La salud de los profesionales sanitarios y sus condiciones para ejercer no son una cuestión corporativa sino de salud pública. Durante años, a los médicos se nos ha pedido que sostuviéramos un sistema sometido a una presión creciente. Se dio por descontado que lo haríamos y, efectivamente, lo hemos hecho con profesionalidad, responsabilidad y un compromiso extraordinario con los pacientes. Pero también es cierto que el cansancio, la frustración y el malestar acumulados son cada vez más profundos y evidentes.
Cuando los profesionales que cuidan la ciudadanía alertamos de que las condiciones actuales no son sostenibles, conviene escucharnos. No solo por nuestro propio bienestar, sino porque la calidad de la atención y la seguridad de los pacientes dependen también de la salud del sistema sanitario y de las personas que trabajamos en él. La realidad es que muchos profesionales desarrollan su actividad en un sistema sometido a una tensión permanente. Cada vez hay más demanda de atención sanitaria, más complejidad clínica y más expectativas sociales. Pero demasiado a menudo la respuesta ante estas tensiones sigue siendo pedir un esfuerzo adicional a los mismos profesionales.
Los profesionales esperamos que haya voluntad de diálogo porque el malestar crece
Este contexto genera agotamiento y una sensación creciente de pérdida de autonomía profesional y personal. El médico está a menudo atrapado entre lo que cree necesario para el paciente y unas exigencias organizativas o administrativas que dificultan el ejercicio de la profesión y el equilibrio con la vida personal.
El conflicto que hoy expresan muchos médicos no es exclusivo de Catalunya. La falta de profesionales, la sobrecarga asistencial, las dificultades de relieve generacional, la burocratización y la necesidad de modernizar las organizaciones sanitarias son retos presentes en buena parte de los sistemas de salud europeos.
Pero, precisamente por eso, es tan importante generar espacios reales de diálogo. Los problemas son conocidos y sus causas también. Lo que los profesionales esperamos es que exista una voluntad efectiva de escucharnos y de abordar las cuestiones que afectan específicamente al ejercicio de la profesión médica.
Desde el Col·legi de Metges de Barcelona, hace tiempo que defendemos la necesidad de un espacio efectivo de negociación propio. No para plantear reivindicaciones económicas, sino por muchos de los retos que hoy preocupan a los profesionales: las guardias, la organización asistencial, la burocracia, la autonomía o el liderazgo profesional requieren un marco específico de debate y negociación.
Cuando este espacio no existe o cuando los profesionales percibimos que nuestra voz queda diluida en ámbitos donde nuestras problemáticas específicas difícilmente pueden ser abordadas de forma adecuada, se hace mucho más difícil construir confianza y avanzar hacia soluciones compartidas. Por eso, en un momento sensible y de malestar creciente, hay que evitar la confrontación estéril y apostar decididamente por el diálogo.
Los profesionales necesitamos sentirnos escuchados. Los pacientes necesitan un sistema fuerte y sostenible. Y el sistema sanitario necesita acuerdos que permitan afrontar los retos presentes y futuros. Aplazarlos solo perpetuará el malestar de los profesionales y acabará afectando a la calidad de la atención que recibe la ciudadanía. Los médicos no nos lo merecemos. Los pacientes, tampoco.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.