La cocina es el origen de muchas de las imágenes de Nando Esteva. No como metáfora, sino como método. El fotógrafo mallorquín compra frutas, verduras o flores en el mercado de Santa Catalina, en Palma, cerca de su estudio, y en una pequeña cocina convertida en laboratorio experimenta con la materia prima hasta construir composiciones que después fotografía. Esa obsesión gastronómica —presente desde sus inicios en la fotografía analógica— atraviesa La persistencia de lo efímero , la exposición que presenta en la House of Photography de Barcelona y que podrá verse hasta el 6 de junio.
La muestra reúne una selección de series creadas a lo largo de más de tres décadas de trayectoria y permite entender un proceso creativo basado en la transformación de lo cotidiano. En sus imágenes, los alimentos dejan de ser alimentos para convertirse en arquitectura, paisaje o abstracción. Una piña se abre como una flor improbable en Flor de piña; las verduras, pintadas de negro, revelan volúmenes escultóricos en Paint in black; el hielo, pulido y ensamblado, se convierte en estructuras de apariencia casi mineral en La mar de helados; hongos a modo de cerdas en Pinceladas; o los fascinantes paisajes lunares de Claro de luna.
“Trabajo con materias perecederas, la fotografía es la única forma de hacer que ese instante perdure”, dice Esteva
Todo parte de materiales perecederos. Todo está destinado a desaparecer. Ahí reside el sentido del título. La obra de Esteva nace de la fragilidad de la materia. El fotógrafo observa cómo los productos se marchitan, se derriten o se degradan y busca fijar ese instante de transformación. La imagen se convierte así en una forma de permanencia. “El fruto desaparece, pero la fotografía queda”, sugiere su método, que combina planificación minuciosa y experimentación artesanal.
Muchas de las piezas requieren semanas de trabajo y no pueden repetirse. La materia prima condiciona el resultado y obliga a aceptar el azar. Esa tensión entre control y descomposición define un lenguaje visual que se mueve entre la precisión publicitaria —campo donde ha desarrollado buena parte de su carrera— y una dimensión más introspectiva.
Algunas series nacen de experiencias personales, como las creadas durante el confinamiento, cuando trabajó con latas (Tiempo), hojas secas o pasta casera (Origen) para reflexionar sobre el tiempo y la memoria. Otras tienen un trasfondo solidario, y la mayoría, múltiples galardones. El recorrido revela también la coherencia de una mirada que, pese a los cambios tecnológicos, mantiene la fidelidad a la materia real. Esteva utiliza herramientas digitales, incluso la inteligencia artificial como boceto previo, pero insiste en construir físicamente las imágenes.
El fotógrafo ya piensa en su próximo proyecto: trabajar con la luz del eclipse solar previsto para agosto. De nuevo, un fenómeno efímero como punto de partida.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.