuando la atmósfera está muy cargada, una chispa puede provocar un incendio. Ha sucedido. La chispa que enciende la indignación. Aires de motín, puesto que Madrid es ciudad propensa a los estallidos de ira popular. Los hemos visto varias veces en los últimos 25 años. El aticazo y la anciana desahuciada. Manifestaciones de protesta en otras ciudades de España. Oleada de indignación que obliga al jefe de la oposición,Alberto Núñez Feijóo, a pedir una "solución excepcional" para Maricarmen.
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Ha sido la semana del gas pimienta en el Congreso, la escena más chusca que se recuerda en el Parlamento español desde hace años. Ha sido una semana de escozores e irritaciones. La derecha tiene miedo a los sobresaltos sociales, recuerda otros momentos en los que la dirección del viento cambió de golpe, y se ha recomendado prudencia. Ningún exponente del Partido Popular ha salido estos días a la palestra para decir que Maricarmen debía haber ahorrado más para la vejez, en vez de confiar en la perdurabilidad de un alquiler de renta antigua. Esto se ha escrito en las redes sociales. Ningún representante político de cierto relieve ha querido hablar estos días como un hater. Prohibido equivocarse. Con el gas pimienta ya ha sido suficiente.
Corresponde a la izquierda abordar el problema desde el Gobierno. Le quedan pocos meses para demostrar que todavía tiene pulso. Pedro Sánchez trabaja para recuperar aliento después del trompazo de Ceuta, y lo que queda de Sumar intenta su reconstrucción. Adoptarán el nombre de Frente Amplio y siguen buscando candidato o candidata para encabezar sus listas. Esta semana, la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha levantado el dedo, proponiendo que Sumar salga del Gobierno si no hay solución para los desahucios.
Sánchez y sus aliados de izquierda convergen estos días sobre la figura apostólica de Zohran Mamdani, portador de una buena nueva para la izquierda occidental: menos enfoques wokes y más cuestiones materiales, menos perspectiva de género y más medidas para facilitar el acceso a la vivienda. Olvidaos de la dispersión programática. Tres o cuatro puntos, no más. Mamdani gobierna la ciudad de Nueva York con un programa de cuatro puntos: vivienda, transporte público, protección de la infancia, cesta de la compra. Die Linke ha ganado las elecciones en la ciudad-estado de Berlín con un programa de tres puntos, encabezado por la vivienda. La izquierda alemana habla de expropiar miles de pisos en la capital federal para situarlos en el mercado en régimen de alquiler público.
Con el caso Maricarmen estamos ante una piedra de toque que podría modificar el curso de la agónica legislatura
Atención a los siguientes datos: en Nueva York, sólo el 51% de sus habitantes tienen la vivienda en propiedad. En Berlín, sólo el 15% dispone de vivienda en propiedad; la inmensa mayoría de la población berlinesa vive en régimen de alquiler. En España, el 73% de la población es propietaria de una vivienda. El porcentaje llegó a ser más alto y se está reduciendo por la dificutad de los jóvenes para acceder a la propiedad. Estamos hablando de tres mapas sociales muy distintos. El pequeño propietario español forma un cuerpo social muy amplio que se pone en guardia cuando oye a hablar de expropiación o de congelación de alquileres. Pero el decreto del martes no puede ser endeble. ¿Veremos a Junts y Podemos apoyando simultáneamente un decreto de urgencia? Estamos ante una piedra de toque que podría modificar el curso de la agónica legislatura. El PP lo ha visto pese a tener la nariz afectada por el gas pimienta.
Sube el gas y conforme a los mecanismos de revisión de tarifas, el recibo doméstico puede aumentar un 50% si el Gobierno no actúa durante el próximo mes de octubre. La tarifa regulada debería alinearse con los precios de mercado que han registrado un crecimiento interanual del 114% como consecuencia del jaleo de Oriente Medio. Bombardeo iraní de la principal planta de licuación de gas de Qatar, oclusión del estrecho de Ormuz y combates por el control del estrecho de Bab el Mandeb. La principal ruta de navegación comercial del mundo se halla en estado de guerra. Los barcos pasan, pero los fletes se han encarecido mucho. La puerta que comunica el golfo Pérsico con el océano Índico se halla en estado de guerra. La puerta que comunica con el mar Rojo y el canal de Suez, también. Se aproxima el invierno y hay que llenar las reservas. Muchos países han esperado, por si la tormenta amainaba en Oriente Medio. Ahora se acumula la demanda, y los precios suben.
