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Sociedad Baúl de bulos

Se fueron los americanos y llegaron los chinos

¿Existe en un solo hogar español una despensa o un armario que no contenga productos chinos, mogollón de productos chinos?

Se fueron los americanos y llegaron los chinos
Baúl de bulosMartín tognola
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Actualizado hace 7 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01A la muerte del general Franco el 20 de noviembre de 1975, el puerto de Barcelona era el patio de recreo de los marines de la VI Flota y había bares y burdeles especialmente habilitados para que los muchachos se encontrasen como en su casa.
  • 02Todo era poco para complacerles durante su estancia en la Cuidad Condal.
  • 03Contaban incluso con su propia policía, el Shore Patrol, los muy bribones.
  • 04Pese al muy extendido antiamericanismo reinante por aquellos años, pues España quedó fuera del milagroso plan Marshall, como con picardía nos recordó Berlanga, ya iba en aumento el hechizo del soft power americano y su todopoderoso dólar.

A la muerte del general Franco el 20 de noviembre de 1975, el puerto de Barcelona era el patio de recreo de los marines de la VI Flota y había bares y burdeles especialmente habilitados para que los muchachos se encontrasen como en su casa. Todo era poco para complacerles durante su estancia en la Cuidad Condal. Contaban incluso con su propia policía, el Shore Patrol, los muy bribones.

Pese al muy extendido antiamericanismo reinante por aquellos años, pues España quedó fuera del milagroso plan Marshall, como con picardía nos recordó Berlanga, ya iba en aumento el hechizo del soft power americano y su todopoderoso dólar. La Coca-Cola se consumía a galones —sobre todo en los cubalibres, bebida de moda— y no tardaría en llegar el primer McDonalds o los Burger King. Los muy codiciados pantalones vaqueros se compraban de estrangis en los antiguos tinglados del puerto o en las tiendas Samblancat. Nunca faltaba en el mercado negro el tabaco rubio de Virginia traído de Andorra. Sonaba música americana en las discotecas y las boîtes, como asimismo en la jukebox de los bares. Abundaban anuncios en la televisión de productos protagonizados por sanotes niños o niñas pelirrojos con pecas bebiendo leche en enormes cocinas americanas inexistentes por estos pagos.

La marcha definitiva de la VI Flota en 1987, tras un atentado en el puerto nunca aclarado, dejó en su estela una Barcelona americanizada hasta las cejas. El estreno de Manhattan (1979), de Woody Allen, causó furor entre los barceloneses. Se formaban colas que daban la vuelta a la manzana para verla. De pronto, el sueño de pasar una temporada en París fue reemplazado por la fiebre de viajar como fuera a Manhattan. A los que les faltaban medios para hacerlo realidad —la gran mayoría— se conformaban con ataviarse a lo Woody Allen o Diane Keaton. Las dichosas palomitas estaban al llegar.

En ese mismo 1975, había en Barcelona bien pocos restaurantes chinos. Uno de ellos, el primero de todos, a dos pasos de la plaza Sant Jaume, regentado por Peter Yang, ¡un anciano y sabio jesuita chino! Se desconocía prácticamente todo de la cultura china o de Asia en general. El té era una infusión poco corriente y las teteras, en el caso de que hubiera alguna, siempre goteaban, dejando la mesa hecha un charco.

La abertura de los primeros restaurantes japoneses significó un salto adelante en cuanto al refinamiento y el aprecio que suscitaban sus exquisitos platos y rituales asiáticos, que hacían que nos sintiéramos torpes catetos, eso sí, ahítos de sake. Y no pocos restaurantes chinos, al ver que los japoneses cobraban por un cuenco de arroz tres veces más, se disfrazaron de japonés. Por entonces, todos los asiáticos eran indistinguibles, ¿verdad?

Allá por los años noventa llegaron las tiendas de todo a cien (pesetas), esos bazares chinos repletos de baratijas que al principio suscitaban un rechazo bastante generalizado, pero que con el tiempo irían conquistando el afán de los compradores a la hora de llenar sus hogares con cositas fabricadas en China. Y así hasta el día de hoy.

¿Existe en un solo hogar español una despensa o un armario que no contenga productos chinos, mogollón de productos chinos? Lo mismo, desde luego, no se puede decir de los productos Made in USA, como no sean sus omnipresentes algoritmos y plataformas que nos comen el coco.

En 1975, aún se llenaban las iglesias de feligreses, pero poco a poco se irían vaciando ante el auge de centros de espiritualidad de inspiración asiática, fuese budismo, Hari Krishna, yoga o meditación, por no hablar de la rápida secularización de la sociedad. Y no tardarían en abrirse supermercados regentados por pakistanís o indios, sin los cuales y sus amplios horarios, cabe sospechar que nos moriríamos de hambre. El taichí, sobre todo luego de la pandemia, se practica en grupo al aire libre en las plazas de la ciudad, como en Pekín.

El movimiento MAGA de Trump conlleva por aquí la gradual disminución de la enorme influencia que venía ejerciendo sobre nosotros la cultura americana, al tiempo que abre de par en par la puerta por la que va entrando la asiática. La tan homogénea como recatada sociedad española de 1975 ha evolucionado hasta hallarse ahora inmersa en un desbordante multiculturalismo que no parece tener fin.

Los americanos se van; los asiáticos se quedan. El crisol de culturas es ahora Europa, que se puede interpretar como una oportunidad o una desgracia. Esta es la gran cuestión… y un gran reto.

John William Wilkinson
John William Wilkinson
Sociedad

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.