“Las revistas como Magazine nunca pretenden desentenderse ni desligar la moda de la cultura”. Lo afirmó Joana Bonet, directora de la publicación dominical de La Vanguardia , durante el encuentro con suscriptores celebrado esta tarde en el Cupra City Garage de Madrid y moderado por Enric Juliana, adjunto al director de La Vanguardia. Una conversación en la que Bonet reivindicó la moda como una vía para interpretar el mundo y defendió el papel de las publicaciones especializadas en tendencias como espacios capaces de conectar estética, cultura, sociedad y pensamiento.
La moda como espejo de su época fue una visión recurrente durante el encuentro. Para Bonet, resulta imposible entenderla al margen de la geopolítica. La crisis climática, las guerras, las tensiones económicas o la situación de China terminan repercutiendo en una industria que, lejos de vivir en un universo frívolo y aislado, está conectada con las grandes transformaciones del planeta. La moda tiene “una lectura geopolítica y económica impresionante”.
También las tendencias estéticas hablan del momento que vivimos. Bonet señaló como uno de los fenómenos más visibles el deseo de desaparecer que expresa el llamado “lujo silencioso”: prendas de tejidos extraordinarios y cortes precisos que no buscan llamar la atención. Una estética discreta en la que, sin embargo, permanece la búsqueda de calidad. Porque, recordó, “la ropa también te puede conferir mayor o menor dignidad como persona”.
En el presente, junto a esa estética de protección y discreción, detecta otro fenómeno que considera especialmente significativo: el rescate de la artesanía. Frente a un mundo que habla constantemente de inteligencia artificial, Bonet reivindicó la “inteligencia artesanal” y destacó el papel que históricamente ha desempeñado el sector del lujo en la conservación de oficios que, de otro modo, podrían haberse extinguido
La conversación también abordó la capacidad de la moda para democratizar el acceso a la belleza y al conocimiento. Ante la comparación entre Barcelona y Madrid y la distinta manera de vestir que puede percibirse en ambas ciudades, Bonet defendió una idea que conecta directamente con la filosofía de Magazine: “La moda tiene que ser accesible para todo el mundo. Igual que la belleza, igual que nuestro conocimiento de las artes”.
Y es ahí donde situó el papel de las revistas. Publicaciones como The New York Times, The Cut, Vogue Paris o Magazine tienen, a su juicio, la función de “vehicular” todos esos conocimientos y, sobre todo, de evitar que la moda quede separada de la cultura. La relación entre ambas es cada vez más evidente: escritores, artistas, museos y grandes firmas participan hoy en proyectos comunes y las propias marcas se han convertido en importantes agentes culturales.
También ha cambiado la consideración social de las revistas femeninas. Bonet recordó el viejo prejuicio que las asociaba con asuntos menores o con “cosas de chicas”, pese al enorme peso económico que durante décadas tuvieron en la prensa. Hoy, señaló, ese estigma se ha reducido: escritores y periodistas de prestigio colaboran con ellas y publicaciones como Magazine pueden abordar desde la moda y la belleza hasta las corrientes estéticas, sociológicas y culturales que ayudan a interpretar la sociedad.
Fue en el turno de preguntas de los suscriptores cuando la conversación adquirió una dimensión especialmente reveladora sobre la manera de trabajar de Magazine. Bonet aprovechó ese momento para explicar que ese trabajo es posible, ante todo, gracias al equipo y al director de La Vanguardia, Jordi Juan, al que atribuyó un papel fundamental a la hora de crear las condiciones necesarias para desarrollar proyectos periodísticos de mayor profundidad.
Esa diferencia entre la velocidad de la web y los tiempos del papel apareció como una de las claves para entender el proyecto actual de Magazine. “El periodismo es inmediatez, en la web damos respuesta inmediata, pero el papel nos permite acercarnos” a historias y personajes que requieren otro ritmo, explicó. Como ejemplo puso uno de los próximos contenidos de la revista: una entrevista con el fotógrafo François-Marie Banier, un autor de culto al que, según relató, nadie había entrevistado desde hacía 30 años y que además ha permitido a Magazine acceder a parte de su archivo. Son, explicó Bonet, “pequeños retos” que la redacción se marca “por gusto” y también con el propósito de ofrecer lo mejor a sus lectores y lectoras.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.