Pronto oiremos hablar de la reintroducción de la excepción ibérica, un tope al precio del gas que se utiliza para la generación de electricidad, que fue autorizado a España y Portugal durante la escalada de precios del 2022, a raíz de la guerra de Ucrania. No es un mecanismo automático. No lo es. Habría que volver a negociarlo en la UE, en un momento de fuertes tensiones políticas y sociales. En Alemania, con sus reservas en el 57%, se empieza a hablar del riesgo de restricciones de gas en diciembre. En Francia temen que la gasolina llegue a costar tres euros el litro a final de año. Francia está enviando aviones y tropas a Arabia Saudí para reforzar la seguridad de las infraestructuras energéticas. En Italia, la empresa pública de hidrocarburos (ENI) acaba de anunciar un tope a los precios de la gasolina y el diésel.
Diésel. El petróleo ha subido y el encarecimiento del gasóleo es consecuencia de una acumulación de circunstancias que merecen ser mencionadas porque nos ilustran sobre la época. El mejor petróleo para la obtención de diésel es el de Oriente Medio por su densidad media, no muy ligero, como el petróleo de esquisto de Estados Unidos, ni muy pesado, como el petróleo venezolano o el de las arenas bituminosas del Canadá.
Primer problema: la oclusión de Ormuz, el bombardeo del oleoducto de Arabia Saudí construido para evitar pasar por ese estrecho vital. El petróleo ya cotiza de manera constante por encima de los cien dólares/barril. Segundo problema: Rusia, notable productor de diésel, ha suspendido sus exportaciones para preservar su mercado interior. Los ucranianos han aprendido a enviar drones hacia el interior de Rusia, están alcanzando Moscú y están atacando refinerías, algunas de las cuales han quedado seriamente dañadas o inutilizadas. Rusia deja de exportar diésel a Europa para proteger su mercado interior, pero también para presionar a una Unión Europea que en estos momentos está ayudando activamente a Ucrania.
El bombardeo del oleoducto de Arabia Saudí construido para evitar pasar por Ormuz es un problema añadido
Tercer problema: la capacidad de refino de la Unión Europea ha disminuido un 13% en los últimos años, tal y como explicaba Pier Giorgio Sandri ayer en La Vanguardia. ¿Por qué? Por qué Alemania y otros países creyeron en la paz perpetua con Rusia y con el resto del mundo: la esperanza de tiempos tranquilos para poder concentrarse en la agenda verde. Casi todos los países europeos dejaron de invertir en las refinerías. Algunas cerraron. Siete países de la UE no tienen refinerías de petróleo en su territorio. En un mundo en paz perpetua, las incómodas y humeantes refinerías podían estar lejos. Bastaba con pagar la importación.
Al empezar la guerra de Ucrania disminuyeron las compras de diésel ruso -no sujeto a embargo- y aumentaron las compras de diésel norteamericano, pese que sus calidades no son las mejores. Y aquí aparece el cuarto problema: el Gobierno de los Estados Unidos sopesa estos días la posibilidad de frenar durante 90 días las exportaciones de diésel para preservar su mercado interior y frenar el alza de los precios.
Estados Unidos cuenta ahora con un colchón energético: el petróleo de Venezuela
Los republicanos están muy asustados ante las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre: no han conseguido parar la guerra de Ucrania, se han equivocado en Irán, han perdido el control de Ormuz y Bab el Mandeb, Arabia Saudí esté en apuros. han surgido serios problemas en los desarrollos de la IA y están subiendo los precios, como consecuencia del encarecimiento de los carburantes. Estados Unidos cuenta, sin embargo, con un colchón energético: el petróleo de Venezuela.
El croquis es complicado pero creo que se entiende. Conquistaron el petróleo venezolano y se lanzaron a la aventura de Irán creyendo en una victoria fulgurante. En caso de haberla obtenido, Donald Trump marcharía hoy con laureles en la cabeza hacia el 3 de noviembre. No lo han conseguido y el fiasco lo va a acabar pagando Europa. Y Latinoamérica, en lo que al diésel se refiere. Se está dibujando un mes de diciembre complicado.
España es uno de los países europeos que no ha perdido capacidad de refino. No se ha cerrado ninguna planta y se ha invertido en ellas. Hay seis refinerías operativas en España y siete plantas de regasificación. Ningún otro país europeo dispone de tanta infraestructura pesada para la distribución de carburantes, pero el petróleo y el gas no lo regalan. Tiempo de emergencia. Vivienda, diésel, gas.
Enric Juliana
Adjunto al director
Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.