Explora La Vanguardia
Apariencia
A
Contraste
Al MinutoInternacionalPolíticaOpiniónSociedadDeportesEconomíaCiudadesPopCulturaSucesosLa Contra
Suscríbete
Sociedad SIN COLAS A LA CIMA (7/7)

El pico Otal: Traca final con un recorrido de vértigo

Esther González-Conejero Hilla, coguarda del refugio de Bujaruelo, propone subir el pico más exigente de la serie con un vertiginoso tramo final y un descenso a prueba de rodillas

El pico Otal: Traca final con un recorrido de vértigo
Esther disfruta de un imponente panorama: del Taillón al Vignemale, el Monte Perdido o el Cilindro de Marboré, entre muchas otras cimas Rosa M. Bosch
Escucha este artículo
0:00 7:42
Actualizado hace 5 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

Sugerir una corrección Política de correcciones de La Vanguardia
4 puntos clave Ver
  • 01El pico Otal, también conocido como Peña Arañonera, no depara respiros, es una subida constante, sin tregua.
  • 02Si además se suma a la salida el veloz hijo de nuestra guía, Dídac, un adolescente todoterreno sobrado de energía, la cosa se complica un poquito...
  • 03Del abanico de cimas que rodean el refugio de Bujaruelo, esta es una de las menos frecuentadas, quizás porque no llega a la cota 3.000 y por su exigente tramo final, en el que hay que trepar por una canal no apta para quienes sufran vértigo.
  • 04Al verla siento mucho, mucho respeto, pero afrontarla con Esther González-Conejero Hilla, experta montañera, infunde confianza y me tiro al ruedo.

El pico Otal, también conocido como Peña Arañonera, no depara respiros, es una subida constante, sin tregua. Si además se suma a la salida el veloz hijo de nuestra guía, Dídac, un adolescente todoterreno sobrado de energía, la cosa se complica un poquito... Del abanico de cimas que rodean el refugio de Bujaruelo, esta es una de las menos frecuentadas, quizás porque no llega a la cota 3.000 y por su exigente tramo final, en el que hay que trepar por una canal no apta para quienes sufran vértigo. Al verla siento mucho, mucho respeto, pero afrontarla con Esther González-Conejero Hilla, experta montañera, infunde confianza y me tiro al ruedo. Un fin de fiesta excitante y para recordar. Casi siete horas para salvar 1.400 metros de desnivel positivo en unos doce kilómetros.

LV

Esther junto con los hermanos Chelis y Rafa Gómez de Miguel suman 25 años como guardas de Bujaruelo, un rincón bucólico desde donde emprender excursiones suaves o iniciar el itinerario para coronar algunas de las cumbres estrella de los Pirineos. Del Monte Perdido al Vignemale, aunque el más cercano es el Taillón. Para llegar al valle de Bujaruelo, pasada la localidad de Torla-Ordesa accedemos desde la carretera A-135 al Puente de los Navarros, donde una pista forestal de algo más de seis kilómetros nos conducirá hasta el refugio.

Sigue leyendo con toda la información

Accede al artículo completo, al análisis de nuestros especialistas y a todo el contenido premium de La Vanguardia.

  • Artículos premium sin límite y sin publicidad intrusiva
  • Newsletters exclusivas y la edición impresa en PDF
  • Cancela cuando quieras
Suscríbete por 1€/mes
↓ Vista de revisión · contenido bajo el muro (oculto en producción)
Esther y Dídac, en el inicio del recorrido por el sendero en un frondoso bosque 
Esther y Dídac, en el inicio del recorrido por el sendero en un frondoso bosque R.M. Bosch
El pico Otal esconde un fascinante sistema cárstico con 45 kilómetros de galerías subterráneas

Esther llegó al Pirineo aragonés en 1998 desde su Murcia natal. Empezó a trabajar en un hotel de la zona de Ordesa, conoció a Chelis y Rafa y, en el 2001, se embarcaron juntos en el proyecto de Bujaruelo, que han transformado en un acogedor refugio con un buen restaurante. A tiro de piedra destaca el puente románico de San Nicolás sobre el río Ara.

