Desde la muerte del general Franco no se recuerda un desplante español a la presidencia de la República Francesa como el que han protagonizado esta semana los dos partidos de la derecha. Portazo en la cara de Emmanuel Macron, uno de los pocos gobernantes de la Unión Europea que no quiso firmar a primeros de agosto la carta de censura a España después de los acontecimientos de Ceuta. No firmaron Francia, Portugal, Irlanda y Luxemburgo. No firmaron los vecinos más inmediatos de España, los países que más podían haber sufrido las consecuencias de una avalancha migratoria.
Media hora antes de que diese inicio la cena de gala que los Reyes ofrecían al presidente francés y a su esposa, la noticia llegaba al Palacio Real: el pleno del Senado acababa de bloquear por segunda vez el tratado de Amistad entre España y Francia, firmado el 23 de enero del 2023 en Barcelona. El jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo , no asistió a la recepción. Quizá quería protestar por algo; quizá no se atrevía a afrontar una situación manifiestamente incómoda. Motivos de agenda, han alegado desde el PP.
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Es la segunda vez que una cámara legislativa española vota en contra de ese tratado. Ya fue tumbado por el Congreso en mayo del 2025. El PP pensaba abstenerse, posición propia de un partido de Estado en la oposición, pero pasó al voto negativo al ver que Pedró Sánchez podía morder el polvo si Junts y Podemos se abstenían. Era la primera vez que el Congreso rechazaba un tratado internacional firmado por el Gobierno. Un signo evidente de deterioro institucional. La bandera del no la había levantado Vox: “No vamos a permitir que ministros franceses se sienten en el Consejo de Ministros. Ni Godoy habría autorizado eso”. (En Francia, el tratado fue convalidado en comisión parlamentaria con el voto en contra de los lepenistas y de los insumisos de Jean-Luc Mélenchon ).
Ardores de la España nacional. Aparentemente esta es la clave. El tratado incluye la posibilidad de que ministros de uno y otro país acudan a reuniones de gobierno de la otra parte. Así lo tiene establecido Francia con Alemania, Italia y Polonia, sin que se haya derrumbado la torre Eiffel. Es un tornillo más en el complejo engranaje de la Unión Europea. Un pequeño tornillo para que no chirríen las puertas de un vecindario que se está agriando. Ejemplo de ello, la cuasi ruptura de Italia con España este verano.
El pasado mes de junio, el Gobierno consiguió aprobar el tratado en el Congreso. La Cámara de Comercio Francesa de Barcelona habló con Junts, y Podemos también cambió de opinión. Cuando el expediente llegó al Senado en julio, el PP pidió que se pronunciase el Tribunal Constitucional. El TC emitió veredicto la semana pasada: es constitucional.
Tando da. Han votado en contra y ahora deberá formarse una comisión mixta Congreso-Senado, para deliberar. La última palabra la tendrá el Congreso dentro de unos meses. Si se adelanta el final de la legislatura, el tratado puede decaer. Si Marine Le Pen conquista la presidencia en mayo, ya veremos qué ocurre en París.
Desde el punto de vista europeo es una historia delirante. El portazo al presidente Macron en plena cena de gala con los Reyes pretende transmitir el mensaje de que la vida institucional está rota en España.
Angustias con Marruecos, mala cara a los franceses, aromas del siglo pasado.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.