Al MinutoInternacionalPolíticaOpiniónSociedadDeportesEconomíaCiudadesPopCulturaSucesosLa Contra
Suscríbete
Sociedad Historias humanas

Ser madre de diez hijos, cuatro con discapacidad: “En casa me llaman la maestra de las literas”

Núria Vadillo, de 61 años, relata cómo se organiza una familia con doce miembros en un piso de 100 m2, la exigente logística que supone y el cuidado imprescindible de los unos a los otros

Ser madre de diez hijos, cuatro con discapacidad: “En casa me llaman la maestra de las literas”
Núria Vadillo y su marido, Lluís Pallàs, arriba a la derecha, en una fotografía familiar con todos los hijos presentes, en una celebración de Sant Joan.N. Vadillo
Escucha este artículo
0:00 7:42
Actualizado hace 6 h Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

Sugerir una corrección Política de correcciones de La Vanguardia
4 puntos clave Ver
  • 01Que la conciliación laboral y social – y vital – es difícil de compaginar cuando uno decide tener un hijo es algo ya conocido.
  • 02Cuando son dos, seguidos, la comunicación entre los padres debe ser fluida y eficiente.
  • 03Cuando son cuatro, uno ya tiene que replantearse el formato de su vida: abandonar planes a más largo plazo y organizar bien los horarios para compaginar los colegios de unos con las actividades extraescolares de otros.
  • 04Pero cuando se tienen diez – y los últimos cuatro adoptados y con discapacidad-, los padres deben renunciar prácticamente a todo para dedicarse íntegramente a la familia.

Que la conciliación laboral y social – y vital – es difícil de compaginar cuando uno decide tener un hijo es algo ya conocido. Cuando son dos, seguidos, la comunicación entre los padres debe ser fluida y eficiente. Cuando son cuatro, uno ya tiene que replantearse el formato de su vida: abandonar planes a más largo plazo y organizar bien los horarios para compaginar los colegios de unos con las actividades extraescolares de otros. Pero cuando se tienen diez – y los últimos cuatro adoptados y con discapacidad-, los padres deben renunciar prácticamente a todo para dedicarse íntegramente a la familia.

Núria Vadillo (61) ha pasado toda su vida cuidando de sus familiares. A los dieciocho años, tuvo que renunciar a los estudios para cuidar de su padre. “Iba para ingeniera textil, pero tuve que encontrar un trabajo más adecuado para poder estar con él”, asegura. Desde entonces, ha hecho numerosas concesiones para dedicarse “a los suyos”. Terminó trabajando de secretaria de dirección, que le permitía “hacer papeleo desde casa”. Aun así, ella misma explica que su especialidad “siempre ha sido cuidar”: cuidó de su padre, cuidó de su madre, cuidó de su suegra y, ahora, cuida de sus diez hijos.

Debemos ser muy optimistas, pero no creo que renunciemos a más cosas que una familia que está pagando una hipoteca”

Sigue leyendo con toda la información

Accede al artículo completo, al análisis de nuestros especialistas y a todo el contenido premium de La Vanguardia.

  • Artículos premium sin límite y sin publicidad intrusiva
  • Newsletters exclusivas y la edición impresa en PDF
  • Cancela cuando quieras
Suscríbete por 1€/mes
↓ Vista de revisión · contenido bajo el muro (oculto en producción)

Aunque admite que siempre han llamado la atención por allá donde han pasado, Vadillo no opina que sea tan extraño tener esta cifra de hijos en su casa. “No sé si es que debemos ser muy optimistas, pero no creo que renunciemos a más cosas que una familia que está pagando una hipoteca”, afirma. Cuando existe una buena organización, “los problemas vienen de fuera de casa”. Vadillo se refiere a repetidas visitas médicas, problemas en los colegios u otros imprevistos. 

Eso sí, la organización en casa estaba asegurada. Cuando vivían todos en el mismo apartamento, Vadillo tenía que programar tres lavadoras al día. Con el paso de los años, se acostumbró a planificar compras al por mayor en el supermercado y a alargar la vida útil de la ropa cíclicamente. De igual manera, los hermanos mayores siempre han tenido claro que debían ayudar en casa. Sus principales tareas consistían en acompañar a los pequeños al colegio y lavar los platos durante la época que no tenían lavavajillas. Entre el mayor y el pequeño median 20 años.

