La forma de relacionarse y prosperar en el trabajo nada tiene que ver con las generaciones anteriores. Más de la mitad de los españoles (57%) no aspira a ascender profesionalmente, según un reciente informe de Infojobs. Otro estudio, Talent Trends 2025 de MichaelPage, concluye que el 55% de los trabajadores rechazaría un ascenso si esa nueva situación laboral afectara a su bienestar.
Esos dos informes revelan transformaciones en la aspiración laboral y el concepto de éxito. “Hoy detectamos un claro desinterés por asumir responsabilidades en el puesto de trabajo, lo que encaja en el fenómeno de la quiet ambitio (ambición silenciosa) que ha llegado para quedarse de la mano de la Generación Z”, afirma Carlos González Reyes, profesor de Estudis d’Ecomomía i Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Hoy detectamos un claro desinterés por asumir responsabilidades en el puesto de trabajo”
Esta nueva filosofía laboral tiene un lema muy claro: “la vida es lo que pasa fuera del trabajo”. Así que hoy se prioriza como nunca el bienestar personal y el tiempo libre por encima de la ambición laboral, los puestos de poder o las jornadas maratonianas, aunque se paguen horas extra.
Podría pensarse, viendo el panorama, que la alergia a mandar se ha apoderado de las oficinas. Pero esta creciente tendencia a esquivar nuevas responsabilidades tiene otras explicaciones. “Durante muchos años las organizaciones han asociado el ascenso a una mejora salarial, pero en la actualidad ese incremento económico ya no compensa el coste real que esa asunción de responsabilidad tendrá en pérdida de bienestar”, añade González Reyes.
“Estamos ante un paradigma: hay personas –ya no son minoría marginal– que dicen ‘no’ al ascenso a cualquier precio”, afirma la socióloga Natàlia Cantó-Milà, profesora de Estudis d’Arts i Humanitats de la UOC. Y esto, continúa, “no es una redefinición del concepto de éxito; es un claro cuestionamiento del modelo”.
El modelo clásico, el que antepone el éxito y la carrera por delate de todo, ya solo representa el 18% de la fuerza laboral
Hasta ahora el ascenso laboral era sinónimo de éxito profesional. Pero esto ya no es así y las personas “que ponen la carrera y el éxito delante de todo, cada vez son menos”. El modelo clásico ya solo representa al 18% de la fuerza laboral, rezan estos estudios. Son los que vinculan el triunfo profesional exclusivamente a los ascensos visibles en el trabajo.
Por el contrario, el 54% de los trabajadores consultados prioriza el progreso en su trabajo sin necesidad de cuotas de poder o reconocimiento público.
Esto no es una redefinición del concepto de éxito; es un claro cuestionamiento del modelo”
¿La receta ante este nuevo panorama? “Crecer profesionalmente no tendría que implicar necesariamente dirigir equipos”, responde González-Reyes. Y muchas empresas empiezan ya a tomar nota “y apuestan por carreras duales, donde se puede progresar desde la experiencia técnica sin asumir liderazgos, lo que permite retener un talento que de otra forma se podría desconectar”.
Ese rechazo a mandar y liderar tiene también otro nombre. Se trata del conscious unbossing, lo que podía traducirse como el deseo consciente de no querer ser jefe o “desvinculación consciente”. No es por falta de compromiso laboral, ni por cuestión de dinero; esta tendencia va de la mano con la filosofía del “quiet ambitio”, la que busca, por encima de todo, tiempo para vivir.
Renunciar a ser jefe tiene también nombre: “conscious unbossing” o desvinculación consciente
Los trabajadores más jóvenes han interiorizado que “el cambio de posición va a suponer más responsabilidad, más estrés y menos equilibrio personal”, indica González. Así que renunciar a un ascenso no implica que se tenga miedo a mandar o que ahora haya más inseguridades sobre capacidades en el mundo laboral. Simplemente es una “propuesta de valor”. Cobrar, por ejemplo, 400 euros más al mes no compensa con las horas de más que habrá que pasar en el trabajo para ganar ese dinero.
Se busca, como nunca, trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Aunque se sepa que se va a cobrar más, ese incremento de sueldo ya no motiva y menos cuando se intuye que ese dinero no va a compensar la pérdida en bienestar personal. “Si tener más tiempo para uno mismo no queda garantizado, el sueldo deja de ser atractivo”, reitera González Reyes.
Si tener más tiempo para uno mismo no queda garantizado, el sueldo deja de ser atractivo”, reitera González Reyes.
El estudio de Infojobs que confirma que el 57% de los trabajadores no quiere ascender revela que el 19% de esos consultados lo tiene muy claro y no aceptaría en estos momentos más responsabilidades, mientras que el 39% no es tan contundente, pero sí deja claro muy poco interés por promocionarse dentro de la empresa.
“Esto no significa, opina Gozález-Reyes, que haya una crisis de vocación directiva”. Lo que revelan esos estudios, opina, “es que hay una crisis del modelo tradicional de liderazgo”.
Muchos trabajadores también renuncian a un ascenso porque las horas que tendrían que pasar en la oficina las necesitan para otras cosas ineludibles
La socióloga Natàlia Cantó-Milà abre otro frente, el de la conciliación por situaciones sobrevenidas, para explicar esta nueva radiografía laboral. “Hay personas para las que ascender implica aumentar responsabilidades y eso, a la vez, supone asumir tareas de las que no quieren saber nada: creen que prosperar en el trabajo implicará poner más horas a disposición del ocupador, que muchas veces no tienen por tenerlas asignadas a tareas de personas dependientes o para ellos mismos”.
En un entorno laboral precario, con un aumento del costa de la vida que no se corresponde con los sueldos, juega también en contra el hecho de que asumir más responsabilidades no siempre conlleva una vida más desahogada. Con ese dinero no se vive mejor.
Los que rechazan un ascenso para vivir mejor conviven con los trabajadores que necesitan dos empleos para sobrevivir
Así que muchos ya ni se plantean esa posibilidad. Y se da la paradoja, destaca, Cantó-Mila, con un fenómeno cada vez más repetido en esas condiciones laborales precarias y cuando la posibilidad de ascenso ni se sueña. “Ha aumentado el número de personas que tienen que aceptar dos trabajos para sobrevivir”, afirma.
El mercado laboral, además, “se está aún ajustando a nuevas prioridades como la salud mental, la conciliación y la autonomía y todo eso obliga a repensar qué quiere decir liderar y en qué condiciones”, concluye González-Reyes.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.