Rusia Unida, el partido que sustenta políticamente a Vladimir Putin, ha vuelto a imponerse con claridad en las elecciones legislativas rusas, con cerca del 58% de los votos y una holgada mayoría en la Duma. Un resultado que, sin embargo, difícilmente puede interpretarse como una fotografía fiel del respaldo de la sociedad al Kremlin. Mira Milosevich, investigadora principal para Rusia, Eurasia y los Balcanes del Real Instituto Elcano, considera probable que Rusia Unida haya sido realmente la fuerza más votada, aunque matiza que quizá no con el porcentaje anunciado oficialmente. La clave, señala, está en que “no hay en Rusia un contexto de competitividad sana entre los partidos políticos” y en el control que el Kremlin ha ido perfeccionando sobre el sistema desde las protestas contra el fraude electoral de 2011.
Para Milosevich, el problema fundamental es que la falta de una competencia política efectiva impide equiparar estos comicios a unas elecciones democráticas convencionales. “Estas elecciones no han sido libres”, afirma. Una valoración que coincide con las críticas expresadas desde la Unión Europea por la exclusión de fuerzas opositoras y la ausencia de observadores de la OSCE. La investigadora considera que la convocatoria ha cumplido, además, una doble función para el Kremlin: “Garantizar la legitimidad del poder de Vladimir Putin y su partido” y tratar de legitimar la guerra de Ucrania. El propio discurso del presidente ruso, recuerda, ha vinculado el voto a Rusia Unida con el patriotismo y el apoyo a quienes combaten en el frente.
Más allá del resultado, Milosevich cree que las elecciones permiten observar la evolución interna del régimen ruso. “Unas elecciones más están reflejando la apatía política de los rusos, la incapacidad de los partidos políticos de sobrevivir y un régimen cada vez más autocrático y más autoritario”, sostiene. A ello se suma la creciente incorporación de veteranos de la guerra a las estructuras políticas. La presencia de militares que han combatido en Ucrania en las listas de Rusia Unida representa, según la investigadora, “una señal y un agradecimiento del Estado hacia la gente que había participado en la guerra” y anticipa un mayor reconocimiento político y social de estos perfiles.
Por eso, interpretar la victoria de Rusia Unida como un respaldo inequívoco de la población a la estrategia de Putin en Ucrania sería, según Milosevich, una conclusión excesiva. Yabloko, una de las pocas formaciones que mantenían públicamente una posición contraria a la guerra, quedó fuera de la lista federal, reduciendo las posibilidades de expresar electoralmente ese rechazo. “Probablemente, dado que estamos en el quinto año de la guerra, hay más rusos que están en contra de la guerra en Ucrania, pero estos rusos no han podido votar” a un partido nacional con esa posición, explica. Por ello, concluye, “no sabemos realmente cuántos rusos y qué porcentaje está ahora mismo en contra de la estrategia del Kremlin en la guerra en Ucrania”.
Los comicios han coincidido, además, con una oleada de ataques ucranianos con drones contra Moscú y otras regiones rusas durante la última jornada electoral\. Pese a su magnitud, Milosevich considera que los ataques no alteraron sustancialmente el desarrollo de la votación, entre otras razones por la extensión del voto electrónico\. “Creo que no, porque se ha desarrollado el sistema del voto electrónico”, señala, aunque admite que la ofensiva supuso “una molestia, como tantas otras que Ucrania ha infligido a Rusia desde el comienzo de la guerra”\. La guerra ha vuelto así a situarse en el centro de unas elecciones cuyo resultado era ampliamente previsible, pero que, para la investigadora, siguen funcionando como “un espejo de lo que está ocurriendo en Rusia”\.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.