Hay algo profundamente incómodo en una pregunta sin respuesta. La exposición Un montón de preguntas sin respuesta, de Alex Reynolds (Bilbao, 1978) y Robert M. Ochshorn (California, 1987), parte de esa incomodidad para construir un dispositivo cinematográfico y político. La muestra podrá visitarse hasta finales de junio en La Virreina Centre de la Imatge, donde comparte cartel con la gran muestra dedicada a Jean-Luc Godard, La fraternidad de las metáforas.
El núcleo del proyecto es A Bunch of Questions with No Answers (2025), una película de veintitrés horas que registra todas las ruedas de prensa convocadas por el Departamento de Estado de Estados Unidos entre el 3 de octubre de 2023 y el 16 de enero de 2025 sobre el genocidio en Palestina.
‘Un montón de preguntas sin respuesta’ convierte la insistencia periodística en un archivo político colectivo
Durante esos encuentros, las respuestas institucionales solían desplegarse en forma de rodeos y fórmulas evasivas. Reynolds y Ochshorn decidieron suprimirlas por completo. El resultado es una letanía de interrogantes que escenifica la opacidad y los simulacros del discurso oficial ante la opinión pública.
Lo que antes eran intercambios fragmentarios se convierten así en un relato coral. La acumulación evidencia no solo la insistencia del periodismo, sino también la frustración ante la falta de aclaraciones. La película concluye con la última rueda de prensa de la administración Biden, justo antes del cierre temporal del Departamento previo a la toma de posesión de Donald Trump. A lo largo de dieciséis meses se repite la misma coreografía: preguntas documentadas, silencios y gestos contenidos por respuesta.
Eliminar las respuestas del Departamento de Estado no es un simple gesto formal: es una acusación
Reynolds, durante la presentación de la muestra, subrayó el carácter de homenaje del proyecto. Muchas intervenciones recordaban a periodistas asesinados y defendían el trabajo de quienes seguían informando sobre el terreno. “Era importante ver a los periodistas a lo largo del tiempo, cómo no se olvidaban de nada y cómo mantenían un documento histórico”.
El montaje busca romper la experiencia aislada del consumo informativo y trasladarla a un espacio compartido. “Dónde ponemos el foco de nuestra atención empieza a ser una decisión política”, afirmó Reynolds, vinculando esa elección a la economía de la atención y a la circulación algorítmica de las imágenes. Frente a la aceleración del flujo informativo, la obra apuesta por la duración, la escucha y la conversación colectiva.
El director de La Virreina, Valentín Roma, situó el proyecto en esa dimensión pública y subrayó la importancia de que el museo funcione como espacio de encuentro. La película, señaló, apela a “la dimensión de la historia pública”, a la posibilidad de “compartir el duelo y el dolor de lo que está sucediendo”, y a generar un lugar donde la esfera cultural se conecte con la conversación política contemporánea. En ese sentido, la exposición no solo presenta una obra, propone un dispositivo de reunión y una forma de resistencia compartida.
El programa público de la exposición se completa con una mesa redonda, el 12 de mayo, entre miembros de la Hind Rajab Foundation y el Centre Delàs, moderada por Pablo Elorduy; la proyección íntegra de la película durante la Noche de los Museos, la semana siguiente, y, para terminar, una charla con los artistas el martes 9 de junio.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.