La lectura y la competencia lectora son dos de los pilares fundamentales del aprendizaje. Y una pieza importante para fomentarla en la escuela o instituto está en las bibliotecas escolares. Tener este espacio es obligatorio por ley en Catalunya, pero una cuarta parte de centros no cuenta con una a pesar del batacazo de PISA. Y un porcentaje significativo que sí tienen, la mantienen la mayoría de horas cerrada por falta de personal para atenderla, convirtiéndose en un almacén de libros escasos y desactualizados. Porque no existe un profesional destinado a esta tarea. Los centros pueden liberar a un docente del área de lengua para que se ocupe de este espacio, pero no siempre sucede. Con un presupuesto ajustado, se contratan pocas horas y de forma externalizada a través de las AFA en muchas ocasiones. Con todo, las bibliotecas están abiertas de dos a tres horas a la semana. Por eso es habitual el goteo de profesionales que deciden dejar la biblioteca escolar para buscar un trabajo mejor remunerado. Los expertos defienden la importante labor de las bibliotecas escolares y lo urgente de volver a dotarlas de personal específico y servicios actualizados para fomentar la lectura y trabajar la competencia lectora.
Carlos Ortiz dejó en abril pasado de ser bibliotecario escolar en institutos después de cerca de dos décadas y aún hoy, casi medio año después, sigue pasando el “duelo” de no poder ejercer en lo que le gusta. Porque le apasiona el trabajo en los institutos pero tiene que pagar las facturas. Marta Cava lo dejó hace ya tres años por la “precariedad del sector”, pero que le gustaría trabajar a jornada completa y con un mínimo de recursos. Júlia Baena también tomó la difícil decisión de dejarlo hace algo más de un año porque con una media jornada “no se pagan las facturas”. Aún hoy añora su labor de bibliotecaria, “el trabajo de mi vida”, define. Desde esta semana es cocoordinadora del máster en biblioteca escolar y promoción de la lectura (UAB-UB).
Los centros públicos abren de media dos horas la biblioteca, los concertados, cinco Desigualdad
En el curso 2023/24 un 72,9 % de centros contaban con biblioteca escolar con una media de tiempo abierto de 6,2 horas a la semana, según datos publicados por el departament d’Educació. La realidad es que los centros públicos la pueden mantener abierta mucho menos de esta media, apunta el bibliotecario Carlos Ortiz, que lamenta que exista una ley que diga que debe haber bibliotecas en las escuelas pero que no especifique lo que debe tener, ni que destine a un profesional a ello. Baena secunda el dato que muchas bibliotecas no abren más de dos horas y lamenta que la figura del bibliotecario escolar no esté regulada y dependa de las decisiones del centro.
La biblioteca escolar hoy es un poco “precaria”, asegura Mònica Baró, a quien ha relevado Baena del cargo y que es profesora de la Facultat d’informació i Mitjans Audiovisuals, con una amplia experiencia en el ámbito de las bibliotecas escolares.
De media se pueden dedicar tres horas semanales a la biblioteca escolar cuando antes eran 10
El departament d’Educació permite que un docente libere algunas horas de su tarea habitual para encargarse de la biblioteca escolar. Se trata de una coordinación que no está remunerada y que puede ser desde una hora a cuatro a la semana “en el mejor de los casos”, lamenta Ortiz. Estas horas dan para abrir “cuatro días a la hora del patio” y poco más, prosigue. El bibliotecario lamenta que con dos horas a la semana es imposible gestionar una biblioteca: comprar, catalogar o hacer actividades de dinamización lectora. En muchos casos son las AFAs las que asumen el coste de tener unas horas más a la semana a un profesional que se ocupe de este espacio. Por una cuestión legal acostumbra a ser contratado por la empresa encargada del comedor, explica el bibliotecario. “El panorama es desolador”, lamenta.
Los expertos reclaman la importancia de la figura del bibliotecario escolar
“De media se pueden dedicar tres horas semanales a la biblioteca escolar cuando antes eran 10”, lamenta Baró. En los centros públicos, especifica, se destina una media de 2,5 horas a un profesional para esta tarea, mientras que en los concertados son cinco, prosigue. “Con 2,5 horas no puedes hacer prácticamente nada”, resume. La experta lamenta que la biblioteca no debería ser un “depósito” de libros sino una especie de “laboratorio”. Y denuncia que muchas veces la dedicación a estos espacios por parte de los profesionales sea de manera voluntaria. Lamenta que si el bibliotecario es externo, es el centro el que decide si se le permite asistir a los claustros. La experta elogia la labor “ecomiable” de formación que ha hecho Educació, pero lamenta que no sirve “de nada” si no puedes dedicar más de tres horas a la semana a la biblioteca. La experta considera que es necesario establecer cuál es la función educativa de las bibliotecas escolares y avisa que, si este espacio no está de verdad integrado en el funcionamiento del centro “difícilmente se podrán conseguir logros”.
