Hugo Espinar, que acaba de cumplir 9 años, está ingresado en el Vall d’Hebron desde el 12 de marzo en espera de un trasplante de médula ósea. Ya estuvo en el centro el año pasado recibiendo un tratamiento de quimioterapia, pero ahora su estancia es mucho más cómoda gracias a la nueva área de oncohematología infantil y adolescente que ha sido financiada por tres fundaciones.
“Hemos notado mucho cambio a mejor”, explica Mireia, madre del paciente. “En la parte nueva las habitaciones son individuales y hay muchísimas más comodidades, como neveras o microondas dentro de la habitación, cuando antes eran de uso comunitario”, precisa.
El padre y la madre acompañan a Hugo en turnos de tres días completos. Tres días sin salir de la habitación. Para la pareja, que vive en La Garriga, a 40 km de Barcelona, y tiene otro hijo menor, el trastorno es importante. “Tienes una vida, pero cuando te dan un diagnóstico como el de leucemia te quedas bloqueado, como que no puedes salir de esta dinámica, y aquí estás, intentando pasar el trance lo mejor que puedas”, expone Mireia.
Hugo fue diagnosticado hace un año. Recibió quimioterapia y estuvo ingresado entre abril y septiembre del 2025- Pareció que respondía al tratamiento, pero en enero recayó y volvió a ingresar en marzo para recibir una terapia innovadora en fase experimental como previa del trasplante de médula ósea programada este mes.
Pacientes, familiares y profesionales han participado en el diseño de las nuevas instalaciones
“Cuando estás tanto tiempo aquí encerrado, tener un espacio mínimamente cómodo ayuda muchísimo a nivel familiar porque incide en el estado de ánimo”, argumenta la madre. Esta es la razón por la que los responsables del hospital alentaron a tres fundaciones privadas –Aladina, Albert Bosch y Small- a liderar la renovación del área de oncohematología infantil y adolescente.
Con un coste de 7,4 millones de euros, el espacio, que con 2.646 m2 duplica la superficie del anterior, ha sido inaugurado hoy por el president Salvador Illa. Tras una visita a las instalaciones, Illa ha puesto en valor el hecho de “convertir un espacio médico hospitalario en casi un hogar” y ha destacado “la importancia de tenir una sanidad puntera, universal, de máximo nivel, como uno de los factors que más cohesiona la sociedad catalana i española”.
“Es un gran avance para los pacientes por la humanización de la atención, pero también para los profesionales, en tanto facilita la investigación que llevamos a cabo”, afirma Lucas Moreno, jefe de servicio de oncología y hematología pediátricas.
En su opinión, la reforma representa un “cambio de modelo, un cambio de paradigma para que las familias tengan la mejor experiencia posible y que podamos hacer los tratamientos más innovadores y mejorar la clínica”.
Hay mucho de original en todo este proceso alentado por el mayor hospital de Catalunya.
Destaca el compromiso de las tres fundaciones, pero también la participación de pacientes, familiares y acompañantes en el diseño de las instalaciones para atender con la mayor exactitud posible las necesidades de los pacientes.
“Por ejemplo, nos dijeron que el suelo del hospital no era agradable para los niños pequeños que empiezan a gatear y hemos puesto unas colchonetas”, apunta el doctor Moreno. “Los adolescentes nos dijeron que necesitaban espacios para poder trabajar su bienestar en momentos difíciles, o las familias nos decían que necesitaban más espacios de respiro”, añade. “Hemos preguntado a toda la comunidad, pacientes familias y profesionales, y visitado otros centros de oncopediatría con el propósito de trabajar la humanización de la atención y la hospitalización.
Han sido muchos años de esfuerzo, ilusión y trabajo conjunto para lograr un hospital un poco más amable”
Como resultado, una nueva área formada por 12 habitaciones para niños, 8 para adolescentes y adultos jóvenes y 9 de entorno protegido para trasplante hematopoyético, todas individuales y concebidas como pequeños apartamentos para favorecer la vida familiar.
Además, las instalaciones cuentan con una terraza exterior con vistas a Collserola, zonas de ocio y descanso diferenciadas por franjas de edad, espacios comunes para las familias y áreas de trabajo más amplias y con mejores condiciones lumínicas para los profesionales. “Es una pieza fundamental del nuevo Vall d’Hebron y ejemplifica cómo la colaboración público-privada nos permite avanzar en el tratamiento y la atención a los pacientes, además de mejorar su bienestar emocional”, afirma Albert Salazar, gerente del Vall d’Hebron.
Entre las zonas comunes destacan un espacio para las familias, un área terapéutica de rehabilitación, una sala de juegos diferenciada para niños, adolescentes y adultos jóvenes, un aula hospitalaria para seguir con los estudios mientras están ingresados y un despacho de psicooncología.
Laura Lucaya fundó junto a su marido la fundación Small con la idea de agradecer la atención del Vall d’Hebron durante la enfermedad oncológica que superó hace 19 años uno de sus hijos y ayudar a otras familias en estas situaciones. La entidad ha contribuido con diversas iniciativas a la recaudación del presupuestos de 7,4 millones invertido en la nueva área de oncohematología infantil.
“Es un sueño hecho realidad tras sentir la necesidad de ayudar a mejorar en lo posible la infraestructura de un ya excelente servicio de oncología y poder devolver así parte de la atención y cariño que recibimos”, afirma Lucaya.
La unidad duplica superficie, con habitaciones individuales y salas diferenciadas para niños y jóvenes
“Han sido muchos años de esfuerzo, ilusión y trabajo conjunto para lograr un hospital un poco más amable, más cálido y más humano”, razona Paco Arango, presidente de Aladina. Anna Bosch, presidenta de la fundación Albert Bosch, remarca el impacto real en la vida de las personas: “Hemos querido contribuir a cambiar la manera en que pacientes, familias y profesionales viven y se relacionan con el entorno hospitalario con un espacio más humano, acogedor y pensado para sus necesidades”.
En cuanto Hugo Espinar sea sometido al trasplante de médula, este mismo mes, no pasará por las antiguas cámaras de aislamiento para los ‘niños burbuja’, que han sido sustituidas por habitaciones de entorno protegido, más accesibles para las familias mientras se mantiene un riguroso control de las infecciones.
“Ya nos han enseñado estas habitaciones, donde los niños pasan mucho tiempo porque no tienen defensas”, explica su madre. “Tienen una doble puerta de acceso y en el espacio entre las dos puertas hay microondas y frigorífico, y taquillas para cambiarnos para poder entrar. Está muy bien”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.