En la temporada de alpinismo del 2023, más de 1.600 tiendas de campaña se instalaron en el campamento base del Everest, asentado sobre el glaciar Khumbu, que se derrite a gran velocidad por el calentamiento global. Los montañistas y sus asistentes –los sherpas– utilizaron 824 cilindros de gas licuado de petróleo (GLP), 18.935 litros de queroseno y 5.130 litros de gasolina para cocinar, calentar las tiendas y generar electricidad. Esa actividad humana liberó una energía térmica que fundió 2.500 toneladas de hielo. Con esta evidencia científica de fondo –nunca antes se había cuantificado el daño de la actividad humana a este cumbre–, un grupo de científicos pide trasladar el campamento. Si el glaciar está cambiando y la presencia humana genera más presión, ¿por qué mantener la infraestructura encima del hielo?, se preguntan.
Mientras Nepal trata de recuperarse de la mortal riada provocada por el colapso de hielo y roca en el Himalaya, un equipo de siete investigadores ha aportado una nueva evidencia científica sobre hasta qué punto el aumento de las temperaturas –agosto del 2026 ha sido el mes más caluroso desde que hay registros– y la práctica masiva de actividades recreativas están transformando las montañas más altas del planeta.
En el campamento base los alpinistas tienen café espresso, wifi, duchas de agua caliente y pantallas grandes de televisión
Hasta la orina de los montañistas, más de seis mil litros diarios, está contribuyendo a acelerar el deshielo en el Everest, según este estudio. La micción, aclaran los autores, es una parte pequeña del impacto humano, aunque suficientemente cuantificable como para resultar llamativa. Los combustibles fósiles usados para la habitabilidad del campamento representan el 94% del potencial de fusión asociado a la actividad humana. El confort incluye, por ejemplo, cafeterías con máquinas de café espresso, televisores de pantalla grande, conexión wifi de alta velocidad y duchas de agua caliente, entre otros servicios.
En su investigación, los científicos describen que la base del Everest se convierte durante 50 días en un “asentamiento temporal”, una realidad muy alejada a la idea arraigada de alpinistas que simplemente montan sus tiendas para dormir. La escala y sofisticación de la infraestructura necesita un alto consumo energético. “El campamento del Everest genera suficiente calor para contribuir a la pérdida de miles de toneladas de hielo”, aclara el grupo de autores, liderados por Sudeep Thakuri, profesor del departamento central de Ciencias Ambientales de la Universidad de Tribhuvan de Nepal.
La investigación menciona también –sin dar cifras– a los residuos como otro elemento que está dañando este ecosistema. La oenegé local Sagarmatha Pollution Control Committee (SPCC) retiró este año 90.329 kg de residuos del Everest: 80.579 kg del área del campo base y 9.750 kg de zonas situadas por encima del campamento. Además, se bajaron 1.769 bolsas de excrementos. En promedio, cada año el turismo masivo deja 200 toneladas de basura en la montaña.
La tasa de calentamiento del campamento es otro dato central de la investigación. Los autores utilizaron imágenes de los satélites para reconstruir la evolución de la temperatura superficial del campamento entre 1991 y el 2023. Hallaron una velocidad de calentamiento de 0,28ºC por año, el doble de la registrada en la superficie del glaciar Khumbu situada junto a esta infraestructura (0,15ºC anuales).
Al unir todos los cabos, los científicos proponen “ubicaciones estables y más seguras” para trasladar el campamento base. Citan dos posibles emplazamientos, al suroeste de donde hoy se montan las tiendas. Ambos están asentados sobre terreno estable, fuera de la superficie glaciar.
Se trata de una propuesta que ya fue analizada por las autoridades políticas de Nepal. En el 2022, el Departamento de Turismo propuso constituir un comité de estudio de siete miembros para materializar una posible mudanza. Se analizó llevarlo hacia Kala Patthar, una zona rocosa situada por debajo del actual emplazamiento, para reducir la exposición de los montañeros a una superficie glaciar cada vez más dinámica.
En aquel momento, Dawa Steven, director de una de las empresas de montañismo más importantes de Nepal y veteranodefensor de la conservación del Himalaya, advirtió de que cambiar de emplazamiento podría desplazar el riesgo en lugar de eliminarlo, al acercar el campamento a zonas expuestas a avalanchas y desprendimientos.
La preocupación del gobierno nepalí no se tradujo en ninguna medida concreta. Cuatro años más tarde, la nueva evidencia científica reabre esta posibilidad. Virginia Burkett, investigadora del clima, destituida en el 2024 de su cargo en el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) por el gobierno de Donald Trump, coautora de la investigación, explica que sería una buena medida para ralentizar un deshielo que, por la inercia climática, ya es imparable: “Tenemos que pensar en el futuro y en la adaptación a la nueva realidad climática. ¿Qué mejor lugar para empezar que el Everest?”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.