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El legado de los “Ignasis”; padres de hijos con trastorno de conducta reclaman más ayudas

En los últimos diez años han muerto nueve jóvenes en Catalunya sin que sus familias pudieran evitarlo

El legado de los “Ignasis”; padres de hijos con trastorno de conducta reclaman más ayudas
Joan Maria Sala, con dos de los jóvenes que trabajan en la tienda Rescatem de la calle Rosselló de Barcelona Andreu Esteban
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  • 01Montserrat Boix narraba a este diario, en 2017, el drama vivido por ella y su esposo, Joan Maria Sala, al no poder controlar ni velar por la salud de su hijo, Ignasi.
  • 02Un joven con trastorno de conducta, que acababa de protagonizar su cuarto intento de suicidio.  Se tiró a las vías del metro, en Barcelona, tras abandonar el servicio de urgencias de un hospital de la capital al que acudió para pedir ayuda sin obtener respuesta.
  • 03Los problemas de esta familia con Ignasi empezaron cuando el hijo de Montserrat y Joan Maria cumplió 12 años.
  • 04Los siguientes años tras ese cuarto intento de suicidio las cosas no fueron a mejor.

Montserrat Boix narraba a este diario, en 2017, el drama vivido por ella y su esposo, Joan Maria Sala, al no poder controlar ni velar por la salud de su hijo, Ignasi. Un joven con trastorno de conducta, que acababa de protagonizar su cuarto intento de suicidio. 

Se tiró a las vías del metro, en Barcelona, tras abandonar el servicio de urgencias de un hospital de la capital al que acudió para pedir ayuda sin obtener respuesta. Los problemas de esta familia con Ignasi empezaron cuando el hijo de Montserrat y Joan Maria cumplió 12 años.

Los siguientes años tras ese cuarto intento de suicidio las cosas no fueron a mejor. Ignasi entraba y salía de casa, con repetidas desapariciones sin dar señales de vida. Sus padres, desbordados por la situación y sin ayuda de las administraciones, solo pedían una cosa: que su hijo no muriera, en la más absoluta soledad, tirado en una calle de Barcelona.

Ignasi, con cuatro intentos de suicidio previos y numerosas desapariciones, murió al final en su casa junto a sus padres El único consuelo

Dos años después de esta entrevista con La Vanguardia Ignasi falleció. Tenía 31 años. Era algo que sus padres temían podía pasar desde hacía muchos años. Con la impotencia de no poder hacer nada para evitarlo, al no encontrar ninguna mano que les ayudara. 

El estado de salud de Ignasi, tras los intentos de suicidio y la mala vida a la que le abocó ese trastorno de conducta, estaba muy deteriorado. 

El único consuelo, si es que hay alguno, al infierno vivido por Joan Maria y Montserrat, “es que nuestro hijo falleció en casa, acompañado”. Su estado empeoró en unas de esas temporadas que volvía al domicilio familiar para refugiarse con los suyos.

Familias con hijos que sufren ese trastorno de conducta montan una tienda de ropa para sacar a los jóvenes de ese agujero

El drama vivido animó a Montserrat y Joan Maria a fundar, con otras familias, la Associació de Familiars d’Afectats per Trastorns de Conductas (Afatrac). Empezaron unas pocas y hoy son ya 370. 

Joan Maria es el actual presidente y revela que estos últimos diez años “otros nueve jóvenes con trastorno de conducta han fallecido en Catalunya sin que sus padres y madres hayan podido hacer nada para evitar ese desenlace”. Han estado solos, sin apenas ayudas de la administración. “Necesitamos más apoyo institucional”, repite el presidente de Afatrac.

La tienda vende ropa de segunda mano, pero también prendas nuevas cedidas por empresas textiles
La tienda vende ropa de segunda mano, pero también prendas nuevas cedidas por empresas textilesAndreu Esteban

Esos “Ignasis” con sus vidas truncadas antes de tiempo son los que empujan a esta asociación a trabajar para que otras familias no pasen por el infierno que les ha tocado vivir a los que han perdido a sus hijos por un trastorno de conducta. Así que todo lo que se hace para ayudar a otras madres y padres que ahora pasan por ese drama podría decirse que es el legado dejado por esos jóvenes que ya no están entre nosotros.

