Hábitos cotidianos como la alimentación y la exposición a pantallas se asocian con el desarrollo de síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad en la infancia (TDAH), que afecta a entre un 5 y un 7% de los niños españoles, según un estudio de la Universidad de Navarra. La buena noticia es que se trata de hábitos modificables.
Más de dos horas diarias de pantallas se asocia con el doble de probabilidad de cumplir criterios de posible TDAH
El grupo investigador, dirigido por la pediatra Nerea Martín Calvo, profesora de la Universidad de Navarra, ha efectuado el seguimiento de 568 niños y niñas durante dos años para analizar la relación de actividades como la alimentación y el uso de pantallas con diferentes indicadores de salud psicoemocional y signos asociados al TDAH en la infancia.
Los resultados respaldan las hipótesis de los investigadores: los hábitos por sí solos no explican el TDAH (que tiene un origen comlejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos), pero son un factor importante y modificable. Por ello, afirma la doctora Martín Calvo, deberían tener impacto en las familias, limitando el consumo de alimentos ultraprocesados y el tiempo de exposición a pantallas, la sociedad y los pediatras.
Al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten establecer una relacion causal , aunque permiten avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación. En cualquier caso, “los pediatras deberían incluir en su rutina preguntar por la alimentación de los niño de manera mucho más concreta y también sobre el uso que hacen de las pantallas”, opina la especialista.
El estudio, apoyado por la fundación Mapfre y realizado en el marco del proyecto Sendo, una cohorte creada en el 2005 que sigue el desarrollo de más de un millar de niños, ha comparado los hábitos de los niños (568, con una media de edad en el momento basal de 4,84 años y seguidos durante dos años) con las escalas SDQ (un cuestionario de dificultades y cualidades utilizado comúnmente por la psicología y la psiquiatría para detectar probables trastornos mentales y del comportamiento e niños de 4 a 16 años) y DuPaul, utilizada específicamente para detectar una primera aproximación el TDAH.
“Ambas herramintas permiten cuantificar la presencia e intensidad de determinados síntomas y realizar un cribado, pero no sustituyen una valoración clínica ni permiten por sí mismas establecer un diagnóstico defintivo de TDAH”, matiza el grupo investigador.
Los ultraprocesados empeoran los datos en hiperactividad, relaciones con iguales, conducta prosocial e inatención
En cuanto a la alimentación, la cohorte fue dividida en tres grupos: poco consumo de ultraprocesados (un 27%), intermedio y alto. Lo mismo en cuanto al uso de pantallas, tres grupos: menos de una hora de promedio al dia (el 61%), entre una y dos horas y más de dos horas.
En el grupo con mayor consumo de ultraporcesados se observan peores puntuaciones en hiperactividad, relaciones con iguales, conducta prosocial e inatención.
Respecto al uso de dispositivos tecnológicos, más de una hora al día de exposición a las pantallas incrementa las posibilidades de TDAH según la escala de DuPaul. “Dos horas o más diarias frente a pantallas duplican la probabilidad de cumplir los criterios para identificar un posible TDAH”.
Martín Calvo ha expresado preocupación por los altos niveles de exposición de la infancia a estos factores que influyen en la salud psicoemocional y conductual de la infancia. Y eso teniendo en cuenta que los participantes en estudio, integrantes de la cohorte del proyecto Sendo, tienen hábitos más saludables que la media.
“Estos resultados muestran la importancia de incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil, sin culpabilizar a las familias”, explica Martín Calvo.
El grupo investigador pretende profundizar en esta línea con un nuevo estudio acerca del efecto que la dieta mediterránea tiene sobre la salud emocional del niño y del adolescente. Se realizó una investigación en este sentido en Catalunya hace una década, pero, según Martín Calvo, la muestra (120 niños) es demasiado exigua como para apuntar conclusiones sólidas.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.