Para revertir los malos resultados de PISA no nos podemos permitir tener bibliotecas escolares en situación de fragilidad
Para Baró las bibliotecas deben trabajar para la formación de la lectura pero también en alfabetizar a los alumnos en la selección de fuentes y también saber detectar de dónde provienen las informaciones que aparecen en las redes. Para ello ve imprescindible que haya más fondo, más personas y, sobre todo, más horas funcionando. Un paso adelante en este sentido sería, considera, reconociendo la figura del coordinador de biblioteca porque a veces no se libera ningún profesional para ocuparse de este espacio.
“En un momento en el que sabemos que la comprensión lectora es uno de los puntos débiles del sistema educativo y que es uno de los elementos claves para revertir los malos resultados de PISA no nos podemos permitir tener bibliotecas escolares en situación de fragilidad”, avisa Carme Fenoll, bibliotecaria y directora de políticas sociales de la UPC. Por ello, como Baró, considera necesario fortalecer estos espacios e integrarlos en el proyecto educativo porque denuncia que ahora están “en precario”. Su fortalecimiento es aún más valioso para alumnos para los que este espacio es uno de los pocos momentos de acceso a los libros. Pero no se trata solo de tener libros, porque Fenoll aclara que “por si solos no hacen lectores” y que es “esencial” la función de los bibliotecarios que seleccionan y aconsejan. Porque si después no hay personas que “conecten la biblioteca con las aulas y construyan una comunidad lectora, el sistema se debilita”. Por ello, más que destinar más recursos humanos, cree que es relevante contar con un perfil profesional “reconocido e integrado en el centro” y pide que la biblioteca escolar no dependa de la “buena voluntad”.
La falta de recursos provoca que muchas bibliotecas cuenten con un fondo “envejecido” y en secundaria son un “cementerio de libros”, lamenta Carlos Ortiz, que cuenta que cuando entra en una biblioteca a menudo el 90 % del fondo es “para tirar”.
“Somos referentes, pero el departament no nos reconoce”, defiende Ortiz. El bibliotecario considera que “estando la competencia lectora como está, haría falta algo más que un plan piloto -en 2023 se puso en marcha el PLAMIB. Un plan que, por otro lado, acaba el próximo curso, lamenta. Marta Cava cree que lo que necesitan las bibliotecas escolares es un plan de choque y lamenta que una sala con libros ya se contabilice como biblioteca. Los expertos ya han insistido en que la competencia lectora acaba repercutiendo en todas las áreas de conocimiento, también en las matemáticas. En este sentido Ortiz asegura que los países que están “arriba del todo” en PISA tienen a una persona contratada en la biblioteca escolar. Y reivindica que este espacio “trasciende” al sistema educativo.
Goteo de bajas de bibliotecarios por la precariedad
Carlos Ortiz ahora está en la biblioteca del departament de Drets Socials y, aunque está a gusto, siente como si le hubiesen amputado algo. Por eso no duda en decir que si existiera la posibilidad de ser contratado en un centro público o privado, donde se destinan más horas, volvería. El bibliotecario apunta que no se puede vivir con 16 horas a la semana y que a veces toca compaginar tres trabajos “para rozar la media jornada”.
“Estaba integrada en el día a día del centro pero oficialmente para el Departament no existía”, apunta Cava, que revindica que las bibliotecas mejoran la competencia lectora. Baena opina que no son la solución para todo y hay pocos datos que correlacionen la biblioteca escolar y el éxito educativo pero que es indudable que estos espacios contribuyen al ambiente lector.
Las bibliotecas en secundaria son un cementerio de libros
Más allá de los libros, los bibliotecarios recuerdan la ayuda que prestan a los estudiantes de ESO y bachillerato en la búsqueda de información para sus trabajos finales. Baena recuerda los mails y llamadas de despedida que tuvo de su biblioteca de alumnos que se habían convertido en lectores gracias a su trabajo y se enorgullece de decir que hacía más de 2.000 préstamos al año y que cada día un centenar de alumnos llenaban la biblioteca a la hora del patio para leer, jugar a ajedrez…
Fenoll defiende también la importancia y coordinación con las bibliotecas públicas y cree que con la irripción de las pantallas y la IA, la lectura profunda y la comprensión son “habilidades más necesarias que nunca”. Y defiende que las bibliotecas son una herramienta esencial para la sociedad que empiezan en la escuela y que no sirven solo para crear lectores sino también “ciudadanos más críticos” con capacidad para entender el mundo.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.