Los integrantes de Clams estos días apenas tienen tiempo para descansar. La cuenta atrás para la presentación de Punts de Fuga, su quinto EP, que estrenarán este miércoles 1 de julio en la Sala Luz de Gas (Barcelona), los mantiene inmersos en ensayos y preparativos, pero también muy ilusionados.
No es para menos. Tras más de una década sobre los escenarios, este grupo barcelonés se ha consolidado como un proyecto singular, tanto por su propuesta artística como por su dimensión humana. La banda se define como un grupo de pop-rock ecléctico e inclusivo que cuenta con un grupo de coristas en situación de discapacidad intelectual.
Creando espacios de convivencia, se genera inclusión
Hasta 15 personas forman parte de esta gran familia entre voces, músicos y coristas, un proyecto que combina energía y sensibilidad, y la convicción de que “creando espacios de convivencia, se genera inclusión”.
Así lo cree Artur Fernández, más conocido como Turu, vocalista de la banda y artífice del proyecto: “Cuando generas un espacio compartido, al principio quizá ves la discapacidad, pero poco a poco dejas de fijarte en eso y empiezas a ver a la persona. De la convivencia surge el vínculo y, con él, ese cambio de mirada”. Una transformación social que, de hecho, se puede trasladar a muchos otros ámbitos.
Los inicios de este grupo de pop-rock se remontan al proyecto Música para la Inclusión, una iniciativa vigente que busca cambiar la mirada hacia las personas con discapacidad y demostrar el poder transformador de la música. Su impulsor, Turu Fernández, psicopedagogo y maestro de educación especial, decidió unir sus dos grandes pasiones y sumar a otros compañeros en esta aventura.
Aunque el proyecto nace de esa dimensión social, sus integrantes hacen hincapié en la calidad artística de los discos y sus canciones. “Sin unas buenas canciones, esto no funcionaría”. En su último trabajo artístico, las canciones hablan de perder el miedo, de avanzar con valentía y entender que los puntos de fuga son espacios desde donde mirar el mundo de otra manera. “Sumar a todas estas coristas ha sido brutal. Han aportado una dimensión emocional que lleva las canciones a otro nivel”, asegura el vocalista de la banda.
Antes nos venían a ver porque teníamos diversidad funcional, ahora lo hacen por nuestra música
Este último disco ha supuesto, según los miembros, una culminación artística en la que ha participado toda la banda. “Para nosotros, Clams es magia, fuerza, talento… Lo mejor que me ha pasado en la vida”, resume Maria Giurgila, de 30 años y corista de la banda desde los 18. Ante el inminente concierto, los miembros de la banda se encuentran una vez por semana para poner a punto la puesta en escena y trabajar voces y coreografías.
Giurgila asegura que “antes nos venían a ver solo porque teníamos diversidad funcional, pero ahora lo hacen para disfrutar de la música”. Además, explica que durante mucho tiempo les llamaban principalmente para actuar en eventos y jornadas vinculadas a días internacionales relacionados con la discapacidad. Y aunque quieren seguir haciéndolo porque “forma parte de nuestro ADN”, agradecen poder formar parte del circuito musical catalán, con presencia en programaciones de festivales y salas, siendo valorados por su propuesta artística más allá de cualquier etiqueta.
La experiencia en Clams ha supuesto un importante impulso para la autoestima y la confianza de las coristas. Gracias al proyecto han pisado escenarios que nunca imaginaron y han compartido experiencias con artistas como Joan Dausà, Marc Parrot o Joan Colomo. El próximo miércoles, en la sala Luz de Gas, tampoco estarán solos. Sobre el escenario los acompañarán Pep Sala, de Sau, y otros artistas invitados en un concierto que contará con alguna sorpresa.
Pese a todo, siguen encontrándose con numerosos prejuicios en el ámbito cultural y musical. Turu denuncia la sobreprotección y el paternalismo que todavía persiste en comentarios bienintencionados como “pobrecitos, qué bien lo hacen” o en el hecho de que, con frecuencia, se les siga tratando como si fueran niños y niñas.
Frente a esa mirada, Giurgila reivindica una mirada más respetuosa e igualitaria: “No somos niños, yo tengo 30 años. Somos personas adultas y también tenemos derecho a formar parte de la cultura”. Una reflexión que resume el espíritu de de la banda: demostrar que la música es una poderosa herramienta de inclusión y que el talento no entiende de etiquetas.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.