La obesidad en niños y adolescentes es una enfermedad crónica y, como tal, debe ser tratada. Las intervenciones deben realizarse casi desde que el bebé llega al mundo y, desde los 6 años, si el pequeño tiene un exceso de peso. En esos casos, no vale con dar una hoja con una dieta y decir a los progenitores el ejercicio que el niño debe hacer. Es mucho más. Es un enfoque integral para evitar que esa obesidad se cronifique. Y usar todas las herramientas disponibles para tal fin.
Entre esas herramientas figuran los medicamentos agonistas del receptor GLP-1, aprobados por la Agencia Española del Medicamento para menores en casos seleccionados de obesidad grave y diabetes tipo 2 y bajo estricto control médico.
En concreto, a partir de los 12 años, está autorizado recetar fármacos como la semaglutida (Wegovy) y la liraglutida (Saxenda) para adolescentes con obesidad severa o moderada acompañada de complicaciones metabólicas. En menores de entre 6 y 12, también, pero en casos muy excepcionales.
El 16% de los niños y adolescentes tiene obesidad (otro 20%, sobrepeso), lo que convierte a esta enfermedad en la más prevalente de ese grupo poblacional. Y hay que atajarla para que no se convierta en una enfermedad crónica que lastre la vida de ese niño en el futuro. Por ello, el presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Luis Carlos Blesa, pide que esos fármacos agonistas del receptor GLP-1 sean “financiados” como “una herramienta más” para luchar contra esta enfermedad y “por equidad” en el abordaje de la obesidad infantil y adolescente.
“Son fármacos que tienen indicación para la obesidad a partir de seis y 12 años y que deberían estar disponibles”
“Son fármacos que tienen indicación para la obesidad a partir de seis y 12 años”, respectivamente, y que “deberían estar disponibles” y “dentro del rango del arsenal terapéutico”, ha indicado, al tiempo que ha expuesto que han mostrado “evidencia y efectos favorables”. “Nos pueden dar otra herramienta en los casos en los que no son efectivas las medidas preventivas”, ha señalado Blesa.
Así lo ha indicado durante la presentación del manifiesto 'Obesidad infantil y adolescente: frente a una enfermedad compleja, una respuesta integral', con motivo de la celebración, este jueves, 8 de octubre, del Día de la Pediatría, donde se ha señalado que son tratamientos que “afortunadamente” se han desarrollado y que “han llenado un vacío que era preocupante”.
Los medicamentos “son muy costos”, al suponer ”350 euros al mes” por paciente, ha apuntado al respecto el coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la entidad, el doctor Julio Álvarez Pitti, quien ha subrayado que “el médico lo que quiere es curar”. Y continúa: “Me aterra que esto acabe en manos de un fármaco del que solo se puedan beneficiar aquellos que puedan asumir ese coste y la brecha continúe cada vez más”, ha aseverado, y es que considera que es fundamental acompañar el tratamiento —cuando esté indicado— de la intervención asistencial.
Lo que sí han querido dejar claro tanto Blesa como Álvarez Pitti y la coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la AEP, Rosaura Leis Trabazo, es caer en “la idea equivocada” de que, al disponer de estos fármacos, se obvie la necesidad “de un cambio de hábitos”. Los medicamentos “no deben ser, ni mucho menos, el objetivo del tratamiento de la obesidad”, han subrayado los especialistas.
Recomendaciones para atajar una enfermedad crónica
Desde la sociedad científica se ha lanzado el manifiesto para reconocer la obesidad infantil como enfermedad crónica y compleja que precisa una respuesta integral y la identificación de los determinantes sociales que hacen más vulnerables a unos niños que a otros.
Así, los especialistas demandan empezar a prevenir desde el comienzo de la vida, para lo que es necesario reforzar las estrategias de prevención, comenzando ya en el periodo preconcepcional y prestando especial atención a los primeros 1.000 días de vida.
Además, abogan por crear entornos que faciliten crecer de forma saludable y reduzcan las desigualdades, con políticas coordinadas de salud, educación, urbanismo y protección social; garantizar una atención integral y coordinada, liderada por el pediatra, con equipos multidisciplinares tanto en Atención Primaria como hospitalaria, y circuitos asistenciales coordinados; combatir el estigma y la culpabilización; y asegurar la continuidad de la atención y la transición a la etapa adulta.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.