Madrid y Helsinki han vivido durante décadas con preocupaciones en materia de seguridad muy diferentes. Finlandia tiene a Rusia al otro lado de una frontera de más de 1.340 kilómetros y una sociedad acostumbrada a convivir con esa amenaza. España mira hacia el Mediterráneo, el norte de África y el Sahel. Sin embargo, la guerra de Ucrania y el aumento de las amenazas híbridas han acercado dos flancos de Europa que hasta hace pocos años parecían tener poco que enseñarse.
Este nuevo escenario estará presente en el viaje de Estado que los Reyes inician hoy a Finlandia y que concluirá el 7 de octubre. La visita llevará a Felipe VI y Letizia hasta Helsinki y Rovaniemi y permitirá reforzar una relación que tiene una dimensión diferente desde la entrada de Finlandia en la OTAN en 2023.
“Hay cierta complementariedad estratégica”, explica Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano, sobre la experiencia de ambos países en la defensa de sus respectivas fronteras. Esa complementariedad responde a la estrategia de 360 grados que comparten España y Finlandia dentro de la OTAN y que consiste en que la amenaza no solo viene del este o del sur, sino que puede venir de cualquier sitio.
España participa desde hace años en la defensa del flanco oriental. Esa implicación llegará a Finlandia después de que Pedro Sánchez anunciara en julio el compromiso de aportar militares a las Fuerzas Terrestres Avanzadas de la OTAN allí. El despliegue está pendiente de concretarse.
La guerra híbrida ha contribuido a difuminar las fronteras europeas. A los tanques y aviones de las guerras convencionales se han sumado ciberataques, sabotajes, desinformación y drones capaces de generar alarma sin necesidad de ser detonados. Y estas nuevas amenazas afectan directamente a España, como se conoció hace solo unos días, cuando El Mundo publicó que los servicios de inteligencia de EE.UU. habían alertado a varios gobiernos sobre una posible operación rusa con drones contra España, Francia o Italia. “Un dron que simplemente sobrevuela y te invade el espacio aéreo, aunque no lleve misil, desestabiliza y genera una alarma”, explica García Encina. Y obliga además a desplegar una respuesta mucho mayor o paralizar durante horas una infraestructura crítica.
Finlandia lleva décadas preparándose para estas amenazas mediante un sistema de seguridad integrada donde autoridades, Fuerzas Armadas, empresas y sociedad civil participan en la respuesta ante una crisis. Entienden que la guerra híbrida no consiste sólo en disponer de capacidad militar para responder a una agresión, sino de conseguir que el conjunto del país esté preparado para resistirla. De ahí viene la recomendación de que los ciudadanos dispongan de suministros básicos para afrontar las primeras 72 horas de una emergencia.
Aunque con toda esta información podría parecer que Finlandia nos lleva mucha ventaja, lo cierto es que España no se queda atrás. “Tenemos mandos de ciber bastante potentes y en algunos ámbitos estamos bien preparados”, apunta García Encina. Destaca la experiencia de las Fuerzas Armadas en operaciones en el exterior, tanto en misiones de la OTAN, la Unión Europea y Naciones Unidas. Esto ha permitido desarrollar a los militares españoles un elevado grado de interoperabilidad con otros ejércitos aliados. Finlandia, por su parte, ha desarrollado capacidades específicas para operar en condiciones extremas -en un ambiente absolutamente helado, gélido y complicadísimo- y son de los pocos que saben moverse en el Ártico.
Sin igualdad entre norte y sur
La principal diferencia está en la cultura de defensa. Finlandia lleva décadas construyéndola ante un vecino como Rusia y el recuerdo de la Guerra de Invierno de 1939. La invasión de Ucrania terminó de transformar su percepción del riesgo y llevó al país a solicitar su entrada en la OTAN.
Pese a la estrategia 360, norte y sur no reciben la misma atención. La crisis de Ceuta ha evidenciado los límites de la solidaridad europea. Finlandia, en este sentido, sí mira al sur porque empatiza con España y comparte la misma visión en defensa . Existe , además, una responsabilidad histórica. España ingresó en la OTAN en 1982 y, cuarenta años después, la Cumbre de Madrid de 2022 invitó a Finlandia y Suecia a incorporarse. La entrada española reforzó el flanco sur y la de los países nórdicos, el norte. Ahora las amenazas híbridas les vuelven a unir.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.