El proyecto da sentido a la vida que Ignasi y esos otros nueve fallecidos en los últimos diez años no han podido tener

Uno de los proyectos de Afatrac se llama Rescatem. Es una tienda de ropa abierta hace casi cinco años en el número 459 de la calle Rosselló de Barcelona. 

Ahí trabajan jóvenes con trastorno de conducta, a los que esta asociación ofrece una oportunidad para salir de ese agujero con el objetivo de una verdadera reinserción social. 

Montserrat Boix, fotografiada en 2017, poco después de que su hijo Ignasi intentara quitarse la vida por cuarta vez tras darlo de alta un hospital. David Airob
Montserrat Boix, fotografiada en 2017, poco después de que su hijo Ignasi intentara quitarse la vida por cuarta vez tras darlo de alta un hospital. David AirobPropias

“Este proyecto da sentido a la vida que Ignasi y el resto de jóvenes que no tuvieron, al truncarse su camino”, afirma Joan Maria Sala. La experiencia, añade, “está siendo muy positiva”. 

A falta de ese apoyo que no acaba de llegar de las administraciones, los padres y madres de esas personas, coordinados por esta asociación, han tenido que buscar alternativas. Esta tienda solidaria es un ejemplo.

Salvar y reconducir una sola vida, en esas duras experiencias personales, es ya el mayor de los triunfos. En este último lustro han pasado por esa peculiar tienda –vende ropa de segunda mano, pero también nueva que le entregan empresas del sector, como las del grupo Tendam– un total de 13 jóvenes. 

“Tres de ellos han encontrado ya un trabajo fijo tras vivir esa experiencia”, cuenta un orgulloso Joan Maria Sala. Ahora han conseguido –aquí sí con la ayuda de la Generalitat– convertir esa tienda en una empresa de reinserción laboral. 

Así todo es más fácil en aras a conseguir el objetivo que se busca. En Rescatem trabajan de forma fija tres personas.

“Cuando se llega a ese punto son frecuentes las agresiones y la impotencia es total; no sabes qué hacer para recuperar a ese hijo y, además, nadie te entiende”

Ofrecer a esos jóvenes con trastorno de conducta un trabajo con contacto directo con otras personas “ha sido un acierto”. Y eso que no fue una cosa buscada. “Lo de la tienda surgió porque una de las familias de la asociación tenía ese local y, al plantear cómo darle una salida, salió la propuesta de vender ropa”, recuerda el presidente de Afatrac.

Por esta tienda de la calle Rosselló han pasado en los últimos cinco años trece jóvenes; tres ya tienen un trabajo estable en otras empresas
Por esta tienda de la calle Rosselló han pasado en los últimos cinco años trece jóvenes; tres ya tienen un trabajo estable en otras empresasAndreu Esteban

Dar una ocupación a esas personas permite sacarlos de la calle, alejarlos de las drogas y, lo más importante, tenerlos cerca de sus familias. 

La mayoría de casos con esta enfermedad acaban tan mal porque esos jóvenes dejan de estudiar a edades muy tempranas y se van de sus casas al tornarse insoportable la convivencia con sus padres. 

“Cuando se llega a ese punto son frecuentes las agresiones y la impotencia es total; no sabes qué hacer para recuperar a ese hijo y, además, nadie te entiende”, afirma Joan Maria Sala. 

Sin duda a estas familias les sigue faltando aún mucha ayuda para salir de esos infiernos. 

Javier Ricou
Javier Ricou
Sociedad

Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 2000. Fue corresponsal en LLeida y Pirineos. Actualmente adscrito a la sección Sociedad. Autor del libro 'Acoso escolar' (RD Editores)

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.