El primer caso de Crims en televisión fue la fuga de Brito y Picatoste, que en 2001 escaparon de la prisión de Ponent y estuvieron desaparecidos durante 33 días, durante los que sumaron nuevos crímenes a su trayectoria. Es simbólico que, al producir su primera serie de ficción, Carles Porta haya contado exactamente la misma historia.
En 33 días de Atresplayer que llega este domingo, que conste, Brito y Picatoste pasan a ser Prieto y Calatrava por cuestiones legales y, según argumenta Porta, para tener más libertad al imaginar cómo fue esa huida y ficcionar los personajes policiales.
José Manuel Poga (El cuerpo en llamas) y Julián Villagrán (Superestar) interpretan a unos presos que, tal y como destacan las autoridades, en teoría eran polos opuestos. La presentación se mueve en un terreno previsible, con el comienzo de la investigación por parte de Nausicaa Bonnín (Cites) y Pau Durà (Heridas).
El objetivo no es reinventar el true crime sino moverse por un terreno reconocible donde la decisión más interesante se encuentra en la representación de los disparos a los dos Mossos d’Esquadra.
Es en el siguiente episodio donde la miniserie de seis entregas muestra su potencial al intentar entender la amistad entre Brito y Picatoste, planteando la semilla de una tesis y con dos actores comprometidos con abordar estos personajes desde la cercanía y la vulnerabilidad.
El estímulo para dar una oportunidad a la serie es esa improbable y honesta amistad que tiene los días contados, contada desde el guion por Javier Olivares y Jordi Calafí, dos guionistas versátiles que ya han trabajado juntos en producciones como Isabel, Malaka o El ministerio del tiempo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.