Este domingo celebramos el Corpus, la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Recordamos el inmenso valor que tiene la Eucaristía. Y lo hacemos en un contexto muy especial: estamos entusiasmados por la visita apostólica del papa León XIV a nuestra tierra. Hoy el Santo Padre celebrará la solemnidad del Corpus con una gran celebración de la eucaristía en Madrid.
La eucaristía está muy ligada a la caridad, concepto que proviene del latín caritas y que significa amor. Cuando celebramos la misa, dejamos que nuestro corazón arda con el fuego interior que nos ofrece Jesús. Cuando nos dejamos habitar por su amor, transparentamos amor, un amor que se expande y nos hace felices. Entonces sucede lo que nos decía san Juan de la Cruz: “Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor”. En la eucaristía entramos en comunión con Cristo y recibimos su Amor para vivir su mandamiento de amar al prójimo, como Él nos ama.
Dios es el único capaz de saciar el hambre de nuestra alma
El papa León XIV, en su primera homilía del Corpus, afirmó de manera sencilla: “Cristo es la respuesta de Dios al hambre del hombre, porque su cuerpo es el pan de la vida eterna”. Dios es el único capaz de saciar el hambre de nuestra alma.
El “pan de Dios” nos da fuerza. Sí, un pan que reconfortó al angustiado Elías en un hermoso pasaje del libro de los Reyes (1 Re 19, 3-8). Cuando Elías, en el desierto, cansado y abatido, huía, dijo a Dios que no podía continuar. Un ángel le ofreció un pan; comió, se levantó y, con la fuerza de aquel alimento, continuó su camino.
Este pan que da fuerza para recorrer el camino de la vida viene del cielo y nos da vida. Es el cuerpo de Cristo que recibimos en cada eucaristía. Así lo afirmó Jesús: “Yo soy el pan de vida: el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed” ( Jn 6,35).
En la eucaristía escuchamos la palabra de Dios, que nos alimenta, y recibimos el cuerpo de Cristo en comunión con nuestros hermanos. El miércoles tendremos la alegría de hacerlo presididos por el Vicario de Cristo en la tierra, el papa León XIV. Y lo haremos en el templo más bello de Barcelona y, por qué no decirlo, del mundo entero. Demos gracias a Dios por este gran regalo y por el don que nos ha hecho en la persona del venerable Antoni Gaudí.
La caridad, el amor de Cristo, nos impulsa a amar a los demás y a vivir nuestras responsabilidades como lo hizo Gaudí. El amor hacia los demás no es un sentimiento pasajero, es fruto de acoger en nosotros el amor incondicional de Dios. Si Dios nos ha amado hasta el extremo, nosotros debemos aprender a amar como Él.
Por eso hoy recordamos a Cáritas, la institución de la Iglesia que acoge a los más necesitados y trata de ayudarlos. Seamos generosos, colaboremos con Cáritas en la colecta de hoy o hagámonos socios.
Recibamos el cuerpo y la sangre de Cristo como pan que nos alimenta y vino que nos purifica. Compartamos la alegría, como decía el papa Francisco, siendo como una habitación amplia y acogedora donde todos puedan entrar y encontrar al Señor.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.