La fábrica Uralita, en Cerdanyola del Vallés (Vallès Occidental), cerró en 1997 después de 90 años de actividad. Allí se producía el 10% de los materiales de contenían amianto de todo el país. El uso, producción y comercialización del fibrocemento fue prohibido en España el año 2002, casi un siglo después de las primeras sospechas sobre las propiedades cancerígenas de los arbestos.
Pero los problemas sanitarios ocasionados por el amianto no han acabado, ni mucho menos, y la exposición ambiental de la población sigue siendo muy elevada. “Nuestra preocupación es que puedan aumentar en los próximos años a consecuencia de la degradación de los materiales”, explica Manel Luján, director del servicio de neumología del hospital Parc Taulí, en Sabadell, que ha creado la primera unidad multidisciplinar de amianto para centralizar la atención a las personas afectadas.
Al lado de la fábrica Uralita había un colegio; los niños hacían muñecos con las fibras de amianto que llovían”
El Parc Taulí realiza el seguimiento de unas 300 personas afectadas por la exposición al amianto en el ámbito laboral. Los trabajadores que estuvieron expuestos deben someterse a controles cada dos o tres años y, si presentan alguna señal radiológica, cada año, incluso cada seis meses.
El espectro clínico es muy amplio y abarca desde las personas que trabajaron durante décadas en contacto con el mineral y no presentan síntomas hasta las que han adquirido graves enfermedades sin haber estado directamente expuestos. “Hace dos semanas visitamos a un paciente con un cáncer de pleura. Ha vivido durante 60 años en la zona, pero no cerca de las fuente de exposición”, señala el doctor Luján.
El cáncer de pleura, la asbestosis (fibrosis pulmonar) y el cáncer de pulmón –aunque en este caso es difícil atribuirlo a una única causa– son las principales patologías provocadas por el amianto. Suelen tener un periodo de latencia extremadamente largo, de entre 20 y 50 años, por lo que difícilmente aparecen pacientes de menos de 65 en el Parc Taulí, donde cada año se diagnostican entre 15 y 20 personas de la zona de enfermedades relacionadas con la exposición.
El centro de Sabadell controla a unas 300 personas que estuvieron expuestas laboralmente
“Las 300 personas de la rama de exposición laboral que tenemos controladas son la punta del iceberg”, asegura el neumólogo. “Nos encontramos con muchas personas con lesiones altamente sugestivas de exposición pero en las que no existe una exposición clara. Nos falta identificar muy bien la exposición ambiental, podríamos estar hablando de más de un millar de personas en el área de referencia de nuestro hospital, con una población de más de 400.000”.
Identificar y atender a la mayor parte de afectados posible es uno de los cometidos de la pionera unidad del amianto del Parc Taulí. Además de labor asistencial, se propone profundizar tanto en la investigación de cada caso como en la divulgación y la previsión de la evolución del problema en los próximos años. “La parte más importante es la prevención, es decir, la eliminación de la contaminación ambiental. Esto no parará hasta que tengamos controlada la vía de la exposición ambiental, hasta que hayamos retirado todos los materiales”, asegura Luján.
Va para largo. No existe un censo fiable de los edificios públicos y privados que contienen contaminantes que pueden estar más activos que nunca. “Entre 30 y 50 años después de su fabricación es cuando se considera más contaminante. Se degrada el cemento, pero no el amianto y se van liberando fibras en la atmósfera”, explica el médico. “Nuestra preocupación –prosigue– es que los efectos en la salud de las personas puedan aumentar debido a esta degradación y también debido al efecto acumulativo”.
El neumólogo expresa preocupación por la contaminación por degradación de los materiales
Según Luján, en las inmediaciones de la zona cero todo el mundo tiene algún pariente o algún conocido que ha fallecido a consecuencia del amianto. En algunas familias hay varios muertos. “Me han contado historias. Al lado de la fábrica Uralita había una escuela y los niños hacían muñecos con las fibras de amianto que les llovían”. La factoría registró la máxima actividad entre 1965 y 1995. Hoy en día, únicamente empresas especializadas e inscritas en el registro RERA tienen autorización para retirar este material de los edificios, principalmente en tejados y tuberías.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.