Dentro de la larga lista de actores que han interpretado a Superman, sea en persona o en voz para una serie o película de animación, Christopher Reeve es uno de los más icónicos. El estadounidense se enfundó la malla azul y los calzones rojos a juego con la capa en 1978, protagonizando la primera película del superhéroe de DC Comics. Dirigida por Richard Donner, responsable más adelante de Los Goonies y Arma Letal; y guionizada por Mario Puzo, autor de la novela de El Padrino, se convirtió en la punta de lanza de un personaje inolvidable.
Tras su muerte en el 2004, su legado sigue vivo gracias a Super/Man: The Christopher Reeve Story, el documental que narra su vida tras el accidente que le dejó tetrapléjico en 1995; y en la labor de su hijo Will, corresponsal del programa Good Morning America. Sin embargo, el joven periodista ha sorprendido a propios y extraños con una inesperada noticia: sufre de cáncer testicular. En una entrevista con la revista People, Will Reeve ha destapado un diagnóstico que recibió esta pasada primavera.
La enfermedad llegó a extenderse hasta los ganglios linfáticos de su abdomen, pero su revisión más reciente el 8 de septiembre confirmó que ya estaba fuera de peligro. Durante todo este tiempo, Will ha tenido en mente la tenacidad de su padre y una fuerte mentalidad de supervivencia. El reportero tenía solo dos años cuando Christopher Reeve quedó tetrapléjico, mientras que su madre falleció en el 2006 tras padecer un cáncer de pulmón, con 44 años. El recorrido de ambos ha sido uno de los mástiles a los que se ha podido agarrar.
“Me educaron para compartir mis dificultades si, al hacerlo, podía ayudar a otros. Ver de cerca cómo mis padres afrontaban la adversidad en sus vidas y la transformaban en algo esperanzador tuvo un gran impacto en mi vida y en cómo intento vivirla. Me he sentido muy querido, apoyado y animado por mi familia, amigos y desconocidos durante toda mi vida, y esa es una de las principales razones por las que quería hablar de esto. Voy a estar bien. Pero este ha sido un capítulo muy duro”, reconocía.
Historias paralelas
Su mujer, Amanda Dubin Reeve, fue la primera en notar algo raro y en advertirle para que acudiera a un especialista. “Pensé que no era nada o que desaparecería, pero me quedé atónito”, comentó, en referencia a la ecografía que destapó el cáncer. A principios del mes de mayo, se sometió a una orquiectomía para extirpar el testículo afectado: “No me habían operado desde que me extirparon las amígdalas a los 5 años, así que me preocupaba más lo desconocido de la cirugía que la abrumadora idea de que perdería una parte esencial de mi cuerpo para siempre”.
“No se me escapa la ironía de que, 20 años después de que mi madre falleciera de cáncer de pulmón en el Memorial Sloan Kettering, yo me encontraba en el mismo edificio recibiendo tratamiento contra el cáncer. Estaba viviendo la vida de mis padres a la vez. Como paciente de cáncer en el Memorial Sloan Kettering, estaba experimentando de primera mano lo que mi madre había vivido. Al mismo tiempo, estaba aprendiendo más sobre cómo fue ser mi padre en los últimos nueve años de su vida, cuando mi madre y nuestra familia lo cuidaban”, aportó.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.