Hacks será recordada como una de las grandes comedias de la década y, en realidad, nunca estuvo ni cerca de la perfección. De hecho, tuvo defectos que en otras series hubieran sido subrayados hasta defenestrar la totalidad de la obra. Sin embargo, ahora que se despide de HBO Max, solo importa una cosa: la capacidad que ha tenido de divertir al público con una dinámica cómica inolvidable, bien construída y desarrollada, gracias a una Jean Smart y una Hannah Einbinder que desde el primer momento encontraron la humanidad y el humor en sus personajes.
No importa, por lo tanto, que Jimmy (Paul W. Downs) y Kayla (Megan Stalter) hayan dado bandazos durante cinco temporadas, histriónicos pero no excesivamente afinados, en una especie de spin-off de brocha gorda de Hacks. Tampoco importa que, cuando se trata de los demás secundarios y recurrentes, tampoco se han sabido exprimir en exceso, como si el trío de creadores formado por Paul W. Downs, Lucia Aniello y Jen Statsky hubieran reservado todas sus buenas ideas para Deborah y Ava y personajes como Marcus o Damien fueran ornamentos convenientes y olvidados.
Pero, como decíamos, las virtudes pesan más. En estas cinco temporadas, la vejatoria relación laboral de Deborah y Ava se convirtió en una relación de amistad y dependencia y siempre mantuvo la coherencia. Cada intercambio entre ambos personajes permitió profundizar en el oficio del humor y con humor (algo que, disculpen la puñalada, nunca consiguió The Marvelous Mrs Maisel) y contrapuso dos generaciones y escuelas de la comedia frente al espejo: la mentalidad retrospectivamente machista y casposa de Deborah y la ostentación moral disfrazada de chiste de Ava.
Lo mejor de Hacks, de hecho, es que mostró en pantalla la conclusión a la que llegaron Deborah y Ava a medida que trabajaron juntas: que está bien tener un marco social e ideológico detrás de tus bromas, ser consciente de la responsabilidad social al tener un altavoz, pero nunca puede ser a costa de perder un buen chiste. En este sentido, Hacks nos ha permitido hablar de la vejez, del patriarcado televisivo, de la sororidad, de la cancelación, de la evolución de la comedia o del rencor de la persona abandonada pero siempre manteniendo un mínimo de humor en los episodios.
Después de una era en la que parecía que querer hacer reír de verdad, a carcajadas, fuera una excentricidad teniendo a mano la dramedia (o los dramas que, por razones incomprensibles, se presentan a comedia en los premios), Hacks fue un regalo. Deborah y Ava pueden ser estudiadas en las escuelas de guion y de interpretación por los siglos de los siglos porque quizá su serie no era perfecta pero ellas sí lo eran.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.