Mercedes Milá lleva 50 años haciendo televisión. Y sigue, sigue... Estrena esta noche el programa Me meto en un jardín (La 2 , 22.30 h): conduce una autocaravana por España y, para variar, se mete en jardines (ya no con Paco Umbral, “he venido a hablar de mi libro”), jardines literales y figurados: son entrevistas itinerantes y muy personales a personajes interesantes.
Ya en los años ochenta hizo algo similar en radio Jesús Quintero con el programa El hombre de la roulotte , en RNE: iba por las carreteras en una roulotte con cocinita en la que entrechocaban las sartenes. Aparcaba en la plaza de un pueblo, bajaba Quintero con un micrófono y conversaba con el primer paisano que encontraba. ¡Me encantaba!
Programa itinerante con entrevistas interesantes: hay que tener mucho polvo en las sandalias, y a Mercedes Milá le sobra
Un día, sentado en un banco, micrófono en mano, Quintero miraba una paloma que caminaba ante él, y ya no dejó de mirarla, perdido en sus saltitos y plumas. Quintero se había quedado colgado de una depresión que le apartó por un tiempo de todo, justo antes de convertirse en el loco de la colina que tanto placer nocturno me deparó.
Mercedes Milá desconocía este precedente. Se lo he comentado y me dice que su idea inicial para Me meto en un jardín era parecida: visitar lugares hermosos, jardines preciosos, y conversar con la primera persona que se le cruzara. Su idea original ha sido completada con una entrevista a un personaje conocido por episodio. Y funciona bien. He podido ver la primera entrega: Mercedes Milá llega a Quesada (Jaén), pueblo natal del escritor David Uclés...
Milá y Uclés comparten unas enjundiosas gachas de la abuela del escritor. Milá entrevista al padre de Uclés, agente de la Guardia Civil que se cabreaba por la obsesión de su hijo con los libros. Me meto en un jardín entrelaza sensibilidad e introspección con sociabilidad y simpatía, además de preguntas a bocajarro, sinceridad y emoción. Hay que tener mucho polvo en las sandalias –a Milá le sobra– para acometer Me meto en un jardín y salir airoso, como es el caso. Milá se lleva al final a Uclés a la Torre del Vinagre, unos jardines fabulosos dignos de visitarse.
En cada entrega de Me meto en un jardín habrá un jardín maravilloso, un jardín literal. Soy fan de los jardines. Milá recomienda no perdernos el jardín botánico Marimurtra, en Blanes. En ese jardín ya me he metido: certifico que es espectacular. – @amelanovela

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.