Hay una disonancia entre lo que Sam Levinson cuenta en Euphoria y lo que interpreta la audiencia. El público estadounidense se ha acostumbrado a que el arte les diga exactamente lo que tienen que pensar en cada momento y, en consecuencia, le cuesta leer entre líneas. Solo hay que mirar a Nate, el personaje de Jacob Elordi. El público asumió que, como Cassie se mostraba sumisa y contenta con él, el creador automáticamente romantizaba esa relación y había olvidado el pasado tóxico y maltratador del personaje. No era el caso, como ha demostrado el episodio de esta semana (del que se habla aquí con spoilers).
El personaje se encontró en una situación comprometida. El mafioso armenio al que debía dinero le dio 72 horas de vida a Nate: o Cassie encontraba la forma de reunir un millón de dólares o moriría por deshidratación en el ataúd en el que había sido enterrado vivo, con únicamente un tubo de ventilación. Cassie, maniatada en la cama, llamó a Maddy que a su vez pidió ayuda a Álamo (sin saber exactamente qué tuvo que dar a cambio) porque era la única persona con esa cantidad de dinero. Y de nada sirvió después de que Nate tuviera una inesperada compañera de ataúd: una serpiente de cascabel.
“Es una forma guay de irse”, explicó Elordi en imágenes compartidas por HBO después de la emisión del episodio. Él mismo explica a la audiencia lo que muchos espectadores no tuvieron la paciencia de entender: “Nate es alguien que ha cometido muchos errores y que ha tomado decisiones muy oscuras. Es genial ver cómo acaba la situación”. En resumen, Levinson dedicó una muerte irónica, divertida y evitable al villano de las primeras temporadas, consciente que nunca había perdido de vista quién era Nate Jacobs.
El actor rodó, además, dentro de un ataúd donde sus hombros tocaban los extremos, sin posibilidad de mover los brazos, y con una serpiente de verdad. Eso sí, no era una serpiente de cascabel sino una boa. “Era muy relajante estar allí”, recuerda el actor, que describe a la serpiente llamada “little bitch” como “muy mona” y “mimosa de verdad”. El único problema es que estaba tan dormida que le costó conseguir que le subiera por el cuerpo para rodar la escena.
Ahora, a la espera de ver el final de la tercera temporada que podría ser el final de la serie (si hacemos caso a los problemas de producción de esta, que tardó cuatro años en escribirse y rodarse, y la supuesta mala relación entre Zendaya y Sam Levinson), él ya ha dicho adiós a Euphoria: “Esta serie no solo es una parte muy importante de mi carrera sino también de mi vida”.
De hecho, dice que ha sido “increíble” su paso por la serie y se muestra “muy orgulloso” de haber participado en ella. Recordemos que, en el momento en el que Sam Levinson confió en él, Elordi era un ídolo de adolescentes desesperado por desmarcarse del tono juvenil de la trilogía Mi primer beso de Netflix. En esta serie original, desatada, con un contenido muy adulto y dónde él era un adolescente sádico, pudo emanciparse del rollo carpetero por el que lo había conocido el público.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.