Tratar el problema de la vivienda desde la incontinencia populista no resolverá el abismo entre la demanda de pisos (de alquiler y de compra) y una oferta con demasiados agujeros negros especulativos. Una oferta que es fácil criminalizar con tópicos de expropiación bolivariana, más cómodos en la antropofagia entre progresistas que en el combate contra, por ejemplo, la conversión de España en paraíso inmobiliario narcotrafi-cante. La radicalidad y la indignación imponen un discurso en el que parece que el derecho a la vivienda solo pueda defenderse anulando el derecho a la propiedad privada.
A rebufo de esta inercia, Carlos Herrera (Cope) compara la acampada de la Puerta del Sol, que quiere presionar al Gobierno para que hoy apruebe el Decreto-parche Maricarmen, con las acampadas de Ceuta. Herrera dice que los perroflautas han vuelto y que es delirante que Yolanda Díaz llame a manifestarse contra el Gobierno al que pertenece. El pánico in extremis del Gobierno confirma que durante años la vivienda–y la educación– han seguido criterios más próximos a la incompetencia que a la eficacia y la justicia.
La contradicción de Rufián: admite que la izquierda ha fracasado y ha contribuido a ello
De este fracaso habló Salvados (La Sexta), con un experimento: entrevistar a Gabriel Rufián detrás de un espejo que, como en una rueda de reconocimiento, le permitía ver y escuchar las reflexiones de cinco votantes de izquierda decepcionados e indignados, pero simpatizantes del estilo Rufián. Es el típico experimento que la derecha no hará nunca porque no necesita recrearse en la pureza de unos valores que refuercen su narcisismo. Quedó claro que Rufián ha abandonado muchas de sus frivolidades y trampas de concursante de reality . Eso le ha reforzado como analista de una realidad alarmante a la cual, igual que Yolanda Díaz, también ha contribuido.
De los ciudadanos reunidos, la más dura fue Bea, que desplegó el repertorio radical de indignaciones que explican la acampada de Madrid, pero que sitúan las soluciones en un territorio de ucronías y de confrontación directa con el sistema. Con más músculo mediático que político, Rufián insistió en sus diagnósticos más recientes: que el sentimiento es más fuerte que la verdad, que lo que es evidente a menudo inasumible, que la izquierda debe inspirar y no avergonzar, que será más útil en Tik Tok que en las bibliotecas y que el futuro será terrible porque en la derecha y la extrema derecha hay “gente muy chunga”. Yo, que siempre he votado partidos de izquierda (menos en 1989, cuando, por un desliz psicotrópico, voté a Ruiz Mateos) y que conozco las grandezas y miserias de esta tribu, estoy en condiciones de afirmar que en la izquierda y la extrema izquierda también hay “gente muy chunga”. Con respecto a la facilidad para hacer diagnósticos, suscribo lo que, hablando del desastre educativo, dijo Antoni Gelonch en El suplement (Catalunya Ràdio): “No necesitamos más diagnósticos. Necesitamos más tratamientos”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.