“Estamos en la mejor época que he conocido respecto al abordaje del Alzheimer”, afirma la neuróloga Mercè Boada, directora médica de Ace Alzheimer Center Barcelona y una de las principales referentes en la investigación y el tratamiento la enfermedad. A los avances registrados en los últimos años, especialmente en materia de diagnóstico y biomarcadores, y la aparición de los primeros fármacos modificadores de la patología, se agrega un horizonte esperanzador, con más de 160 ensayos clínicos de tratamientos en fase avanzada.
“Es el principio de una nueva era terapéutica, igual que ocurrió con el cáncer o la hepatitis C hace veinte años. Tenemos muchísimas más dianas, muchísimas estrategias en torno a la enfermedad”, explica Alberto Lleó, director del servicio de Neurología del hospital de Sant Pau, en Barcelona.
“Veremos resultados positivos, otros negativos –añade– pero existen terapias anti proteína tau que ya estan en fase 3 de estudio, lo que significa que han mostrado datos positivos en las fases previas. En los próximos cinco años se irán incorporando para el tratamiento de casos diferentes”.
Alberto Lleó: “Es el principio de una nueva era terapéutica, igual que ocurrió con el cáncer hace 20 años”
El problema es la accesibilidad. La Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos y Productos Sanitarios ha rechazado la financiación en España de lecanemab y donanemab, dos medicamentos aprobados a escala internacional que ralentizan en un 27% y un 35%, respectivamente, el deterioro cognitivo en fases iniciales del alzheimer, indicados solo en un bajo porcentaje de pacientes.
La llegada de estos fármacos constituye “un cambio, un momento crítico en la enfermedad, terapias que abren la puerta a un nuevo paradigma de tratamiento”, valora Raquel Sánchez-Valle, neuróloga del hospital Clínic y responsable del grupo de investigación de Idibaps en alzheimer y otros grupos cognitivos.
El trabajo de este grupo se focaliza en los biomarcadores y en la predicción de la evolución “Tenemos herramientas clínicas muy buenas para hacer un diagnóstico pero todavía no para hacer un pronóstico. Vemos que hay pacientes que evolucionan a un estado severo en un año y otros pueden tardar 20 o 30 años”, apunta la doctora. Su equipo participa en dos estudios impulsados por la industria farmacéutica que, si arrojan los resultados esperados, abren la puerta a un cribado poblacional del alzheimer como en el caso del cáncer de colon o de mama.
“El cribado del alzheimer, detectarlo mediante un análisis de sangre, sería un cambio totalmente rompedor en la historia de la enfermedad, nos abre otra ventana de oportunidad: empezar a tratar personas antes de que tengan problemas de memoria, intentar eliminar las proteínas tóxicas antes de que provoquen la pérdida neuronal”, subraya Sánchez-Valle.
Volviendo a los nuevos medicamentos, por primera vez no hablamos solo de tratar los síntomas, sino de fármacos modificadores de la enfermedad que eliminan las placas de beta-amiloide del cerebro y frenan el deterioro directamente. Hace más de tres años que se están administrando en EE.UU., lo que significa una experiencia valiosa en cuanto e efectividad y seguridad, y recientemente han recibido financiación pública en países como Alemania, Austria o el Reino Unido.
Es, a juicio del doctor Lleó, “situación agridulce”: “Solo queda la opción privada [en torno a 30.000 euros anuales]. Es difícil de entender en un sistema sanitario que nos tiene acostumbrados a incorporar las últimas terapias. Es una situación inédita en neurología. Hablamos de un número reducido de pacientes en fases muy iniciales de la enfermedad, y es muy importante empezar por estos pacientes. Esto prepara el sistema para las terapias que vendrán en el futuro”.
Terapias en el horizonte próximo como las que atacan los ovillos neurofibrilares de la proteína tau (utilizada por las neuronas para proteger su estructura interna) o las dirigidas a la regulación de la neuroinflamación y el metabolismo de la glucosa cerebral. Se postula, asimismo, el uso de técnicas no invasivas como los ultrasonidos focalizados, capaces de destapar la barrera hematoencefálica para facilitar la entrada en el cerebro de fármacos para la limpieza de los tejidos dañados. En la carrera contra el reloj, la IA acelera procesos que hasta ahora precisaban años de análisis y permite relacionar volúmenes ingentes de datos clínicos, neuroimágenes y saber biomédico para comprender mejor la enfermedad de Alzheimer.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.