Cuando conoció a su marido, Lluís Pallàs (63), nunca habían conversado sobre cuántos hijos querían tener. “Nunca puedes planearlo todo perfectamente, porque la vida da muchas vueltas”. Al principio, bromeaban con “tener un equipo de fútbol al completo” y, al final, la broma acabó haciéndose realidad. Ahora, coincidir todos es una tarea complicada. Los domingos aún siguen siendo día de reunión en casa de los padres. Algunos de los hijos se reúnen dispuestos a comer “la macarronada de la mamá”. Durante el año, toda la familia sabe que hay dos fechas marcadas en la agenda con asistencia obligatoria: Sant Joan y Sant Esteve.

Los procesos de adopción empezaron tras el sexto hijo, al fijarse en la cantidad de bebés solos y madres solteras que había en el hospital

Durante sus partos, Vadillo empezó a fijarse en una constante en las plantas de los hospitales. “Vi muchos bebés solos o madres solteras y decidimos que adoptaríamos”. La primera hija adoptada, Anna, llegó a la familia con veintiún meses. Con ella estos dos padres se dieron cuenta de la importancia que tiene contar con una figura de referencia para un niño de casi dos años. “Le cambió la expresión de los ojos a los pocos días”, asegura Vadillo.

De hecho, la neuróloga que la atendía afirmó que, por el simple hecho de encontrar una familia, ya había experimentado una “evolución vertical”.

Un año después vino Oriol, que llegó con trece meses de vida. Había presentado algunos problemas pulmonares y de corazón, típica sintomatología de los niños que tienen síndrome de Down. “Desde que llegó a casa no ha tenido ni un episodio de bronquitis más”, afirma la madre. Antes de llegar la tercera, Maria, con diez meses y síndrome de abstinencia neonatal, realizaron una “acogida de urgencia”. Adoptaron a un niño de tan solo cuatro días de vida para ofrecerle un hogar seguro. Murió al mes de vida.

“Fue muy duro, pero durante ese mes el niño no pudo tener más abrazos, cariño y besos”. Ya habían pasado anteriormente por la muerte de un hijo. A parte, aseguran que su religión también les salvo. Con la solicitud de adopción de Maria recibieron ya una advertencia informal por parte de la administración. “La Generalitat nos dijo que nos lo aceptaban, pero que ya era el último”. Aun así, Aslan, con síndrome de Down y autismo, rompió esa norma.

Siempre hemos tenido lo justo para pagar el alquiler, un plato en la mesa y el colegio de los pequeños”

Vadillo afirma que también han recibido muchos comentarios críticos relacionados con un supuesto elevado estatus económico. “En repetidas ocasiones nos han dicho que nosotros nos lo habíamos buscado”, describe. “A pesar de lo que opine la gente, siempre hemos tenido lo justo para tener un piso de alquiler, un plato en la mesa y pagar el cole”.

No es fácil encontrar pisos de alquiler con cuatro o cinco habitaciones”

Los problemas que puede tener una familia de diez hijos son, para Vadillo, aparentemente los que puede sufrir cualquier otra. Y hay uno que desde hace tiempo afecta a gran parte de las familias del país. “No es fácil encontrar pisos de alquiler con cuatro o cinco habitaciones”, afirma Vadillo. En casa la conocen como “la maestra de las literas” por conseguir que todos los niños duerman cómodos en un apartamento de apenas cien metros cuadrados.

Ahora, la preocupación vuelve a aflorar. Ya que, después de cuatro mudanzas, tendrían que volver a dejar el piso donde viven actualmente si las condiciones de la renovación del contrato no se mantienen. Viendo los precios de la vivienda de alquiler en la ciudad, “la única solución ya sería ir fuera de Barcelona”. Eso sería un antes y un después para Oriol y Aslan, que asisten en un colegio especial en la capital catalana.

Por lo que hace al futuro, esta madre lo tiene claro: “Siempre se debe tener en mente un plan A, B o C”. Aunque saben que en unos años deberán de buscar una residencia para los hijos pequeños, por el momento seguirán disfrutando del único momento de descanso semanal, cuando ella y su marido se escapan un día para poder comer unas patatas bravas en alguna terraza del barrio. Ahora ellos ya tienen nietos. Por el momento, solo ha habido una de sus hijas, Mariona, que se ha atrevido a intentar mantener el linaje familiar. Eso sí, con tan solo una tercera parte de los hijos que tuvieron sus padre

EM
Emili Mora Núñez
Sociedad

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.