La retención de alguien contra su voluntad es un grave delito, máxime si lo que se pretende es una contraprestación a cambio de la recuperación de la libertad por la víctima. Es, sin embargo, uno de los delitos que históricamente han comportado siempre graves riesgos para aquellos que se convierten en el objetivo de un tercero. Es bien sabido que, cuanto más se alarga un cautiverio -excepto algunas excepciones; se me vienen a la cabeza algunos de los rehenes de las FARC en Colombia- más posibilidades hay de que los secuestradores no vean salida a su situación y pongan fin a la vida de la víctima. El caso del abogado de Castellón, Carlos Reverter, secuestrado en 2005 por un ladrón en el maletero de su propio coche, justamente para robarle el deportivo de su propiedad, rompe muchos cánones. La víctima a penas estuvo retenida unas horas -siempre dentro del coche- y su atacante lo mató a golpes. Lo contamos en Dossier Negro.
Maria Àngels Feliu protagonizó a principio de los años 90 del siglo pasado el más largo secuestro a manos de delincuencia común ocurrido hasta hoy en España . Permaneció en un oscuro y húmedo zulo en Sant Pere de Torelló 492 días. Cuando ya la vida de la famacéutica de Olot parecía contar poco para sus captores, una brizna de arrepentiento del llamado carcelero bueno que vigilaba a Feiu le empujó a liberarla una noche.
· Demasiado pronto. La joven madrileña Anabel Segura, de 22 años, murió a penas seis horas después de que la secuestraran mientras hacía deporte corriendo por la zona residencial de La Moraleja. Ocurrió en abril de 1993. Los secuestradores parecían delincuentes poco experimentados que ni tan siquiera habían localizado un zulo donde retenerla. Entre esa falta de previsión y que Anabel parece que se resistió, los asaltantes la estrangularon y ocultaron su cuerpo mientras hicieron creer que seguía con vida.
· Desprecio a la vida. El funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado por ETA en 1996, estaba condenado a muerte. Los terroristas vascos habían dado su vida por amortizada y de no ser por una audaz operación de la Guardia Civil, supervisada por la Audiencia Nacional, la víctima hubiera perecido sin remedio bajo tierra, en un zulo oculto bajo una pesada máquina en una nave industrial. Estuvo secuestrado 532 días.
· Errores criminales. La guerra sucia contra ETA puesta en marcha por sectores del aparato del Estado en tiempos de Felipe González en la presidencia se cobró una víctima a la que los miembros del GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) confundieron con un etarra al que querían secuestrar. Segundo Marey fue elegido por error por los miembros del grupo parapolicial. El juicio por el caso desembocó en la condena de un exministro del Interior, entre otros altos responsables.
· Ambición sin límetes. En otro error de los delincuentes, unos sicarios confundieron a un pinchadiscos con uno de los dueños de la compañía de discos Max Music, que era el verdadero objetivo. Los pistoleros mexicanos debían llevarse a Ricardo Campoy, pero atraparon a Josep Maria Castells que, de no ser porque finalmente los que iban a asesinarle se dieron cuenta del fallo, no habría sobrevivido. El responsable del complot fue el otro fundador del sello discográfico: Miguel Degá. El documental sobre el caso 'Megamix brutal' está en rtveplay.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.