Pilar Silvestre (Barcelona, 1962) estuvo ocho años sin poder salir de casa. Una pérdida de memoria alimentada por el estrés crónico que le generaba su trabajo cambió su vida súbitamente. “Mi desconexión con el mundo era total. Los síntomas que sufría eran parecidos a los del Alzheimer”, explica la fotógrafa. Para superarlo, se aferró a la cámara. Plasmar objetos cotidianos la anclaba al presente y le exigía un esfuerzo cognitivo que la ayudó a restablecerse poco a poco. Sin embargo, no fue plenamente consciente del poder curativo de la imagen hasta que la vida volvió a ponerla a prueba.
Ya recuperada, aunque con algunas secuelas, tuvo que presenciar cómo su madre desarrollaba una demencia mixta con graves alucinaciones y ataques de pánico. Aquello la empujó a estudiar las intervenciones que se aplicaban en estos casos. “Solo encontré tratamientos de confort y paliativos. A muchos de estos pacientes se les atribuye una discapacidad excesiva y no se buscan soluciones para sus males”, denuncia. No pudo hacer nada por su madre más allá de acompañarla, pero su interés por dar con una herramienta que calmara la respuesta de supervivencia de la amígdala –“el motor del pánico que atormenta a estas personas”, asegura– no se esfumó.
La exposición recoge las fotografías que Pilar Silvestre hizo a personas con demencia durante su investigación
Un día tuvo una corazonada. Silvestre comenzó a retratar con una cámara instantánea a personas con demencia que paseaban por Pineda de Mar. “Es un municipio rico en residencias. Hay muchos ancianos en silla de ruedas por la calle”, aclara. Pedía su consentimiento a los familiares, los fotografiaba con su cámara instantánea y capturaba las emociones que les despertaba la imagen impresa. Sus rostros mostraban curiosidad, sorpresa y, muchas veces, alegría.
Las imágenes resultantes de aquella investigación empírica se recogen en la muestra Todavía estoy aquí, que se podrá ver en la FujiFilm House of Photography en Barcelona hasta el 4 de octubre. Una parte está dedicada a las series fotográficas que Silvestre tomó en la vía pública, con protagonistas como Lola o María Dolors, cuyos rostros experimentan una evolución impresionante. Mientras que otro apartado de la exposición se centra en el trabajo posterior que realizó en la residencia Els Arcs de Pineda de Mar. Fue la única que se ofreció a ayudarla para su estudio. “Nos pareció un proyecto muy interesante”, afirma Enric Creus, gerente del centro.
“La fotografía instantánea mantenía al paciente en el presente, protegía su identidad”, afirma la fotógrafa
Allí, con ayuda de un equipo de profesionales, pudo trabajar con pacientes moderados y avanzados. Reunir más evidencias para su tesis. “La imagen instantánea mantenía a los afectados en el presente, protegía su sentido de identidad y de pertenencia”, insiste la fotógrafa. Y pone un ejemplo: “Hubo un hombre que, sin nosotros decírselo, sacudió la instantánea para que la imagen apareciera más rápido. No era capaz de reconocerse a sí mismo, pero podía recordar ese gesto”. Otros sí que se reconocieron por comparación, observando cómo la ropa de la persona de la fotografía coincidía con la suya. “Al ver estos buenos resultados, decidí mandarlos a Cochrane, que destacó el carácter pionero de mi investigación. Ahora estoy a la espera de su valoración, pero sigo estudiando”.
Mientras la ciencia analiza los resultados de sus intervenciones, las emotivas imágenes que Silvestre tomó en la calle y en la residencia pueden verse en la exposición de la FujiFilm House of Photography. La muestra comparte espacio con el proyecto Where the unseen becomes visible, impulsado por la revista Women4Women, que pone el foco en las emergencias humanitarias, los trabajos ancestrales o las estructuras invisibles, sean biológicas, culturales o emocionales.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.