Que la estética chic y la belleza de Zendaya y Robert Pattinson no engañen. El drama comienza como una típica comedia romántica, pero muta, sin previo aviso, en algo mucho más oscuro, perturbador y moralmente ambiguo. Charlie (Pattinson) es un joven historiador de arte instalado en Boston, desaliñado, tímido y con una torpeza adorable. Su vida cambia cuando conoce por azar en un café a Emma (Zendaya). Ella no responde a sus primeros intentos de conversación porque es sorda de un oído; él interpreta el silencio como desprecio y queda humillado. Cuando el malentendido finalmente se aclara, nace una historia de amor con la clase de anécdota perfecta para abrir un discurso de boda.
Hasta ahí, el director noruego Kristoffer Borgli juega con todos los códigos reconocibles del género. Todo cambia durante la prueba del menú de la boda, cuando Rachel (Alana Haim), amiga de Charlie, propone que cada uno confiese la peor cosa que hizo en su vida. Una revelación basta para desviar por completo el rumbo de la historia, que empieza a deformarse hasta convertirse en un thriller donde el humor negro convive con una tensión asfixiante. El cineasta, responsable de Dream scenario y Sick of myself, vuelve a tomar una situación cotidiana y deformarla hasta volverla absurda y algo aterradora. Esta vez, pone el foco en la necesidad humana de juzgar a los demás mientras encontramos excusas para nosotros mismos.
¿Aquello que alguien hizo (o estuvo a punto de hacer) en el pasado define para siempre quién es en el presente?
La gran pregunta que atraviesa el filme es si aquello que alguien hizo (o estuvo a punto de hacer) en el pasado define para siempre quién es en el presente. Dependiendo de cuánto crea el espectador en la posibilidad de redención, la perspectiva moral de la historia puede invertirse.
Pattinson convierte a Charlie en un personaje patético y entrañable, capaz de generar rechazo y compasión en una misma escena. Zendaya, por su parte, encuentra un registro mucho más contenido y misterioso, y comparte el personaje de Emma con Jordyn Curet, notable como su versión infantil y fundamental para comprender el núcleo más oscuro de la historia.
Aunque El drama probablemente divida al público –especialmente por sus decisiones narrativas extremas–, el filme obliga a preguntarse cuánto conocemos realmente a nuestra pareja y cuánto de nosotros mismos decidimos ocultar a los demás.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.