Bujaruelo reúne tanto a curtidos montañeros como a ciudadanos que buscan desfogarse en la naturaleza.

El itinerario del pico Otal, una de las cumbres más destacadas de la sierra de Tendeñera, arranca a dos kilómetros de Bujaruelo por la pista en dirección al puente de los Navarros. Se puede estacionar el coche en un espacio a la izquierda de la vía y, a la derecha, veremos un hito de piedras que marca el inicio del camino por un frondoso bosque de bojes y hayas por el que apenas asoma la luz. “La abundancia de boj en esta zona dio nombre a Bujaruelo”, precisa Esther mientras disfrutamos del frescor que desprende este empinado sendero. Cuesta arriba Esther habla, yo resoplo y Dídac corre.

Llegamos a un prado que acusa la falta de lluvia de las últimas semanas. Esther hace notar que los lirios azules que crecen en alta montaña este verano están secos, apenas sobreviven unos pocos, y los pastos han perdido su tono verdoso para dar paso al ocre. Sospechamos que el rebaño de ovejas que se mueve por estos parajes no lo debe pasar muy bien.

Un poco más arriba nos desviamos a la izquierda para acercarnos a las bocas de acceso a las cuevas del Sistema Arañonera, un gigantesco laberinto subterráneo con 45 kilómetros de galerías exploradas y un desnivel de 1.359 metros, solo apto para expertos espeleólogos. El pico Otal esconde en sus entrañas un fascinante sistema cárstico. De las grietas de entrada sale un balsámico aire frío.

Dídac, amante del esquí freeride y del ciclismo todoterreno, se adelanta y busca los hitos siguiendo la ruta descargada en un reloj inteligente. Divisamos la silueta del Otal y las canales de ascenso. Pienso que es muy vertical, pero callo, ya veremos...

Dídac controla nuestra evolución desde la cima 
Dídac controla nuestra evolución desde la cima R.M. Bosch

Creemos que esa mañana somos los únicos que campamos por el Otal, pero estamos equivocados. Descubrimos el lejano perfil de cuatro personas en la cima. Dídac ya ha enfilado por una de las canales, la que parece más asequible, nos va dando instrucciones de los mejores pasos y en un plis plas se planta arriba. Yo guardo los bastones en la mochila y medio convencida trepo despacio buscando asirme a las piedras fijas. Una caída y no lo contaría. Esther me apremia pues asoman las primeras gotas y los nubarrones se asientan en el horizonte, pero la cosa no va a más. Con agua tendría más números para un resbalón. Voy tirando, veo que casi lo tengo y me animo. Mientras, Dídac charla con los cuatro desconocidos, que le sugieren que no descendamos por el mismo sitio, que es más seguro seguir por la cresta que conecta con una pedrera.

Tramo final hacia la cima 
Tramo final hacia la cima R.M. Bosch

Cuando alcanzo la cumbre se disipan todos los males y quiero disfrutar sin prisas de las vistas. Unas piedras marcan una altitud de 2.704 metros, pero en diferentes reseñas se habla de 2.701 y 2.709. Tenemos un primer plano del Tendeñera (2.873 m.), el pico que corona la sierra del mismo nombre. Esther destaca otras cimas relevantes, del Vignemale al Perdido, los Gabietos, el Cilindro y el Casco de Marboré, el Taillón... Tomamos rápidamente algunas fotos y bajamos por la ruta sugerida por quienes nos han precedido. Nos deslizamos por la ladera con mucha piedra pequeña y al final nos descalzamos para sacarnos los guijarros que se han colado dentro de nuestro calzado.

Esther y Dídac, en la cima 
Esther y Dídac, en la cima R.M. Bosch

En una suerte de cavidad vemos apretujado un rebaño de ovejas que se mimetiza con el color de la roca. Dídac devora un bocadillo y se despide: “Nos vemos en Bujaruelo”. Seguimos a un ritmo más pausado cuando las rodillas empiezan a protestar. Al llegar al bosque alcanzamos a los que han hecho cumbre antes que nosotros. Son veteranos montañeros, viejos conocidos de Esther.

Rosa M. Bosch
Rosa M. Bosch
Sociedad

Periodista.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.