Esta serie es especial. Se llama Trío, es sueca, se puede ver en SkyShowtime y adapta la novela de Johanna Hedman. Cuenta una historia de amistad y de amor a tres bandas durante el proceso de maduración y cambio que es el final de la universidad y la entrada en la vida adulta. ¿Y para quién es? Por ejemplo, para quienes buscan una obra con una sensibilidad similar a Las horas de Stephen Daldry aunque tengan temáticas distintas; para quienes confían en el poder de las miradas como forma de leerse y entenderse; y, vaya, para quienes buscan un drama romántico escrito a partir de los personajes, saliéndose del canon comercial.
La historia comienza con Hugo. Es profesor de literatura inglesa en la universidad de Nueva York. Es un hombre reservado y sin hijos que se tiene que enfrentar al pasado cuando la hija de dos amigos de juventud se presenta a una de sus clases. No se espera la visita. Y él, acostumbrado a las esferas intelectuales donde le resulta fácil mantener una distancia personal con los conocidos, se ve obligado a recordar su juventud cuando, siendo estudiante universitario, se trasladó de Lund a Estocolmo.
Se alojó en casa de los Stiller, una familia adinerada que acogía a estudiantes de carreras artísticas y de humanidades como labor social. Allí conoció a Thora, la inteligente hija de los Stiller, de mirada tan snob como consciente, y de caladas de cigarrillos que intentan transmitir su inaccesible profundidad; y a August, un pintor abierto e ilimitado en lo sentimental y lo sexual. Lo que empezó como una especie de juego para Thora y August, evolucionó en algo íntimo. Hugo, después de tantos años, le tendrá que poner palabras a lo que vivió.
La guionista Veronica Zacco presenta un drama romántico sobre el paso a la vida adulta y los riesgos y las posibilidades de un trío emocional. La relación de Hugo, Thora y August puede tener elementos de dependencia pero no en un sentido tóxico: tienen la capacidad de entenderse, el deseo de explorarse y se sirven de apoyo en un momento de transformación (y, por lo tanto, de fragilidad). Pero lo estimulante, aparte de una dirección de Anders Hazelius que aprovecha la poesía de la luz y de los espacios, es encontrarse ante una obra que confía en el espectador.
Y es que Trío es una experiencia íntima y evocadora de una amistad y un amor a tres bandas, donde se permite al espectador rellenar los huecos de los personajes de forma progresiva y descifrar las miradas y sentimientos en cada situación. No juzga, no asume, no necesita decir abiertamente los sentimientos para que se puedan entender: se viven desde los cigarrillos, las miradas y una tensión que pasa a ser mucho más que sexual. Y, en los momentos clave, nunca los traiciona.
Esto también es posible gracias a Seth Manteus, Rebecka Harper y Felix Sandman, que tienen tres interpretaciones simbióticas, sutiles y extremadamente complejas, con un cásting extraordinario en sus versiones adultas (por la forma en la que se parecen físicamente los actores pero también sus energías). Que levante la mano quien este año encuentre alguna actuación que entienda mejor el “menos es más”.
Y, a pesar de su poética contención, Trío sorprende en los desenlaces de los episodios. De forma imperceptible, acumula emoción hasta exponerla en unos últimos segundos sencillos, delicados y abruptos, que pueden llegar a ser abrumadores. Por el amor de Dios, qué maravilla de serie.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.