Se usa en salud, en el mundo de las finanzas, en comercio y marketing, en la industria, en seguridad y ciberseguridad, en la agricultura, medio ambiente… La IA está presente de manera transversal en toda la sociedad y, obviamente, también se ha inmiscuido en las aulas. Un reciente estudio, realizado por la Universidad de Berkeley (California, EE.UU.), ha llegado a la conclusión de que el uso de esta tecnología por parte de los alumnos ha menoscabado el valor informativo de las calificaciones. Es decir, los alumnos sacan mejores notas, pero sin aumentar su conocimiento.
La investigación, que ha analizado el impacto de la IA en más de 500.000 calificaciones de una gran universidad de Texas entre los años 2018 y 2025, es decir, antes y después de la irrupción del ChatGPT, que apareció en noviembre del 2022, afirma que el uso de esta herramienta ha hecho que el porcentaje de sobresalientes haya aumentado un 30% con respecto a los niveles de referencia del 2022.
Hace poco tiempo que en las universidades hemos empezado a asumir que hay que actuar”
“Los estudiantes ya empezaron a usarlo en el mismo momento que salió”, lamenta Héctor Alonso Martínez, profesor de educación de la Universitat de Barcelona y coautor de varios estudios sobre IA y educación. “Y el problema es que hace poco tiempo que en las universidades hemos empezado a asumir que hay que actuar sobre el uso de esta tecnología. En resumen, vamos con retraso”, añade.
Los resultados de la investigación de Berkeley tampoco sorprenden a Jesús Ángel Román y Rocío García, profesor de la escuela politécnica superior de Zamora de la Universidad de Salamanca, el primero, y de la facultad de Educación de la Universidad de León, la segunda. “Es algo que llevamos tiempo viendo”, razona Román. Ambos son autores, junto a otros dos investigadores, de un estudio sobre el uso del ChatGPT en la educación superior.
A juicio de Alonso, uno de los principales problemas que arroja esta investigación es que algunos alumnos suben la nota por el uso de la IA sin aumentar su conocimiento. “Y eso ocurre en un momento de maduración de su proceso neural y cognitivo”. Para él, no es suficiente que el profesor intente subsanar ese uso fraudulento aumentando los exámenes y presentaciones orales, única fórmula que han encontrado los docentes para paliar el problema. ¿Por qué? Porque más allá de la presencialidad, entiende que el mal ya está hecho.
“El problema es que siguen teniendo un ayudante que en muchos casos les sustituye: les lee, les analiza, les sintetiza, les prioriza los contenidos, algo que antes el alumno hacía por sí mismo, cuando la forma de estudio era mucho más intelectual”. De ahí que concluya que los alumnos tienen que adquirir primero sus competencias y, posteriormente, aprender a usar la IA, “porque utilizarla, la van a utilizar, es una obviedad”.
El problema es que tienen un ayudante que en muchos casos les sustituye: les lee, les analiza, les sintetiza...”
Y es ahí, en ese segundo proceso, donde tienen que jugar, a juicio de Alonso, un papel determinante los mismos docentes. Y todo para que los alumnos hagan un uso correcto, ético y crítico de la tecnología. “A mis estudiantes les digo que le pidan una tarea, que traigan el resultado a clase y, en grupos, hagan un informe sobre qué cosas ha hecho bien la IA en función de los materiales y teorías trabajadas en el aula y cuáles no. Es decir, buscamos fomentar el criterio”.
Por ejemplo, y para empezar, no dejando que sea la tecnología la que genere el contenido. “Siempre la producción humana por delante”, subraya este investigador. En todo caso, hay que dárselo para que lo mejore. “La IA nunca debe estar por delante del pensamiento humano”, reitera. Idéntica idea verbaliza Rocío García: “Tienen que ser los alumnos los dueños del pensamiento y usar el ChatGPT como un soporte”.
Tienen que ser los alumnos los dueños del pensamiento y usar el ChatGPT como un soporte”
En resumen, la IA como calculadora y no como cerebro, esquema que los estudiantes no parecen seguir hoy. “En lugar de usarla como apoyo, a modo de tutor socrático que les pueda permitir avanzar en el aprendizaje, la utilizan para copiar y pegar”, lamenta Jesús Ángel Román.
Alonso aprovecha para poner otro aspecto sobre la mesa. “La tecnología no es neutra, es ideológica”, arguye. Avisa a los estudiantes que las naciones digitales, en manos de cinco personas “coaligadas con discursos de odio y extrema derecha”, son las que dominan el universo tecnológico. “No podemos dejar de ver el elefante en la habitación”, exclama.
En lugar de usarla como apoyo la utilizan para copiar y pegar”

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.