Emi García (56 años, Vilanova i la Geltrú) lleva casi 15 años sin conducir. ¿La razón? Poco después de sacarse el carné (lo hizo a los 42) empezó a trabajar en Barcelona y a desplazarse en tren. Así, fueron pasando los años y, sin ser muy consciente, creciendo dentro de ella un rechazo al coche. “Ya de por sí, conducir nunca me ha gustado mucho”, admite a La Vanguardia. Hasta que se dio cuenta de que tenía un problema. Se llama amaxofobia, un miedo intenso, persistente e irracional a conducir un vehículo o viajar en él y que afecta a 9 millones de españoles, en mayor o menor grado. Este miércoles, no obstante, y gracias a una iniciativa de Europcar, Emi volvió a ponerse al volante.
Ella es una de las seis personas que han seguido una terapia -conducida por Cristina Rojas, especialista en amaxofobia- para perder el miedo a conducir. El tratamiento constó de nueve sesiones online (una por semana, de dos horas de duración y donde recibieron herramientas para hacer frente a sus miedos), ejercicios y tres fases prácticas: una primera que desarrollaron desde casa y a través de un videojuego; una segunda con simuladores de conducción avanzados; y finalmente la tercera, que era conducir un vehículo real.
Pensaba que no sería capaz de dar ni una vuelta”
Esta última fase la realizaron este miércoles en el Circuit de Barcelona-Catalunya (Montmeló). Se da la circunstancia de que ya conocían el trazado, que habían hecho previamente y de manera virtual a través del videojuego y el simulador.
“Pensaba que no sería capaz de dar ni una vuelta, estaba muy nerviosa, aunque luego me he relajado”, confiesa Emi. Se subió al coche acompañada de Rojas. “Sola me habría dado mucho respeto”. Al final fue capaz de conducir e incluso llegó a sentirse cómoda.
“He intentado no darle muchas vueltas, que es lo que te paraliza. Así que me he dejado fluir. Sabía que, o iba a salir bien y mi cabeza iba a hacer un clic, o iba a ser un desastre, con lo que habría dado carpetazo de manera definitiva al tema del coche”.
Hace unos cinco años hizo un intento por retomar la conducción. Fue en un polígono, y la experiencia no resultó muy positiva. “Sentí ganas de bajarme. Quizás también un poco de claustrofobia por el habitáculo, incluso”.
Defensora del transporte público, asegura que no puedes depender de él, “y mucho menos ahora”. Lamenta que hace tiempo que desplazarse de Calafell (donde vive) a Vilanova i la Geltrú (de donde es originaria) en Rodalies es un imposible. “Es vergonzoso. Los trenes no funcionan, los autobuses pasan cuando quieren… Lo del coche casi es como una obligación”.
Como Emi, Víctor Barceló (29 años, O Ribeiro, Galicia) también lleva unos cuantos años sin ponerse al volante, aunque menos: alrededor de cuatro. Se sacó el carné a los 18 “y con mucha fortuna”, relata. “Sentía que no sabía conducir cuando me lo dieron”. Hizo las prácticas siempre en un pueblo y meterse en una ciudad, ya con el carné, le daba mucho respeto. Con el tiempo, acabó mudándose a una gran urbe y aparcando definitivamente el coche.
Pensar en conducir en ciudad es lo que más le inquieta. “El tráfico, muchos carriles, perderse, que te piten… Me genera rechazo, por lo que lo evito. Busco siempre una alternativa, aunque implique más tiempo de desplazamiento”.
Busco siempre una alternativa, aunque implique más tiempo de desplazamiento”
Reconoce que no le gusta hablar del tema. Algo normal. En especial entre los hombres, según Rojas. “Existe la creencia de que a un hombre le tiene que encantar la gasolina, la carretera, el fútbol. De ahí que exista vergüenza a explicarlo”, afirma.
También incompresión. En particular en los casos (que los hay, tanto en ellos como en ellas) de conductores que circulan por ciudad o carreteras convencionales, pero no por un autopista; o que incluso sienten incomodidad a la hora de pasar por un túnel, un puente o a circular a cierta velocidad. Y es que hay personas con amaxofobia que conducen a pesar del sufrimiento: son un 6% de los afectados los que padecen un miedo incapacitante que puede llegar a impedir completamente la conducción.
¿Y qué origina esta fobia? Algunas veces tiene que ver con una mala experiencia al volante, como un accidente. Aunque en muchas otras ni tan siquiera hay una relación directa con el hecho de conducir. Es muy posible -razona Rojas- que haya conductores que en su día tuvieron un ataque de ansiedad dentro del coche y que, a raíz de ese episodio, les quedara anclada la fobia con el hecho de estar en el interior del vehículo, cuando el ataque nada tuvo con ver con la conducción.
La buena noticia es que la amaxofobia tiene solución. Entre el 70% y el 90% de los que la padecen y reciben ayuda especializada la superan, aunque menos de tres de cada diez llegan a buscar apoyo profesional.
Ningún miedo se soluciona evitándolo”
“Esto, conduciendo, se te va”, es lo que suelen escuchar los afectados. Cuando no es así. Primero se necesita conseguir una base emocional para después pasar a la exposición de manera gradual. “Ningún miedo se soluciona evitándolo”, advierte Rojas.
Ahora el reto para Emi, Víctor y los otros cuatro participantes de la iniciativa de Europcar, es persistir tras haber dado este primer paso. “Ahora empieza el desafío de verdad. Esto de hoy no deja de ser irreal. Hay curvas en el circuito, pero no obstáculos ni otros coches”, apunta Emi.
“En Galicia hay carreteras secundarias que son peligrosas, con curvas complicadas, vienen coches y ni los ves, y eso me genera bastante miedo. El reto es empezar por niveles, de manera progresiva”, sostiene Víctor. Al menos, dice, ahora está más motivado para intertarlo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.